TIENE LA PALABRA

Los extras en las películas uruguayas

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

«Extra: Persona que interviene como comparsa, o que actúa ante la cámara sin papel destacado».

Cada vez más, nuestra ciudad y otras del Interior, son utilizadas como escenario de filmaciones de comerciales, documentales o películas, lo que atrae la atención de mucha gente que queda maravillada ante la tecnología desplegada para recrear hasta la mínima escena. En algunos casos, se dejan sin tocar las fachadas que fueron decoradas para que se asemejaran a casas y calles de otros países; por citar un ejemplo: el tramo de la calle Colón, donde se filmó El ensayo de la ceguera. En esos espectáculos, la gente se detiene a observar a los protagonistas, a quienes piden para tomar fotos ya que, en la mayoría de los comerciales, son actores extranjeros convocados por las productoras de nuestro medio. Pero, sería casi imposible grabar hasta el más simple comercial, sin utilizar extras (definición que encabeza la nota). En esa definición, la figura del extra se refiere a una persona (al igual que los protagonistas y secundarios) que «actúa» ante las cámaras pero en el anonimato. En realidad, para definir el concepto que las productoras tienen de los extras, me remitiré a las palabras textuales de un director de una reconocida productora, quien explicaba a los extras cuál era su rol: «Los protagonistas son los actores que se destacan en el comercial; lo mismo, en menor grado, los secundarios; los extras calificados, son aquellos que tienen que hacer algo puntual: sentarse en «esa silla», levantar «esa bandera», etc. y los extras son «aquellos» que utilizamos para tapar los agujeros en la imagen de la cámara…». En los hechos, ese es su papel. El director observa en un monitor la imagen y le grita al asistente, «tapame allí entre tal y tal cosa», y entonces el asistente invita o manda a una o varias personas, a ubicarse en el lugar que hay que cubrir.

Desde afuera lo que la gente aprecia es que hay gente que se mueve, se para, se sienta, salta o corre, pero no ve la interna del trato que se le da a los «extras». Empecemos por reconocer, que si se eligen nuestras calles, ramblas, edificios y extras, es porque somos «baratos»; salvo a los protagonistas (que por lo general ya los traen los directores) a los que se les cuida con esmero, al resto de las personas se les da un trato completamente diferente, salvo contadas excepciones. A los extras se les suele pagar $300; $ 400; o como máximo U$S30, por «trabajar» un mínimo de 12 horas (la mayoría de ellas, generalmente en la noche). Durante ese tiempo, se les da café, unos bizcochos, agua, una hamburguesa o una milanesa fría de carne o pollo (excepcionalmente otra cosa) y en contados casos, otros bocaditos. Comen y beben sentados si hay sillas para todos, o parados, e incluso sentados en el cordón de la vereda. Para el personal de la producción y toda la gente que trabaja en ella, hay un menú completamente diferente; comen sentados a la mesa, con refrescos y postres incluidos.

Hasta acá, uno puede pensar que $400 o U$S 30, (que cobrarán quién sabe cuándo, en las agencias por las que fueron convocadas) no es poco dinero si el que fue, con eso sale de una emergencia o se compra una pilcha y como están desocupados, por ese medio, la pueden obtener. Muchos lo toman como un trabajo y aceptan esas condiciones.

Lo que no se percibe desde afuera es el trato (o destrato) de que son objeto los extras. Para la producción y todo el personal que integra el staff, los extras son seres (no personas) que deben cumplir todo lo que se les pida, sin ningún cuestionamiento; haga frío, calor o llueva, el extra deberá congelarse, transpirar o mojarse, porque para eso le pagan lo que le pagan…Por lo general se les retiene la cédula hasta que finalice la grabación, la que puede llegar hasta 14 horas, para evitar que «se escapen». Si comenzara a llover copiosamente, se les encierra en algún lugar techado, donde permanecerán hasta que se les de la orden de que están liberados; pueden pasar así hasta 5, 6 o más horas, por las dudas de que deje de llover y se les necesite.

Si no llueve demasiado, siguen filmando debajo de toldos y los extras corren de un lado a otro, debajo de la lluvia, cada vez que se les llama. La filmación como es lógico, requiere de múltiples aparatos y cables, entre los que anda la gente (inclusive niños), todo mojado por más que se le preserve, con los riesgos que ello implica. La filmación no puede detenerse porque los directores, que por lo general son del exterior, están pagando hoteles y tienen pasajes hasta determinado tiempo. Todo eso es lo que presiona a la cadena de mando donde hay una verticalidad inigualable: el director manda al 1er. asistente, este al 2º y a partir de allí siguen las demás «autoridades», siendo estos últimos los únicos que se vinculan con los extras. Estos son los que, sintiéndose con un poder que no tienen, llaman, gritan, observan y ordenan sobre dónde deben ir, cuándo, cómo, si pueden ir al baño, sentarse o pararse y hasta negarles, aún renunciando al jornal, a devolverles la cédula. Deben permanecer hasta que «se les de la orden» de que pueden retirarse. Mirándolo objetivamente, parece irreal lo que sucede; es como si se tratara de una detención por no decir secuestro; no hay manera de retirarse salvo que se dejara abandonado el documento…

No tiene caso dar nombres de productoras o personal de las mismas, pues eso podría generar que muchas personas quedaran sin el acceso a esas changas y además, esta situación se reitera en casi todas las producciones. La única salida digna de esta situación (inhumana por momentos) sería, ya que estamos hablando de trabajadores, que se unieran gremialmente y exigieran, como personas que son, derechos, tal como cualquier trabajador y sobre todos ellos, el respeto y la consideración que cualquier persona de bien se merece.

El Ministerio de Trabajo ¿está al tanto de este tipo de actividades y de las condiciones en que se desarrollan? Tengo mis dudas…

UN EXTRA DE UN PAIS EN VIAS DE DESARROLLO CI: 843.844-9

 

El trabajo de Roberto Larrea

Señor Director de  LA REPUBLICADr. Federico Fasano Mertens

El 19 de mayo pasado leímos, en la sección de libros de su diario, un comentario sobre el ensayo del licenciado Roberto Larrea «Vestigios léxicos griegos en el habla gauchesca».

Nos congratulamos de tener, por fin, una opinión sobre este trabajo del licenciado Larrea, un estudioso oriundo de San José, que ha dedicado mucho tiempo al estudio de la pervivencia de raíces griegas en el habla de nuestros gauchos.

Pero nos extraña sobremanera que los profesionales de las letras no hayan expresado aún ninguna opinión sobre el tema. Creemos que es de rigor tener un comentario de los catedráticos de ciencia lingüística y/o de griego, de nuestra Universidad.

Larrea no ha descubierto la pólvora, seguramente, pero si su descubrimiento se sanciona habremos dado un gran paso en la exploración de un capítulo de interés para quienes investigan temas de nativismo.

Con la más alta consideración le saluda atte.

JOSE LUIS VARELA CI: 3.001.260-7

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