La Clave volvió a demostrar que la calidad murguera no tiene ciudad
Con algunos problemas (típico de la jornada inicial) se desarrolló la primera etapa del concurso oficial de agrupaciones carnavalescas.
De entrada volvía para presentarse en la categoría de Negros y Lubolos, Kimbara, conjunto que había tenido grandes dificultades a la hora de armar su plantel dado que varios de los componentes que dieron la prueba de admisión en dicho título ya no estaban entre sus filas.
Seguramente eso impidió que este conjunto desarrollara su espectáculo de la mejor manera, sumándole errores de interpretación casi infantiles, como no colocarse frente a los micrófonos, lo que impidió entender algunos diálogos.
Podemos destacar algunos pasajes musicales e interpretaciones acertadas, como la de Germán Alvarez, que lucieron en buena forma.
Este título hipoteca mucho su chance de seguir ya que no olvidemos que cinco conjuntos deberán ser eliminados y por lo mostrado puede ser candidato, pagó caro el debut.
La Mojigata había despertado grandes expectativas ya que su prueba de admisión fue muy buena. La gran tarea era reafirmar esa imagen y potenciarla para convertirla en atracción. Realmente lo consiguió; desde el comienzo la murga cantó muy bien y la postura adoptada fue la correcta para desarrollar su espectáculo «Ser o no ser, pero para la joda» y el texto luce en gran forma ya que sus intérpretes lograron el clima necesario para desarrollar el mismo.
En una murga en la cual se destaca fundamentalmente el trabajo grupal no podemos dejar de mencionar las figuras de Diego Licio y Martín Sacco, quienes contaron con la complicidad de un público entusiasta que festejó todas sus ocurrencias.
Esta murga critica como pocas en clave de humor; por momentos es profunda y reflexiva, sin perder el tono del decir.
Gran año de La Mojigata (para nosotros el mejor de su historia), cubriendo rubros e intentando meterse en la conversación.
Aquelarre es una revista debutante que de la mano de Diego Fachelli planteó un espectáculo basado en «Historias de brujas». Con un plantel joven pero experiente en este metier, el grupo contó su cuento con soltura a pesar de tener algunos pequeños problemas de interpretación.
El punto más alto de su espectáculo es el trabajo de sus cantantes, fundamentalmente el de Virginia Fernández, una interprete que, si me permiten la licencia poética, es «candidataza» a lograr la mejor interpretación vocal femenina.
También Damián Luzardo y Facundo Benapres rayaron a gran altura y no podemos omitir el cuerpo de baile liderado por Diego Rodríguez, que logró desarrollar su tarea con excelente nivel. En resumidas cuentas, Aquelarre intentará meterse en la liguilla y si ajusta tiene gran chance.
En clave de murga
La Clave regresaba para demostrar que lo del año anterior no fue casualidad y la verdad, lo logró con creces. El grupo se planta como murga grande y el canto fue casi perfecto en toda la actuación. «La ciudad de los perdedores» fue la excusa utilizada para contar las peripecias de ese pueblo inventado que maravilló a los asistentes al templo de Momo.
Buen trabajo de luces, correcta puesta en escena y un vestuario adecuado a lo que se contaba. El humor está presente en casi todo el espectáculo, la crítica y la sátira cobran vida cuando estos carolinos le rinden pleitesía a momo. Entre las joyitas podemos destacar el diálogo del Cuqui con Aparicio y un momento reflexivo hablando de la ley de impunidad.
En pocas palabras, un «murgón» que pone muy alta la valla para que quien quiera pasarla tenga que dar un gran salto de calidad.
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