Desechos. Hay 2.600 millones de personas sin gabinetes higiénicos

El nuevo water es una bolsa ecológica y hecha con materiales comunes

Un arquitecto sueco halló una posible solución a los problemas originados por la falta de un sistema sanitario adecuado. Anders Wilhemson y su equipo diseñaron un inodoro descartable, bautizado Peepoo.

Una que vez utilizado, puede transformarse en una rica fuente de abono para las plantas. Su apariencia es la de una bolsa plástica como cualquier otra. Pero en su interior, este recipiente flexible de 14 por 38 centímetros, cuyo costo no supera los 0,03 dólares, contiene una delgada capa de urea que descompone la materia fecal y la orina y la transformación en nutrientes. Después de cada uso, la bolsa se cierra, impidiendo el paso de los olores y los agentes patógenos propios de las heces, para colocarse en la tierra, donde desaparecerá por completo al cabo de un año.

Según la Organización de Naciones Unidas, 2.600 millones de personas en el mundo no tiene acceso a un sistema sanitario básico. Esta cifra represen el 40% de la población del planeta. La falta de un sistema adecuado para lidiar con las necesidades fisiológicas de la población (una persona produce al año entre 30 y 60 kilos de materia fecal y 500 litros de orina) provoca la contaminación de las aguas dulces y las aguas contenidas en los suelos y numerosas enfermedades. Se estima que cada año mueren al menos 1,5 millones de niños por diarrea u otras enfermedades derivadas de la contaminación de las aguas.

 

Inodoros voladores

«Esto es algo mucho más complejo: Aunque parezca una bolsa, es un baño que cumple con todas las funciones necesarias», le dijo Wilhemson un BBC Mundo. La «bolsa» se mantiene intacta hasta que finaliza el proceso de descomposición de los desechos ­que puede tomar desde horas hasta semanas­ y comienza a degradarse en un lapso promedio de un año.

La idea de embolsar la materia fecal se le ocurrió a Wilhemson tras observar una costumbre arraigada en los vecindarios más pobres de Nairobi, en Kenia, que también se practica en muchas otras partes del mundo, y que consiste en depositar las heces en una bolsa plástica que se tira por cualquier parte. Son las llamadas «pocetas voladoras» o «baños helicópteros».

Wilhemson se inspiró también en los problemas que aquejan a las grandes urbes latinoamericanas, como en los barrios marginales de Ciudad de México. «Allí la situación es muy mala. Las personas hacen sus necesidades en letrinas o en cloacas abiertas, lo cual es mucho peor. Por eso creo que podría funcionar muy bien en México, una ciudad que necesita importar agua y en la que se avecina un importante crisis ecológica, ya que este sistema no requiere agua», le dijo Wilhemson a BBC Mundo.

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