DISCAPACITADOS HOY

Síndrome de Asperger

Como señaláramos en una anterior comunicación, debido a la diversidad de las formas clínicas del autismo se justifica que el concepto se identifique como un «espectro» de condiciones que comparte un mismo conjunto de síntomas más que como un trastorno unitario con rasgos clínicos fijos. Los sistemas internacionales de clasificación recogen esta diversidad y distinguen cinco tipos de trastornos en este espectro: el trastorno autista, el trastorno de Asperger, el síndrome de Rett, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Dentro del espectro autista se señala el trastorno de Asperger, que se reconoce como de alto rendimiento o de alto funcionamiento, lo que es debido a la evolución que tiene, y se relaciona con el acceso al habla y el lenguaje, lo que mejora las expectativas en relación a la interacción social y a su desarrollo futuro. Si bien el síndrome de Asperger es relativamente común dentro del espectro, sigue siendo una condición rara. Parece afectar más a los varones que a las mujeres.

La afectación de la interacción social recíproca (tienen dificultades para hacer amigos), de la comunicación verbal y no verbal, la dificultad para aceptar los cambios (son más felices en ambientes conocidos), la inflexibilidad del pensamiento y poseer campos de interés reducidos caracterizan este síndrome. Les resulta difícil de sobrellevar el fracaso, la imperfección y la crítica. El mal comportamiento proviene a menudo de la falta de habilidad para comunicar sus frustraciones y ansiedades.

No obstante, las personas que padecen este síndrome son extremadamente buenas en habilidades de la memoria y muchos sobresalen en matemáticas, ciencia y arte.

Hans Asperger identificó este patrón de comportamiento y habilidades en varones y llamó a alguno de sus pacientes ‘pequeños profesores’, debido a sus extensos conocimientos en su tema de interés particular. Fue J. Langdon Down, el descubridor del síndrome de la trisomía 21, quien acuño el término «idiot savant», hoy llamado correctamente síndrome Savant. Estos niños y jóvenes poseen una gran capacidad para el cálculo, habilidades artísticas en el dibujo, la escultura, la música y la poesía, memorias selectivas prodigiosas y extraordinarias habilidades en el dibujo tridimensional. Asimismo presentan un déficit importante en las habilidades propias del hemisferio izquierdo, de aspecto lógico y simbólicas, así como de especialidades lingüísticas, y muestran aumentadas las habilidades propias del hemisferio derecho, como las artísticas no simbólicas, habilidades visuales y motoras, habilidades para las artes plásticas y la música; llamando la atención la capacidad para el cálculo y las matemáticas en general y otras habilidades de aspecto mecánico y de destreza espacial.

Los savant con habilidades musicales son músicos de oído, son capaces de entonar canciones e interpretar piezas musicales con asombrosa facilidad. Pueden dominar varios instrumentos y crear composiciones propias sin haber estudiado nunca música. Los savant artistas se expresan muy bien con el dibujo, la pintura y la escultura. Son capaces de plasmar obras con gran detalle. Las habilidades más espectaculares y frecuentes de los savant son sus estrategias matemáticas en el cálculo de los calendarios, así como su gran memoria para recordar números de teléfono y matrículas de automóviles.

Por lo dicho, podríamos pensar que estos niños o adultos parecen ser premiados por la vida con estas habilidades; sin embargo, su existencia y la de su familia se torna difícil. Los pacientes sufren y no pueden expresarse, se frustran con facilidad, se deprimen, no son entendidos, les cuesta generar relaciones sociales, viven aislados en un mundo aparte. No obstante, estas habilidades especiales que son puerta de entrada a nuestro mundo son las que les permiten expresar y comunicar lo que les pasa o, mejor aún, alcanzar una salida laboral y una forma de vida inclusiva. Se debe apoyar a los pacientes y sus familias para potenciar y encaminar estas habilidades, que tal vez constituyan una de las alternativas de integración. Debe procurarse integrar a los pacientes y sus familias, de algún modo también excluidas, a la sociedad, no olvidando que requieren amor, dulzura, cuidado, paciencia y compresión y que dentro de este marco realizan grandes progresos.

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