Falta y Resto celebró 30 años de Carnaval a pura murga y recuerdo
Haber ingresado al Teatro de Verano por la puerta lateral, allí donde hace tan sólo una semana desfilaban interminablemente camiones, camionetas y autos portando las más ampulosas escenografías, parecía extraño.
No sólo porque ya no existía ese movimiento permanente, sino porque además, en una especie de túnel del tiempo, me reencontré con la vieja Falta y Resto de los 80, cuando siendo un niño escuchaba desde abajo del tablado el clásico «Para abrir la noche, grieta de gargantas, si la murga canta, nacerá otra voz», puntapié inicial de esta historia que en 2010 cumple 30 otoños.
Entre abrazos, risas y anécdotas transité ese túnel humano. En un rincón, el «Gallo» Todeschini apuraba el vaso de whisky que compartía con el «Gallego» Araquistain. Un poco más adelante «Pitufo» Lombardo y «Pinocho» Routin, piedras fundamentales de los primeros premios obtenidos por la murga en 1988 y 1989, charlaban animadamente con «Piruja» Brocos. Tres generaciones de murguistas se juntaban por única vez y con el único pretexto de rendir y rendirse tributo.
A las 21.25 horas el Teatro de Verano estaba en ebullición. La platea alta repleta y la baja en más de un 90% ocupada. Se apagaron las luces que dieron lugar a la primer explosión de la noche. Diego Bueno comenzó a entonar «Baile de máscaras» del recordado «Choncho» Lazaroff . Así se daba inicio a un show que duraría casi cinco horas a toda murga.
A las 21.33 el «Ramón Collazo» vuelve a estallar. La murga actual, esa que componen entre otros el «Mono» Da Costa, Gerardo Dorado, Javier Carvalho y Raúl Castro, se dirige a la «boca» del escenario para aplaudir a su público. La actuación iba transcurriendo. Llegó la hora de «El Timbero» representado por Jorge «Coca» Vidal, y enseguida el recuerdo de un grande en la voz de «Tinta Brava»: «Los aplausos para el intérprete original de este cuplé, el Gardel de la murga, Washington ‘Canario’ Luna».
Siempre en interacción, Raúl Castro y el «Mono» Da Costa llevaban el hilo conductor del espectáculo actual, que además es parte de su repertorio en las giras por territorio argentino. Sobre 23.30 termina la primera parte y desde el escenario se profetiza: «en un ratito que el corazón aguante», en referencia a la presencia masiva de los más de 120 murguistas que pasaron por Falta y Resto y que esa noche iban a pisar nuevamente «territorio sagrado». Como para matizar, José Carbajal «El Sabalero» se cantó tres, olvido de letra incluido.
Luego, uno tras otro fueron pasando; rostros conocidos, canas o kilos de más de por medio aportaron sus ganas. Roberto García, quien ya estaba desde el comienzo junto al coro, cantó un fragmento de «Murga La». Más tarde, ataviado con su traje de director, el coro se partió al medio para recibir a Julio Julián y entonar así, casi al unísono con la platea, «Mano paloma», la canción que «La Falta» nunca pudo cantar oficialmente en el Carnaval, por la censura del gobierno de facto. Llegó el turno para Jorge Garrido y «Pinocho» Routin, el primero con el clásico «La loquilla se divierte» y el segundo que nos trasladó más de 20 años atrás, apareciendo desde la platea a viva voz para representar a «La Gente».
El cierre y una postal distinta. José Morgade, acompañado de la totalidad de los directores escénicos en vida de «La Falta» al frente de la murga: Julio Julián, «Pitufo» Lombardo, Fernando De Moraes, Roberto García, Néstor Techera, Fabián Sánchez, Alejandro Balbis, Felipe Castro, Pablo Milich y Gerardo Dorado, para cantar el también clásico «Dicen que la murga es…..».
Las cinco horas volaron en los relojes de los asistentes, y previo pasaje por la platea baja y el pasillo que separa a ésta con la platea alta, Falta y Resto se dirigió hacia «el pedregullo», como tantas veces lo hizo desde 1981.
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