TIENE LA PALABRA

¿A dónde se fue mi país?

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

Me llamo Juan Carlos y no importa el apellido, lo que importa es que soy un uruguayo más, que tiene 59 años y que quiere decirles algunas cosas de mi país, de la directiva de mi país, de la normativa que nos rige en mi país.

Recuerdo cuando era muy joven, cuando la interrelación entre un uruguayo cualquiera con los organismos estatales era fluida, era amena, era cordial, era humana; recuerdo a mis padres interactuar en iguales condiciones, donde un uruguayo cualquiera se sentía amparado por el Estado, donde los distintos organismos estaban al servicio de cada uno de nosotros, pero estaban a un servicio cordial, humano, donde no éramos números, donde se entendía o se pretendían entender los problemas que los uruguayos teníamos, buscando las salidas posibles, humanas, donde la regla principal era, dentro de las normas, buscas la humanidad en todas sus resoluciones.

Hoy, en el año 2010 tengo que exclamar, denunciar, gritar en un lamento, que ese Estado, esas instituciones se transformaron, y se transformaron para mal.

Ahora son inhumanas, son totalmente rígidas, donde no se atienden a los uruguayos como seres humanos, sino que somos simples números, donde nuestras solicitudes, nuestros problemas, nuestras angustias no son escuchadas como eran en antaño, donde no chocábamos contra reglamentaciones que hoy existen, las cuales son extremadamente duras, donde la interrelación entre los humanos uruguayos con sus instituciones se ven canalizadas exclusivamente con reglas, que no atienden la individualidad de cada uno, sino que solo hacen que seamos entes no escuchados, no atendidos, no comprendidos.

¿A dónde se fue mi país?

Parece que los únicos que tienen problemas son aquellos que están a un nivel de marginalidad extrema, donde me parece extraordinario que se los atienda, como uruguayos, pero que no se olviden, los directores, los responsables, nuestros empleados públicos, los gobernantes, los políticos, que el resto de la sociedad que no estamos en esos extremos, también sufrimos, también tenemos problemas, también nos quedamos sin trabajo y a veces sin familia, también lloramos.

Lamentablemente hoy, es el propio Estado, nuestras propias instituciones que mantenemos con nuestro trabajo, la que nos hace más difícil la vida. Es tal el nivel de desentendimiento, que es mucho más fácil morirse, que tener que tratar con el Estado. La rigidez con la cual nos tratan es brutal, la incomprensión que sufrimos es extrema, la falta de humanidad nos lleva a temerle al Estado y sus instituciones, cuando en realidad, el Estado, las instituciones somos todos. Claro, en la teoría, pues en la práctica no sucede así.

Yo perdí mi trabajo en mayo del año 2009, y al tener 58 años en ese momento, las posibilidades reales de trabajar (pues quiero seguir trabajando para no ser obsoleto), se transformaron en nada, o casi nada.

Pero mi urgencia en ese momento, era buscar bajar mi presupuesto, para poder subsistir, para poder llegar a fin de mes, para poder estar más o menos tranquilo y no vivir en una angustia total.

Por lo tanto, estudié mi presupuesto y determiné entre varias cosas que ajusté, que en las circunstancias actuales, tener un celular era innecesario.

Al realizar el trámite en una oficina de Ancel, me encontré con la dureza extrema de que, al tener un contrato, no podía cancelarlo, más allá de las explicaciones y causas que expuse. No hubo manera de hacer entender, de lograr humanizar, de que, si bien deben existir reglas, éstas, de acuerdo al caso, deben tener la elasticidad que manda el ser seres humanos. ¿Somos hoy, seres humanos verdaderos?

Al final me dijeron que solicitara a la presidencia del Ente, en este caso, Antel, la solicitud por escrito.

Realizada la misma hace como cuatro o más meses, a los dos meses me llamaron para decirme que tenía que presentar los papeles que justificaran mi baja de la última empresa. Les expliqué que la baja la empresa la había hecho oportunamente en el ente estatal (el BPS), que ellos ya tenían toda la información correspondiente, que obligarme a presentarme en dicho ente del Estado para obtener una copia de dicha baja, con la burocracia existente, con las dificultades enormes que nos presentan los trámites, era innecesario, que por favor, se comunicara un ente, Antel, con el otro, el BPS y que tendrían toda la información.

Hoy, luego de casi tres meses más, me llaman y me dicen que, si no presento los papeles, mi solicitud será desestimada.

Como tan trabajoso, difícil y engorroso es todo lo que piden, pues así se transformó nuestro Estado, nuestros entes, en algo engorroso e inhumano, al final no fui y tendré que seguir pagando algo que no necesito, y esa salida económica la necesitaba a gritos cinco meses antes.

En resumen: ¿A dónde se fue mi país? Aquel que buscaba simplificarnos la vida, aquel que era nuestro amigo, aquel que formaba parte de un todo, el estado uruguayo junto con su pueblo. Se fue y deja la incertidumbre, la frustración, la rabia y la incomprensión.

No sé cómo son otros países, pero el mío se transformó en un país triste, gris, que sus habitantes se relacionan con su Estado, con sus entes, con frustración, con tristeza, con amargura, con impotencia, y sin duda, con rabia.

El que quiera ver, que vea, el que quiera escuchar, que escuche.

JUANCA  [email protected]

 

Al señor Daniel Martínez

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

Hacemos un poquito de historia, no muy lejana.

Candidato a presidente, a ministro, a intendente, a senador…

Se acuerda, que antes de salir el presidente electo por el plenario del FA (en diciembre de 2008), su nombre estaba escrito en muros y pasacalles como candidato a presidente, y mucha gente lo apoyaba. Pero ¿quién lo bajó? Con respecto a la Intendencia nuevamente aparecen los muros y los pasacalles con su nombre como futuro intendente, y me pregunto, ¿quién lo votó? En el plenario del FA se eligió a la Sra. Ana Olivera, la que nadie identifica con su sector político, sino como una excelente compañera. En lo que me es personal ella ante todo es frenteamplista y como tal cumple con el cargo que desempeña.

Sin embargo, usted que se considera apto para todo tipo de cargo de poder, pero no como ministro de industria en el gabinete del señor Mujica el que no aceptó.

Con todo respeto le digo, ¿por qué no cumple con su juramento como senador y respeta la decisiones del FA dejando así su foja limpia para un futuro presidencial?

¿Por qué usted no respeta la decisión del FA en cual no nos hemos apartado de la democracia interna, que permite un juego de democracia que a veces también a mí me disgusta en lo que me es personal? Así como en la interna me tocó perder democráticamente, cuando la fórmula Mújica-Astori fue oficializada, como frenteamplista di todo por el triunfo. Tenemos que tener en cuenta que dentro del FA existen los estatutos que es como nuestra constitución y como dijo nuestro flamante presidente dentro de ella todo, fuera de ella nada. Espero que ahora con nuestra candidata Ana Olivera a la Intendencia, la hagamos patrimonio de los frenteamplistas o porqué no de todos los uruguayos dando todo para lograr nuevamente un gran triunfo.

NEGRA CASTRO [email protected]

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