PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

EL BARRIO CORDON Y LA CALLE SIERRA

Por la entrada del Bar del Control estaba el local de «Empanadas Mendocinas». El aire se impregnaba de sus aromas y los paseanderos o laburantes que andaban por el Cordón devoraban esas sabrosuras rellenas de carne, pasas de uva y aceitunas. Frente al antiguo Bar San Javier con sus infaltables clientes como Juan Angel Silva, director de Morenada, estaba el almacén y granjita Villamarzo. Al costado de su puerta de ingreso había bolsas de maíz, alpiste y gofio.

En su interior se mezclaban los fuertes olores de longaniza, bacalao noruego y un gran barril con sardinas. Los tocinos, salamines y chorizos caseritos colgaban en ganchos del techo.

Atrás del mostrador había una hilera de bollones y frascos de vidrio con atún al ajillo, conservas y latitas de aceite de oliva. Muchos fiambres y quesos en un comercio que en la tardecita desbordaba clientes.

En la puerta de Villamarzo tenía su parada el canillita que todos llamaban «El Negrito Pichola» que hablaba sin parar de fútbol y comía sus infaltables «refuerzos» de morcilla. La calle Sierra y su alboroto hacían un respetuoso silencio cuando de la empresa Jockey Club que estaba casi Paysandú, salía un cortejo de negros coches.

EN la esquina estaba el bar Cancela, donde paraban muchos libreros de las cercanías que se mezclaban con pacíficos borrachitos y parroquianos que leían el suplemento de El Diario llamado «La Biblia Burrera».

A metros de ese boliche había un de los tres biógrafos que tenía la calle Sierra.

Era el Miami que los domingos de mañana pasaba películas de niños mientras las salas de El Victoria y El American daban cortos de aventuras por capítulos.

Pegado al Miami y casi enfrente a la tradicional carnicería de don Boris, estaba el gran conventillo de Sierra. Con vecinos muy pintorescos y famosos como El Chiquito Roselló, llamado «El Rey del Redoblante» de las murgas. Todos los 6 de enero hacían una linda fiesta de Reyes, igual que en el Medio Mundo, que finalizaba con un gran bailongo en su enorme patio lleno de piletas de lavar y malvones.

Los vecinos del barrio compraban sus zapatos en lo de Rasentei, una pequeña pero surtida zapatería que por esos años 50 realizaba por pocos pesitos el tradicional «calzado a la medida».

Zapatos de charol, gamuza o lustrado cuero para hacer pinta en el viejo barrio Cordón.

Por el cruce del Puente de Galicia y sus pasajes de proletarias viviendas estaba el saloncito Mundo Uruguayo con sus altos sillones para lustrar los zapatos y vendían aromáticos tabacos importados. Antes de llegar a La Paz, en una casona había un quilombo muy discreto. Tenía una veterana portera que le contaba a todo el mundo su supuesta amistad con Carlos Gardel. La panadería de Bottarini vendía una exquisitez llamada el Pan de Gran.

En la peluquería de Los Calabreses había un cartel que decía: «un corte para darse corte».

En el cruce con Miguelete había tres boliches y en «El Alcázar» varias veces cantó para la barra de parroquianos el querido Carlitos Roldán.

Los vecinos del Cordón y Sierra cuando se casaban compraban sus anillos en la Joyería Caputti y si les gustaban las bicicletas adquirían una «chiva» muy bonita en el comercio de Bianchi, cerquita del Palacio Legislativo. Con más recuerdos y música los esperamos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix. También en Internet: You Tube «Prohibido para Nostálgicos».

COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE

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