TIENE LA PALABRA
Los políticos no deben jugar a ser policías ni los policías meterse en política
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Solicito a usted tenga a bien publicar esta carta en las páginas del matutino que siempre están abiertas a los ciudadanos para expresar sus ideas libremente. El tema de la misma se refiere a que desde hace muchos años se acostumbra decir que el Presidente de la República es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Si la memoria no nos juega una mala pasada, creemos que el Dr. Julio María Sanguinetti, al jurar como presidente en la Asamblea General una vez recuperada la democracia, expresó que a partir de ese instante se hacía cargo del mando de las mismas. Hasta hoy los demás jefes de Estado sucesivos repiten el mismo concepto.
En nuestro país, al Presidente de la República no se le puede considerar de ninguna manera comandante supremo o en jefe de las FFAA como mucha gente cree. Fundamentalmente porque dicha posición jerárquica no figura en nuestro orden jurídico nacional. Posiblemente el error de esta costumbre nace a raíz de la redacción del Artículo 168 de la Constitución, al declarar en el numeral 2 que le corresponde el mando superior de todas las fuerzas militares. Esta situación no implica funciones de comando propiamente dichas, sino que se trata de la adopción de exclusivas resoluciones administrativas establecidas en los numerales 3, 9, 11 y 14 del mismo artículo.
Dentro de este contexto general, dado que la Constitución no agrega más normas en este sentido, el primer mandatario tiene autoridad para disponer la salida del país de fuerzas militares, su traslado e ingreso de fuerzas extranjeras y por cierto la facultad de nombrar a los comandantes en jefe de la Armada, Ejército y Fuerza Aérea, actuando siempre con el ministro de Defensa o Consejo de Ministros. En lo que se refiere a los altos jerarcas militares antes señalados, a ellos sí les compete el mando directo de dichas organizaciones. Es decir, el desarrollo en forma integral de acciones para lograr dentro del marco legal propio de cada fuerza, el bienestar, salud, moral, instrucción, disciplina y empleo de los recursos humanos y logísticos asignados a las diferentes unidades tácticas y servicios puestos a su disposición. El cumplimiento de tales objetivos no es tarea del Presidente de la República.
Pero como no existen jamás mandos independientes, sino que hasta el propio presidente está sujeto al control, por ejemplo del Poder Legislativo, el Jefe de Estado para verificar la efectividad de la gestión de mando y administrativa de los escalones superiores de las Fuerzas Armadas, cuenta con el apoyo del ministro de Defensa Nacional.
El secretario de Estado comprende el representante del poder político dentro del ámbito de las Fuerzas Armadas, destinado a poner en marcha las pautas de la Política Nacional de Defensa de acuerdo a las directivas estratégicas formuladas por el gobierno de la nación. Su acción directriz, dedica su atención a controlar, verificar, conocer y resolver los asuntos administrativos, legislativos, jurídicos, contables y financieros a efectos de asegurar el mejor cumplimiento de la misión asignada a su cartera.
En el caso de Policía, al carecer de un verdadero comandante en jefe como sucede en los cuerpos de seguridad pública de Europa y otros países de América Latina, ha propiciado que desde algunos años a esta parte, los ministros del Interior actuaran como supremos jefes policiales. Le quitaron poder de mando a los oficiales superiores designados como directores de la Policía Nacional e incluso restringieron a los jefes de Policía el empleo de la fuerza para restablecer el orden público subvertido.
Si bien en este momento se nota un cambio en la conducción del Ministerio del Interior, pensamos que ha llegado la hora de potenciar la figura del director general de la Policía Nacional como máximo comandante institucional de las jefaturas de Policía departamentales responsables del mantenimiento del orden y la seguridad pública, de acuerdo a las órdenes y directivas que reciba lógicamente del ministro del Interior. Con esta medida se procura primordialmente dejarle al secretario de Estado las manos libres para ejecutar la política nacional de Seguridad Pública que seguramente implantará esta administración con el acuerdo de todos los partidos políticos y atender sus responsabilidades en el manejo interno de la cartera.
