TIENE LA PALABRA

Ex funcionario del LATU

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

A efectos de que el público lector de ese diario tome conocimiento de algunas injusticias que ocurren en nuestro país, por medio de la presente deseo se publique la situación en la que me encuentro, la cual relato a continuación.

Ingresé como funcionario del Laboratorio Tecnológico Del Uruguay (LATU) el 1º de noviembre de 1989, comenzando a trabajar en el Departamento de Contralor de Admisión Temporaria, luego en Cómputos, más tarde en Productos Importados y en última instancia en Gerencia de Metrología Legal y LATU Sistemas SA.

En las primeras dos secciones no tuve inconveniente alguno en desarrollar mis tareas, recibiendo incluso felicitaciones por mi buen trabajo de parte del ingeniero Ruperto Long, Presidente del LATU en aquellos años.

Mis problemas comenzaron en el año 1993 cuando solicité se me trasladara al Area Técnica, ya que había visto irregularidades administrativas en Admisión Temporaria. Se me autorizó el pase y el destino fue el Sector Productos Importados, pues allí descubrí que ese sector funcionaba con su propio sistema, reglas, acuerdos, favoritismos y camarillas. En dicho sector se controlan todos los productos alimenticios importados que ingresan al país y el panorama que encontré fue que las firmas importadoras de plaza (no todas), que querían que sus productos fueran rápidamente aprobados por el LATU tenían sus «acuerdos» privados y a puertas cerradas, con los jefes de la Sección Importados, y así los productos de dichas empresas eran tratados con favoritismo, pasaban rápidamente por el LATU, porque no se les hacía ningún tipo de análisis. Así, la empresa en cuestión en lugar de esperar 12 días hábiles para disponer de un embarque de productos que se encontraba en el depósito de la firma en 2 o 3 días obtenía el Certificado del Laboratorio.

La retribución por el «servicio» prestado a la empresa consistía en visitas con regalos a ciertas personas del sector que colaboraban con la empresa o, es de presumir, en arreglos económicos. En lenguaje vulgar a esto se le llama pura y simplemente «coima».

Además de esto se daban con frecuencia hurtos en la Sección Importados. Por disposición de la Dirección del LATU, los artículos que sobraban luego de los contralores se destinan a instituciones de beneficencia. Sin embargo, un grupo estaba en una especie de «rosca» o camarilla y eran frecuentes las salidas de autos y bolsos de funcionarios cargados de productos que las empresas dejaban para análisis.

Contra toda esta situación me levanté, jamás me integré a esos grupos, sino que mantuve mi honradez. Fueron muchas las veces que denuncié la situación a las autoridades del LATU, pero fue inútil, no hubo respuesta de parte de la Dirección del LATU, sólo silencio e indiferencia. Mi resistencia e intransigencia con estas ilegalidades me ganó discriminaciones, hostilidades y enemigos dentro del Laboratorio.

La guerra psicológica que se me hizo fue tan fuerte que llegaron a hacerme un «vacío» en la Sección Importados cuando regresé de un período de licencia médica. La fórmula para desequilibrarme fue no darme ninguna tarea a realizar. Cuando le dije al jefe de la Sección que no tenía trabajo a realizar me dijo que me quedara en mi escritorio a su orden y sin hacer nada. Como no me gusta robar el sueldo, me ofrecí para colaborar en otras Secciones, pues no iba a trabajar para matar el tiempo, sino para ser útil en algo.

Ante mi oposición a estos hechos ilícitos, el Laboratorio me trasladó a la Gerencia de Metrología Legal (Gemel), sección que se encarga del contralor de las balanzas en los comercios, aparatos medidores en taxímetros, etc. En este Sector también tuve oposición de parte de personas involucradas en las chacras y camarillas existentes en el LATU. Allí nadie quería cambiar nada y las propuestas de mejora que hice me ganaron también enemigos.

Toda esta situación me generó profundo malestar y afectó mi salud, física y emocionalmente. A efectos de constatar la profundidad de la afección que los problemas laborales me producían me realicé un análisis siquiátrico en el Hospital de Clínicas, cuyos resultados fueron terminantes en cuanto a que la causa de mis problemas siquiátricos se debían a las tensiones, presiones, discriminación y hostigamiento que recibí de parte de personas en el LATU. Este análisis está documentado.

La Gerencia del LATU en cierto momento consideró que no había lugar para mí en el LATU y me despidió el 6 de noviembre de 2006. Me abonó las sumas que legalmente corresponden, pero inicié un proceso judicial por despido abusivo y daño moral por las lesiones a mi psiquis originada en años de discriminación y persecución. Presenté abundante prueba documental con mails en los que comunicaba a la Gerencia del Laboratorio las situaciones injustas que a diario ocurrían y en ese juicio declararon unos 30 testigos. Uno de los testigos realizó declaraciones tan disparatadas y calumniosas que debí realizar contra el mismo una denuncia penal.

El resultado de los juicios fue éste: el juicio laboral lo perdí en primera instancia pese a la abundante prueba que presenté. La denuncia penal fue rápidamente archivada sin haberse siquiera citado a un testigo de los muchos que presenté.

Hasta qué punto mi ataque a personajes de «guante blanco» y a un sistema instalado en el Laboratorio desde hace muchos años fue la que originó el rechazo de mis reivindicaciones judiciales, es algo que dejo a la imaginación del lector.

Hoy me encuentro, a los 53 años de edad, desocupado y sin posibilidades de trabajo, pues es sabido que las empresas dan empleo con preferencia a personas más jóvenes.

Aun hay tiempo de solucionar esta situación y hacer justicia y que la decisión que se tome sirva no sólo para reparar el perjuicio que se me causó, sino para que las prácticas corruptas descriptas sean para siempre desterradas de nuestro medio.

Saluda a Ud. atte.

EDUARDO GIMENEZ GENELAS c.i. 1.515.226-8

 

Contra el Stella Maris

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Visto que he hecho varias denuncias y ninguna llegó a buen puerto me comunico con el pueblo, que es lo que usted representa.

El Colegio Stella Maris, sito en Máximo Tajes detrás de la Scuola Italiana, ocupó una tierra que le pertenece al Municipio de Montevideo ya que en ese lugar hay 2 calles proyectadas. Son bienes del pueblo y no deberían haberlas tocado. Si necesita fotos o más información las tengo. Lo saluda atte.

JORGE LOPEZ C.I: 1.683.407-

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