Un coloniense descifra los misterios del sonido del laúd
¿Cuándo y cómo comenzaste esta actividad?
Mi trabajo se basa en todo lo que aprendí de mi padre en su carpintería. El me fabricó una guitarra cuando yo tenía 8 años y a partir de ahí nunca pude dejar de estar vinculado con los instrumentos. Ahora hace doce años que me dedico a construirlos y desde hace cuatro investigo en particular los sonidos de instrumentos antiguos. Para llegar a esta etapa tuve que estudiar Física en la Facultad que antes se llamaba Humanidades y Ciencias, y también he tenido que apoyarme en conocimientos musicales de ejecución de instrumentos.
Tu especialización en la construcción de laúdes, en particular, ¿a qué se debe?
Era un instrumento popular que alcanzó su apogeo en el siglo XVIII. Después fue reemplazado por diferentes tipos de guitarras de ese tiempo y en el siglo XX «resurgió» con los movimientos de quienes se dedican a interpretar música antigua. Fue tal el entusiasmo que empezó a despertarme este instrumento que empecé a investigar, a estudiar, y así pude saber que los precursores del laúd europeo datan del año 2000 a.C. Llegaron a Europa desde Medio Oriente, aproximadamente en el siglo siete, a través de España por los árabes. Durante la Edad Media se expandieron por toda Europa y tuvieron un papel muy importante en la música popular.
¿Y cómo te resulta la experiencia de trabajar en el diseño y construcción de un instrumento con una historia tan intensa?
Logré construir unos cuantos laúdes de distintos tamaños y cantidad de cuerdas. Y a partir de todo lo que tuve que estudiar supe que hace cuatro o cinco siglos, otras personas fabricaron a partir del laúd árabe muchos instrumentos que hoy se conocen con distintos nombres. Entonces intenté rescatar conocimientos de esos trabajos, reuniendo material y tratando como ya se hizo en el pasado de adaptar al presente algunas cosas. En todo ese proceso de elaboración, hay un asunto que es muy importante: el encordado de un laúd. Investigué la forma de obtener afinación y timbre de laúd con encordados de guitarras que están hoy al alcance de los músicos en Uruguay. Reuní material contactando una de las fábricas más antiguas de Europa, que fabrica cuerdas para unos cuarenta instrumentos antiguos de Oriente y Occidente. Esto me proporcionó material para hacer mis cálculos y logré adaptar encordados de guitarra a los timbres y afinaciones de laúd.
¿Qué características tienen los laúdes que hoy salen de tu taller?
Los laúdes que estoy construyendo tienen entre ocho, diez y once cuerdas. El laúd árabe nunca llegó a más de once cuerdas que son cinco tiros dobles y uno simple. Para mí es el laúd más investigado. En Europa se construyeron laúdes de muchas cuerdas, quince, veinte y hasta veinticinco, pero quedaron en desuso muy rápidamente por la poca sonoridad que tenían. Con muchas cuerdas un instrumento requiere una tapa muy resistente, y una tapa muy resistente no oscila con facilidad. Entonces, manejándome entre ocho y once cuerdas, los laúdes que fabrico resultan de buen timbre y buen volumen.
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