Asunción Mujica

No…Gracias a ti pueblo uruguayo

Otras se guardaban en los bolsillos de los miles de presentes, para, si algún día se precisara, sacarlas nuevamente a la calle. Palabras dichas y escuchadas, sin signos de preguntas claro…pero tampoco con la intención de que sean ellas las respuestas inamovibles en este mundo cambiante. Así se presentaba José Mujica como nuevo presidente de la República Oriental del Uruguay. Y mientras el Palacio Legislativo era testigo de un nuevo discurso, el pueblo en las calles de Montevideo era responsable de una transferencia de poder, que esta vez parecería estar finalmente en todos y cada uno de los Uruguayos y no solo en los dirigentes, quienes muchas veces secuestran los discursos.
       El 28 de Febrero por la noche, cuando aún esas palabras no habían aprendido a volar, la luna perfectamente blanca y redonda anticipaba un día rojo por la incandescencia del sol y azul profundo por el resto del cielo. El primero de Marzo fue feriado, razón por la cual los bizcochos descansaron y los trabajadores podían hacerlo también. Pero, por esas contingencias de la historia, éstos optaron por tomar las calles. Pacientemente fueron formando diversas filas. Algunos en el Palacio para ver la llegada de los mandatarios de otros países del continente, otros directamente en la Avenida 18 de Julio. Pero todos con la misma premisa y motivación: estar presentes. Ser parte nuevamente de aquello que habían decidido meses atrás. Escuchar atentamente y juzgar si fuese necesario. Los mandatarios también iban llegando de a poco. En carros blindados, con seguridad privada y con el protocolo que tanto hace…pero todos con la intención de estar presentes. De ser parte.
       Eran las dos de la tarde y estaba todo preparado. Fueron las dos treinta y estaba todo pronto. Pronto para que aquellas palabras fueran recibidas por los tres millones de uruguayos, quienes fueron testigos de cómo ellas aprendieron a y comenzaron a volar. Palabras que cada doscientos metros se reproducían con parlantes que de apoyo servían. Palabras que con imágenes decían más de lo que ocultaban, si algo ocultaban. Algunos caminando hacia la Plaza Independencia para decirle presente a José de Artigas que tranquilo esperaba arriba de su caballo. Otros mirando los parlantes como si en cada uno de ellos Mujica estuviese. Y de seguro que algunos aprovechando el feriado en su morada. Pero todos, todos, tenían algo en común: escuchaban.
       Por uno largo tiempo esas palabras callaron. Ya estaban guardadas y bien custodiadas por el pueblo. Era momento del ver. Entonces, con un auto eléctrico y anticipando varias de las medidas que se tomarán en este nuevo gobierno, Mujica y Astori también tomaron las calles. Desde el palacio Legislativo hasta los pies de Artigas, por Avenida Libertador, ahora ellos eran los que escuchaban, veían y sentían. Miles de ciudadanos uruguayos les daban la bienvenida. Con banderas grandes, chicas, cámaras de fotos, aplausos, miradas atentas y gritos de aliento se los recibía en las calles Montevideanas. Con caras pintadas y los ojos vidriosos se les decía “…¡Hola, aquí estamos!…”, somos nosotros los uruguayos, los colombianos, los argentinos, los chilenos, los paraguayos, venezolanos…en fin, los latinos, quienes los recibimos en nuestras calles. Pasaron varias cuadras antes de que el nuevo presidente y su vice se bajaran del nombrado vehículo. Y finalmente así se pusieron a la altura de su pueblo, de los pueblos de América, como nuestros libertadores, suponemos, hubiesen querido.
       Se llegó al monumento Artiguense, quien seguía esperando en paz y con tranquilidad…como cada uno de los presentes en la plaza Independencia (ahisito nomás de la puerta de la ciudad vieja). El acto se cumplió en tiempo y forma. La banda ya estaba puesta y solo faltaba dar vuelo nuevamente a las palabras…ahora quien las decía tenía enfrente al pueblo, con la responsabilidad que aquello implica de ambas partes. Entonces la emoción también dijo hola y los aplausos al nuevo presidente hicieron temblar a más de uno de los edificios Montevideanos. Edificios que con ojos y oídos en cada ventanita también miraban y escuchaban.
       El sol seguía brillando y el agua caliente seguía mojando esa yerba finita a la cual esta acostumbrado el pueblo uruguayo. Nuevamente la atención se dirigía a esos parlantes que tanto habían dicho ya. Las pantallas, ahora prendidas, le agregaban color a la música que salía de la orquesta que había elegido Mujica para que lo acompañe durante los próximos cinco años. A cada canción le seguía un fuerte aplauso, un grito de aliento o simplemente una nueva cebada.
       Y como toda orquesta en algún momento terminó de sonar. Cada uno de los instrumentos se guardaba para dar fin a una jornada histórica y dejarlos preparados para mañana. Pero el director no se había despedido aún. Estaba presente en la retina de cada uno de los presentes. Se hacía presente en cada bandera flameando y en cada uno de los tambores que empezaban a sonar. Las calles eran nuevamente caminadas de aquí para allá. Los zapatos tomaban la posta y aquellos oídos y ojos que tanto habían trabajado se tomaban un descanso. El sol se empezaba a despedir y Artigas a oscurecer. Pero las piernas seguían el ritmo. Se movían, bailaban…estaban contentas.
       Más tarde los tambores “callenses” también se pausaron para dar paso nuevamente a la música que salía desde el escenario. Folklore, poesía y murga sonaban y acompañaban este nuevo proceso. La luna y su equipo de estrellas decía hola y Mujica subió nuevamente al escenario…esta vez para cantar, porque como bien dijo”…no hay cambio sin música que lo acompañe…”. Y así fue que Agarrate Catalina cerró oficialmente el acto. Oficialmente… porque las calles eran nuevamente tomadas por los tambores, con aquella maravillosa música Uruguaya que tanto contagia. Como debería de contagiar la honestidad, la sinceridad, y la predisposición “a ser pueblo” que tiene cada uno de los ciudadanos de esta porción del continente. ¡¡¡A contagiarnos Latinoamérica!!!, no tengamos miedo, aprendamos y confiemos en que la unión y el cambio son posibles. A no bajar los brazos e ir para adelante…porque si no cambia cada uno de nosotros imposible será que cambie un país. Menos aún un continente.
       Gracias a ti pueblo uruguayo.

                                                               Un Latinoamericano más.

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