SANA MENTE

Enredos de telenovela

Caso

María no se pierde ningún capítulo de su telenovela favorita. Cada pequeño acontecimiento es seguido con el máximo interés, no puede perder detalle. Cada suspiro en la pantalla es acompañado por hondos suspiros, y hasta las lágrimas en la pantalla tienen el poder de arrancarle las propias. Es como si ella misma alternativamente estuviera, amando, sufriendo, deseando y hasta sintiendo toda la gama de emociones que esos personajes que ella adora, muestran en un despliegue de histrionismo. Cada episodio es el motivo de conversación que sacude en algo la monotonía de su vida. La polémica con las vecinas es sobre si tal o cual personaje hizo bien en darle el beso a la protagonista o en matar al malo de turno. Amores contrariados, odios, venganzas se suceden en un sinfín de enredos de nunca acabar. Una promesa o esperanza es rápidamente frustrada con una nueva desgracia o desencuentro. De esta forma ningún personaje tiene paz y por supuesto María tampoco. Su vida es casi la prolongación de esos enredos. Ella también sufre desencantos parecidos, frustraciones similares y hasta podría decirse que su vida es el argumento ideal para otra telenovela. Hay que ver que le pasan cosas increíbles. Por eso sea como sea María está sentada frente al televisor a la misma hora todos los días. Es una cita ineludible.

 

Comentario

La vida del ser humano requiere de acontecimientos. Si no son propios, sirven los ajenos, pero el apetito de acontecimientos es una característica difícil de soslayar. Es en este espacio que las famosas telenovelas de diversas procedencias tienen su mercado. Un denominador común y secreto de su éxito es mostrar en el argumento el o los conflictos necesarios a los efectos de lograr la identificación de los espectadores. Es por eso que está meticulosamente estudiado cada ingrediente del éxito. Las clases sociales, el tipo de conflictos, la secuencia de aparición de los mismos y hasta la tensión y alivio dramático integran la fórmula creadora de millones de dólares.

Este razonamiento lineal y prosaico tiene en contrapartida influencia en la vida psíquica y social de sus espectadores. Cada enredo, amor contrariado, sentimientos de odio, venganza, frustración, impotencia, etc. son vividos en la cotidianeidad de seres que buscando distraerse de su peripecia vital caen hipnotizados por la pantalla. Lo lamentable es que la fórmula del éxito de la telenovela es la fórmula del sufrimiento y frustración en la vida cotidiana. Los sentimientos, errores, manipulación que se ven en la pantalla son el camino seguro para vivir en un mundo no saludable.

Los personajes de la telenovela a su turno viven roles de víctimas, sumisas y dependientes. La culpa los enreda en situaciones de sacrificio, pérdida y fracaso permanentes. Otros en cambio cumplen el rol de «salvadores», sobreprotegiendo a esos «pobres infelices» a los que en aras del mal entendido amor, ocultan información para evitarles sufrimiento, les planifican la vida o deciden en su nombre. Están los otros personajes autoritarios, dominantes, abusadores que pretenden ser obedecidos, considerando ser los únicos valiosos con derecho a decidir sobre la suerte de los demás. Unos y otros a su turno manipulan buscando culpables de sus desgracias o cargando culpas inexistentes. Otros en cambio son los eternos sacrificados en nombre del amor, sin recibir a cambio más que desprecio y humillaciones. Sin embargo, no tardan en pasar facturas por tanto dolor.

Esta lógica de la búsqueda de culpables no permite vivir una vida saludable, sencilla, en paz y felicidad, en la que el éxito no sea el del rating, sino el de la vida cotidiana de cada espectador. Una telenovela sin conflictos, porque sus personajes tienen la capacidad de manejar las frustraciones y sobreponerse a los obstáculos de manera saludable estaría condenada al fracaso al no rendir dividendos. Un desarrollo tal, no sería creíble ya que la población en general no conoce tal manera de vivir. Lamentablemente no generaría identificación y de esta forma no podría sustentarse. Vale la pena insistir, aún a riesgo de arar en el desierto, sobre la necesidad de promover modelos saludables de comportamiento aprovechando la tecnología y el alcance de los actuales medios de comunicación. ¿Será posible que se cuelen elementos de educación para una vida saludable entre los enredos, conflictos y manipulaciones que atrapan? Tal vez se pueda de esa forma, difundir formas alternativas y exitosas de comportamiento. Los roles estereotipados de género desde edades tempranas suelen mostrar mujeres que lloran por amores contrariados, sintiéndose «abandonadas» o pergeñando venganzas y maldades contra otras mujeres en una suerte de autodestrucción de género. Por otra parte se suelen ver modelos masculinos violentos y machistas que son alimentados en sus acciones por mujeres más machistas aún. Es hora de mostrar en las pantallas realidades más cercanas a las proclamas de equidad de género e igualdad de derechos. El discurso debe pasar a la experiencia vital y es necesario integrar creativamente estos cambios en los contenidos audiovisuales exitosos. Como toda regla tiene su excepción, hay algunas ­pocas­ telenovelas que suelen integrar tímidamente, junto con los enredos y conflictos consabidos, formas alternativas de resolverlos. De otra forma, también sería deseable generar espectadores críticos que tuvieran la capacidad de encontrar en la mayor parte de los culebrones, abundantes y claros ejemplos de lo que no debe hacerse en la vida cotidiana.

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