TIENE LA PALABRA

Quiero atenderme en La Española

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Soy español y ciudadano legal uruguayo, vine con 6 años para este hermoso país que es mi país, ya que me formé en él y me ha dado todo lo que soy.

Tengo 61 años y a los 53 años me jubilaron por enfermedad, fui operado de aneurisma de aorta y tuve un problema de neumonía (a los 53 años ya tenía 35 años de trabajo reconocidos).

Ahora estoy controlado, tomando nueve medicamentos y dos disparadores por día.

Al ser español, el Consulado de España me ofreció que me cambiara de sociedad médica para una de las dos con las que tiene convenio, para recibir todos los beneficios (remedios, estudios y órdenes) gratis.
Este beneficio me representaría unos $ 2.000 a $ 3.000 por mes, ya que es lo que gasto en remedios, estudios y órdenes.

La cuota de la mutualista la paga BPS, mi jubilación actual es de $ 3.853 por mes.

En el 2009 gestioné ante BPS y Junasa el cambio y después de cinco meses de gestión me lo negaron.

Esperé a febrero de este año para presentarme al corralito, pero me encontré que los siete años que se deben tener de afiliado al Fonasa se cumplen en mayo, o sea, dos meses después del corralito, por lo tanto no me corresponde.

Yo pienso en mi casa solo, ¿es tan difícil de solucionar lo que pido? No pido un aumento, ni que Junasa me pague los remedios, ni tampoco un empleo público, sólo pido que me dejen ser feliz y poder tener una vida mejor.

Hoy tengo otra solicitud en trámite.

(Me dijeron que en el BPS demora en pasar al Junasa tres meses y ¿en el Junasa será otro tanto?)

Espero sean complacientes, para poder salir del corralito y ser una persona libre.

Muchas gracias por el espacio.

JLB – C.I. 1.227.930-2

 

Descentralización desde la aldea

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Varias localidades, y varias regiones del país, tienen derecho a opinar sobre la descentralización, y no por cantidad de libros ni de debates ni de conferencias. La descentralización tiene rasgos comunes con otros conceptos «centrales» de la vida social, tal la moral, la democracia, la cultura. Son cuestiones que se practican, se construyen con hechos, antes que los discursos, o en algunos casos, junto con los discursos.

Jaureguiberry da en su historia ejemplo de descentralización. En 2010 ha perdido capacidad «descentralizada», o descentralizadora.

Jaureguiberry nació a la vida hace casi 74 años, sin ayuda del Estado, sin participación de funcionarios del Estado, sin subsidios del Estado. Y nació por la acción inteligente de un hombre sabio, en las peores condiciones imaginables. El sabio compró el arenal desierto, aislado del país, cubierto de arbustos duros y ralos. Vivió algunos años como ermitaño, junto al botero que lo comunicaba con la civilización, y algunos peones abnegados que lo conocían y admiraban, y en pocos años construyó un parque, atrajo a pobladores aventureros, fundó «un parque y una selva», según palabras suyas, palabras de un hombre anciano de 70 años cuando pudo dar su grito de vencedor. Algunos cientos de habitantes y visitantes fueron entusiastas cofrades de una colonización liberadora.

Hasta la muerte de Miguel, no hubo policía, ni inspectores, ni ordenadores estatales.

No se conocieron incidentes, ni peleas, ni crímenes. Se vivía de cara a soles, a playas, en caminatas interminables para conseguir leña, agua, alimentos. La fraternidad se construía en cada minuto y en cada hora. Venían maestros y artistas a disfrutar de la paz jaurista, entre ellos, Margarita Scavia, Eugenio Petit Muñoz, Jaime Monestier.

El Parque Balneario Jaureguiberry vivió libre de la centralización capitalina durante algunas décadas, pero no se trata de predicar utopías. La experiencia de Miguel Jaureguiberry es irrepetible. Fue suficientemente lúcido para entenderlo y proclamarlo.

Su último trabajo publicado fue un desafío a los políticos del futuro, encerrados en ciudades insensibles, ignorantes del potencial contenido en las praderas, en las serranías, y aún en los arenales hostiles.

Miguel demostró verdades obvias, pero aún no aprendidas: descentralizar es desarrollar poblaciones, crear cultura, crear una moral de trabajo, de esfuerzo, de convivencia, de respeto a leyes naturales.

Otras creaciones en tierras incultas certifican esa lección: piamonteses y suizos en el departamento de Colonia, por ejemplo. Pero también poblados aislados, perdidos en el territorio, han podido crear por sí mismos centros de desarrollo, caso notorio Tacuarembó, y aún experiencias menores de alto contenido caso Frayle Muerto.

Tales ejemplos pudieron inspirar a los políticos de la descentralización, descentralización creada en leyes de difícil aplicación y resultados muy dudosos. La descentralización empieza en el conocimiento, y ese conocimiento es inasible para los funcionarios del Estado.

Los políticos han menospreciado experiencias útiles. Es posible, va dicho con el respeto a buenas intenciones habidas siempre, desde Bernardo Berro para acá, que el error tenga origen en deformaciones profesionales. Berro adornó con bonitos proyectos una dura realidad comprobada en los mismos días en que escribía: todo su poder dependía de caudillos. Gentes generosas, caudillos honrados, caso Lucas Moreno, Bernardino Olid, Lucas Píriz, o los hermanos Castro, y cada uno de ellos defendía a duras penas los intereses de una campaña despoblada y rústica. Es decir, aislamiento y pobreza eran contradictorios esenciales con la descentralización. La descentralización nacía en esos mismos días, en los hombros de los colonos valdenses, menospreciados por el mismo Berro. El resto de la campaña, solo era imaginable tras el valor de caudillos, los hombres de a caballo capaces de llegar a todos los rincones, y proteger a sus escasos y sufridos paisanos.

Los políticos del siglo XXI solo conciben la descentralización sobre las estructuras partidarias. Se agregan algunos nombres más a las listas partidarias, se ponen títulos de alcaldes o de concejales, y jugamos una ficción. Los cargos corresponderán a los partidos.

En la base de la sociedad, allí donde los vecindarios velan por el destino de los hijos, procuran su mejor cultura, su mejor moral, allí deben convivir sin pensar en el partido, solo atenidos a los intereses comunes. El gran partido político, será el que respete los derechos vecinales, el que coloque a funcionarios capaces de ilustrar a las comunidades, y capaces de aprender de las comunidades, el partido capaz de desatar los nudos que empequeñecen a los hombres con querellas, con adulonería hacia el poder, con servilismo ante los poderosos. En realidad, todos los partidos crecerán y serán creíbles, el día que escuchen el mensaje de Miguel Jaureguiberry, implantador de cultura en el desierto hace 74 años. Entre otras cosas, deberán respetar instituciones vecinales con larga historia, consideradas como «adversarios» del poder por muchos jerarcas municipales.

SILOS PIEDRA CUEVA

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