Niños y adolescentes son los más pobres y criminalizados de América Latina
A 20 años de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (CDN) en América Latina, la Red Latinoamericana y Caribeña por la defensa de los derechos de los niños, niñas y adolescentes (Redlamyic) elaboró un informe sobre su cumplimiento en el continente y, por lo tanto, sobre el estado de los derechos entre los más pequeños de la región.
Para ello dos uruguayos, Luis Pedernera y Silvana Pedrowicz, recabaron la opinión de especialistas, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y grupos de niños y adolescentes. Los resultados muestran luces, pero también demasiadas sombras.
Mucha sombra entre la luz
Los entrevistados coinciden en que es sumamente positivo que todos los países ratificaran la CDN rápidamente, «incluso cuando se estaba en la cúspide del neoliberalismo», dijo Pedernera. Desde entonces se han implementado cambios legislativos para adaptarse a la convención, aunque en gran parte de la región todavía no se han logrado acuerdos en áreas clave, como la adopción internacional, los derechos sexuales y reproductivos, la responsabilidad penal (que es muy dura en algunos países, como Chile, y en otros no existe) y, particularmente, el trabajo infantil.
Los niños ya son sujetos de derecho y los estados han comenzado a implementar medidas para garantizarlo. Para ello, se ha contado con la participación activa de las ONG y se han hecho esfuerzos por lograr planes nacionales, aunque en gran parte de los casos son incipientes. «Todos están de acuerdo en que los niños son sujetos de derecho. Nadie quiere decir ‘menor’ para no quedar mal, y hasta se les cambiaron los nombres a las instituciones, pero no alcanza con usar el lenguaje de la CDN: hay que ponerla en práctica», dijo Pedrowicz en el local de la ONG Vida y Educación.
«La infancia de América Latina tiene un panorama desastroso en cuanto al respeto de sus derechos económicos, sociales y culturales», no dudó en afirmar Pedernera.
El informe destaca que los niños del continente viven una desigualdad permanente y atraviesan situaciones de pobreza, desnutrición, incluidas muertes prevenibles. «Son los más pobres de América», recordó Pedernera. El asunto se agrava si, además, son niñas, afrodescendientes, indígenas o discapacitados.
Además, el coautor del estudio recordó que los niños «son los más reprimidos de la región, aunque no los más violentos».
Por el contrario, es la población que más violencia sufre en América Latina. Sin embargo, muchos los visualizan como los emisores de esa inseguridad. Esto ocurre particularmente en Uruguay y Argentina, donde, aunque la tasa de homicidios es la más baja del continente, existe un grado «extremadamente alto de disconformidad con la seguridad» del barrio. Y en la mayoría de los casos se visualiza a los adolescentes como los culpables, aunque, en la práctica, cometen un índice bajo de delitos.
En el informe también se critican las políticas públicas de la región, la discriminación y la falta de monitoreo. Los especialistas consultados proponen que, para revertirlo haciendo que la CDN se cumpla en los hechos hace falta más inversión pública, garantizar los derechos económicos y sociales de los niños, protegerlos de la violencia y asegurar su genuina participación. En los hechos y no sólo en la letra.
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