Guerra de agua de 14 a 19 horas
Por tal motivo desde hace algún tiempo las autoridades han venido reglamentando y controlando este juego, extendido en Mercedes desde el inicio de los festejos en la ciudad, en el siglo XIX.
La disposición municipal establece que este domingo estará permitido jugar con agua entre las 14 y las 19 horas, pero los participantes deberán inscribirse previamente en la Brigada de Tránsito municipal o en las seccionales policiales, donde se les indicará en qué zona podrán jugar con agua.
«Quedará prohibido jugar en las calles José E. Rodó, Sánchez en toda su extensión, Artigas y Colón entre Fregeiro y Avda. Asencio, y frente a las plazas Independencia, Lavalleja, Rivera y Artigas», expresó la Intendencia Municipal de Soriano en un comunicado.
«Por tal motivo, se exhorta a respetar las personas y los bienes de terceros, evitando abusos y limitando el juego a quienes están en notoria actitud de intervenir o participar del mismo. De tal forma, se logrará que la jornada sea de auténtica alegría, evitándose así las consecuencias punitivas que pudiese corresponder. Se deja constancia que en años anteriores fue notorio el abuso de determinadas personas y grupos, llegándose a producir situaciones inaceptables que ahora deben precaverse y evitarse», expresa el comunicado de la comuna.
Tradición
Tradicionalmente los mercedarios destinan la tarde del último domingo de Carnaval a jugar con agua.
De acuerdo a viejos archivos de prensa ya en 1872 los mercedarios festejaban el Carnaval. En ese año apareció la serpentina como un elemento utilizado en los corsos. Por esa época los carros que participaban de los desfiles llevaban tachos con agua que eran arrojados a los espectadores. Pero muchas veces esa agua no estaba limpia, más bien lo contrario, e incluso alguna crónica recuerda que los espectadores fueron bañados con pintura, lo que causó muchos problemas con la Policía.
Pero también los baldazos de agua provenían de los balcones de las casas por donde pasaban los corsos. En 1916, de acuerdo a las crónicas de la época, uno de esos balzados arrojados de un balcón cayó sobre un comisario que, empapado, la emprendió a sablazos contra los autores del chiste, mientras el desfile de mascaritos y carros siguió sin prestarle atención. Era una costumbre que en los últimos años ha quedado reducida a un juego de niños y jóvenes pero que décadas atrás constituía un atractivo extra para la fiesta de Momo.
Por la tarde podían verse por la ciudad verdaderas cuadrillas de personas, en camionetas, camiones o cualquier vehículo, con bombitas de agua, baldes, tachos o cualquier recipiente, en busca de incautos a quienes empapar, formándose verdaderas batallas de agua entre diferentes grupos. Pero eso llevó a varios excesos que desde hace algunos años las autoridades vienen controlando.
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