LAS REVISTAS DE HISTORIETAS Y ALGO MAS
Por el viejo Montevideo apareció por la Feria de Tristán Narvaja un muchacho muy flaco, de ojos saltones y muy serio que con un cajoncito de madera lleno de revistas se dedicaba a cambiarlas por similares.
Su ganancia era mínima pero muy pronto todos los domingos era rodeado por pibes que utilizaban esa novedad del canje a cambio de moneditas. Ese muchacho se llamó Ruben y fue el pionero de un estilo comercial que comenzó muy humilde y culminó en un gran local lleno de libros y revistas en Tristán Narvaja casi Paysandú. Después aparecieron seguidores como el popular Pocho en la Unión, el veterano Pedro con su puesto callejero en la esquina de la Estación Goes y también Antonio por Colorado casi Gral. Flores. Por el Centro los kioscos se sumaron a esa fiebre por las revistas de historietas y aunque no se dedicaban al canje y sólo a la venta, igual tenían gran clientela como Morán por 18 y Vázquez. Los salones de peluquería y lustrado de calzado como al Astor por el Reducto también vendían las famosas revistas de tiras cómicas. Entre las favoritas de los jovencitos de mediados del siglo pasado hay muchísimas y sólo mencionaremos las más populares. La Pequeña Lulú donde estaban personajes secundarios como el gordito Tobi y su club de amigos. Las Historias de Lorenzo y Pepita que también aparecían en las tiras cómicas de «El Diario» y El Fantasma, «el duende que camina» una revista hecha famosa por también aparecer en la prensa. Los más pequeños se deleitaban con La Zorra y El Cuervo, El Gato Félix y las desopilantes Urracas Parlanchinas que tenían hasta una serie televisiva que pasaba Saeta por el año 1962. Las coloridas tapas de Supermán, Linterna Verde, El Halcón Negro, Tarzán, El Jaguar y Batman atraían a infinidad de fanáticos. Los pibes que tenían los primeros números de esas historietas los cuidaban como un tesoro. Cuando decidían cambiarlas iban al puesto de Ruben en la feria que daba 5 y más ejemplares por esos números atrasados tan buscados por los coleccionistas. Los mayorcitos preferían revistas de muchas páginas llenas de aventuras como El Tony, Fantasía y D’ Artagñan. Los escolares que concurrían a colegios católicos tenían casi la obligación de leer revistas como Vidas Ejemplares y Vidas Ilustres donde con el formato de historietas se recreaban las vidas de los santos, de los hombres ilustres, héroes y científicos. Las publicaciones de Walt Disney como El Ratón Mickey, El Pato Donald y la saga de Tío Rico y sus sobrinos junto a Tribilín eran tan populares que hasta se veían en los disfraces de los corsos carnavaleros de antaño. Las locuras de El Conejo de la Suerte y de Porky con su barra de amigos no se quedaban atrás en la predilección de los niños. Las revistas de vaqueros tenían sus fanáticos y surgían nombres como El Llanero Solitario, Roy Rogers, Gene Autry y Tom Mix. Desde la Argentina llegaban las Locuras de Isidoro, Patoruzú y Paturuzito que cada año recopilaban en una revista muy gruesa llamada El Libro de Oro. El público adulto tenía revistas como Lunes, donde nació El Flaco Cleanto y la genial Peloduro de aguda sátira política. Los vecinos leían Cine, Radio, Actualidad y Mundo Uruguayo para informarse del mundillo de la radio y la TV. La crónica roja la cubría una revista llamada Al Rojo Vivo de gran crudeza visual. Rico Tipo tenía el imán de las chicas de Divito y la música estaba en la mítica Cancionera. Por las librerías del Palacio Salvo se compraban revistas extranjeras como Asterix, el Galo, Tintín y las satíricas Humor y MAD. Las tareas escolares se hacían más fáciles con la Billiken. Con más recuerdos y música los esperamos los domingos a las 18 horas en CX 40 Radio Fénix. También en Internet: You Tube «Prohibido para Nostálgicos».
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