Sobre todas las cosas, no molestarlo a cada rato cuando sucede una rapiña, se va a montar un dispositivo de seguridad futbolero o implantar un sistema de patrulla. Los políticos no deben jugar a ser policías y los policías tampoco meterse en política. La tarea esencial de los jefes de la institución es comandar, conducir a los subordinados para que con el apoyo del poder político, puedan combatir a la delincuencia en cualquiera de sus formas, otorgándole al Estado y la población la seguridad que merece para desarrollar sus actividades en paz.
Saluda a Usted atentamente
TABARE SARTORIO – INSPECTOR GENERAL (R) – C.I. 825.719-6
Sobre el voto en blanco
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
En primer lugar quiero decirles que el voto en blanco o anulado que se presentó en la elección municipal, no se cumplió por un paro de los funcionarios municipales y la mugre que generó.
Esto se cumplió por la decepción que hemos sufrido los militantes de toda la vida, los que comenzamos en los años 1965 y nos jugamos nuestro futuro y vida junto a otros compañeros que sí perdieron su vida y a quienes seguiremos recordando.
¿Por qué militamos y nos jugamos el futuro? ¿Para tener un Frente Amplio como ahora? ¿Con la característica que siempre tuvieron los partidos tradicionales blanco y Colorado?
¿Es posible que nuestra ilusión que nos hizo dejar por el camino nuestro futuro de vida, fuera tan equivocado que después de triunfar obtuvimos lo mismo y no lo distinto que queríamos, y que nos salió caro a unos más que a otros?
Estas cosas hay que por lo menos tratarlas con honestidad y no salir a justificar como lo hicieron algunos con falsedades ya que saben que es así. Un poquito de honestidad deseamos y reconsideremos los hechos que se dan.
El frenteamplista será rico o pobre, pero recordemos que esto nació en la Universidad de la República y en la clase media de este país. Dejémoslo acá por ahora y guardemos esperanzas de que esto se trate, que la gente pueda seguir opinando, se respete su opinión y que los cambios sean en serio.
Otra cosa es el discurso de «Pepe», que escuché empezado, y que se dirigía a los funcionarios de Ancap, pero no sólo para los de esa institución sino a todos. Yo estoy en una institución que ha seguido sus palabras de nombrar jefes y personas de cargos medios de los partidos Colorado y blanco, esa gente se encargó de pisarnos la cabeza sin darnos tareas y/o lugares de trabajo y sí a la gente de sus partidos asociados como demostraron en las elecciones de Paysandú y Salto; entonces nosotros, que estamos dispuestos y siempre quisimos cumplir con nuestras obligaciones no tenemos oportunidad de hacerlo. Creo que el compañero se equivocó con esa medida que sugirió. Creo que hay que reconsiderarlo hasta dónde deben ser así las cosas que se proponen.
Saludos
ING. AGR. LUIS BALLESTRINO
Algunas sugerencias para erradicar la violencia en el fútbol
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Si lo considerara oportuno agradecería publicara mi ocurrencia como un pequeño aporte al combate de la violencia; de la que quizás la autoridad pueda al menos asociar alguna idea para luego legislar y con ello poder ir 18 regresando a la alegría sana.
Me explico: a todo aquel inadaptado que se sorprenda infraganti cometiendo desmanes asociado a f
estejos de triunfos futboleros, no llevarlos a la comisaría donde luego la Justicia decreta su libertad y sí trasladarlos al campo de juego del estadio, que sería el medio más natural para este tipo de eventos, manteniéndolos allí cercados por 48 horas sin abrigo ni comida conminándolos a mantener vivo el festejo y con los símbolos clubistas permanentemente enarbolados.
Estar provisto de un carro de bomberos con hidrantes para que, a todo aquel que baje la guardia o se decaiga en la euforia reanimarlo con chorros de agua fría.
Es una idea que considero expeditiva, económica y que seguro serenaría a más de cuatro revoltosos; obviamente puede ser mejorada.
UN SUSCRIPTOR – C.I. 3.558.640-5
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