DISCAPACITADOS HOY

COMISION NACIONAL HONORARIA DEL DISCAPACITADO REALIDAD INVISIBLE

¿Por qué es tan difícil pensar la discapacidad? ¿Duele verla?

¿Somos solidarios? ¿Somos prejuiciosos? ¿Tenemos vergüenza? ¿Somos una sociedad hipócrita? ¿Discriminamos?

Dar respuesta a estas interrogantes exige bucear, golpear, ser críticos con la ma-triz que nos constituye desde las entrañas. La matriz que nos construye como sociedad y desde allí sí, entrar en una «guerra» interna, afectiva, emocional, racional, que nos conmueva y mueva y permita hacer visibles realidades que han quedado atrapadas, como es en este caso la discapacidad.

En este artículo tan sólo voy a intentar poner «el tema discapacidad» en el tapete. Reflexionar juntos, debatir públicamente, ya que nadie tiene la verdad y esta realidad nos afecta y nos convoca casi a todos.

Considero que es válido preguntarse hoy si nuestra sociedad está preparada para «ver» una realidad «diferente» a la habitual.

El hecho es que el 9 de febrero del año en curso se aprobó la Ley Nº 18.651 de «Protección Integral de los Derechos de las Personas con Discapacidad», que sustituye a la Ley Nº 16.095 del año 1989 y reglamentarla es fundamental para generar acciones concretas.

Esto nos exige como sociedad interpelar qué modelos, qué paradigmas son los fundantes. Exige revisar nuestros valores, nuestra educación, nuestras construcciones culturales. Para ello se necesita de un compromiso participativo y deliberativo, pero entre todos; personas con discapacidad, familias, educadores, legisladores, gobierno, en definitiva, la sociedad toda y así será la forma de poder generar políticas inclusivas, de verdad.

Es común observar que cada vez que integro un nuevo colectivo ya sea de trabajo, de estudio, barrial, deportivo; todavía se siguen repitiendo las mismas escenas vividas en la escuela, en el liceo o en la Universidad. En varios de sus integrantes surgen actitudes y miradas descalificadoras, despectivas, de rechazo, de pena hacia mi imagen, que después de conocernos y tratarnos se revierten positivamente. Me hacen recordar cuando mi madre me decía: «Dale al docente un año de tolerancia porque él sabe de historia o matemática, pero de esto, el que sabe eres tú. Eso sí, si a fin de año no aprendió, buscaremos otro camino.

Según las estadísticas, casi un 10% de la población tiene alguna discapacidad.

¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuál es su situación?

Es lo que necesitamos conocer, porque sí somos personas que estamos bien adentro de la sociedad, pero es la situación de vulnerabilidad la que activa los prejuicios y genera en el «otro» un manto de invisibilidad. Pero quién es el otro sino muchas veces uno mismo. Inmerso en los valores de una sociedad que nos «pre-existe», muchas veces, naturalizamos y reproducimos más de lo mismo. Pienso, por ejemplo, en un sentimiento tan fuerte como la «conmiseración». ¿Quién no ha creído que ser discapacitado es una desgracia, es una carga para la familia? Es una realidad difícil, dura, que genera miedos, incertidumbre y no hay muchas soluciones. Un ejemplo es el caso de las personas en silla de ruedas, casi no existe la accesibilidad. ¡Se les complica en algo tan simple como tomarse un ómnibus! Sólo hay dos líneas de lunes a sábados, las personas con discapacidad tienen que esperar el ómnibus adaptado y rezar para que no tenga algún desperfecto mecánico, porque sino quedan varadas.

Es posible cambiar si entendemos que hoy nos debemos el compromiso de ser actores, dignos participantes. Debemos participar y llevar nuestra voz a todos los es-pacios relevantes. Generar encuentros allí donde se estén decidiendo políticas que hacen a la vida y organización de personas en situación de discapacidad.

El gran desafío para el presente es hacer visible esta realidad, que aunque hoy mucha gente trabaja denodadamente, todavía sigue siendo invisible.

 

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