La vida es como un álbum de fotos
Caso:
Esa noche la luz del flash se dispara innumerables veces mientras alguien dice «whisky, whisky» como fórmula para que los rostros en la foto queden grabados con la mejor sonrisa posible. El cumpleaños de un compañero, la reunión de fin de curso, las fotos de las vacaciones. Todo es motivo para que Mari, cámara en mano, registre todo lo que puede a su paso. Su afición por sacar fotografías quedó marcada en aquel año en que el regalo de Papá Noel fue su primera cámara de fotos. Desde entonces se la puede ver en el momento menos pensado, sacando una foto. Sus amigas ya saben que de nada valen sus protestas: «Estoy despeinada. ¡No!» e igualmente se oye el «clic» de la cámara. Por eso ya nadie se resiste, la familia, las amigas, compañeras de clase, incluso los vecinos se han resignado. Saben que estén con cara de dormidos, preparados o no, mirando a la cámara o no, saldrán en las fotos que inevitablemente Mari se ocupa de archivar. Es como si necesitara registrar cada momento de su vida. Es por eso que cada vez que las amigas salen con ella, en general van preparadas. Cada una a su modo, intenta estar lo más «producida» posible, como suelen decir en la jerga de la publicidad. La ropa más adecuada, bien peinadas y maquilladas. Es casi una sesión de fotos profesional. Este juego ha llevado a cuestionar a Mari, por esa permanente persecución que hace de todos aquellos a su alrededor, que ya saben que estar con ella es estar bajo la lente de su cámara, que intenta encontrar la foto con los gestos más graciosos, ridículos o sorpresivos. Nada la detiene, por lo que alguna de las amigas ha llegado a estar casi siempre en pose, preparada para la foto sorpresiva, por las dudas, pretendiendo salir bien en todas ellas ya que no hay forma de lograr que Mari borre ninguna foto. No importa si quedó bien o no, desenfocada, mal iluminada o justo atrapó el peor gesto o la circunstancia menos agradable. Mari no acepta excusas. La foto queda en el archivo y no hay protesta que valga. Las amigas en sus reuniones gustan de ver fotos del pasado e inevitablemente alguna de ellas termina rogándole que borre alguna foto de ese temido archivo. Nada conmueve a Mari, que día a día tiene más fotos. Algunas lindísimas, otras no tanto. Sin embargo a ella le llama la atención la expresión de la gente atrapada en cada instantánea. Ella se define como «cazadora de recuerdos» y disfruta observando cada gesto atrapado por su cámara. Los hay alegres, tristes, llorando, gritando, gestos de sorpresa, de ira, de desesperación, todo está en ese archivo. Teresa, con cara de resignación comenta siempre: «Yo ya no me preocupo más, haga lo que haga, siempre salí mal en todas las fotos. Así que seguro que mañana en la fiesta de cumpleaños saldré como siempre, ¡mal! Ya lo tengo asumido, je, je.»
Comentario:
La vida se comporta como Mari: está siempre cámara en mano, registrando cada momento de nuestra vida, sin admitir la posibilidad de borrar las fotos del archivo. Esta analogía permite entender de alguna forma el comportamiento de nuestro psiquismo. La única forma de mejorar ese archivo es intentar «atrapar» la mejor foto del presente. La sucesión de esas fotos constituye el archivo de nuestras vidas, que se almacena en nuestra memoria. Por lo tanto nuestro álbum de fotos será más agradable, mientras podamos tomar las mejores fotos de nuestro presente.
De igual forma el futuro es imaginado acorde a la tonalidad del archivo existente. Teresa asume que siempre sale mal en las fotos, es decir en su presente. Por eso está segura de que su archivo de fotos le devolverá esa imagen que no le gusta ver y en una especie de fatalismo sabe que la foto de mañana también será mala. Su pasado le confirma que ya no puede hacer otra cosa que resignarse a salir siempre mal en las fotos. Nuestro psiquismo maneja esta misma secuencia. De cómo sea nuestro presente, es el pasado que recordaremos en nuestra memoria. Ese pasado nos permitirá fantasear un mañana acorde al «archivo de fotos». Es decir que si deseamos tener un futuro agradable, deberemos esmerarnos en obtener las mejores «fotos» del presente, para que el archivo de nuestra memoria sea el propulsor para soñar futuros promisorios. El presente es el único tiempo físico en que existe la posibilidad de modificar algo en nuestras vidas. Sería como buscar la mejor foto posible de cada presente de nuestras vidas. Alguien podría decir: ¿Cómo es posible sacar las mejores fotos de un presente desgraciado, atormentado o poco agradable. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ser el mejor fotógrafo de su propia vida. De esta forma será posible obtener aun en las peores circunstancias el mejor ángulo, el que quizá muestre la esperanza, la entereza, la lucha por buscar la salida a esas dificultades. De esta forma en el archivo de la memoria quedarán registrados recuerdos de circunstancias proactivas, esperanzadoras, que facilitarán sueños de futuros mejores. El recurso de un mañana provisorio basados en la teoría de la temporalidad de su autor, A. Moffat, sería entonces no descuidar la posibilidad de lograr el mejor de nuestros presentes posibles, única opción de modificar aquello que no es de nuestro agrado, aquello que nos molesta o queremos cambiar. Estimados lectores, recuerden que la vida está registrando cada una de sus vivencias presentes, resignifíquelas de la mejor manera posible.
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