Nerviosismo. En la tarde de ayer aún no se había precisado la cantidad de compatriotas en la zona

Uruguayos: unos 40 refugiados, sin casos fatales, aunque se temían desapariciones

Las estimaciones eran ayer de 2.000 turistas internacionales varados en Cusco, a merced de la inundación y en medio de crecientes dificultades.

De ese total, se encontraban todavía ayer en la zona varias decenas de uruguayos. De acuerdo a lo informado oficialmente, a media tarde eran «más de treinta», aunque desde otros medios se hizo subir la estimación a algo más de cuarenta.

El nerviosismo de los primeros momentos impidió manejar datos con más certeza y si bien no se habló de compatriotas que hubiesen experimentado consecuencias fatales, a última hora de ayer se especuló con la posibilidad de que cinco uruguayos estuvieran entre los desaparecidos.

En cuanto a las víctimas fatales entre los turistas, en principio se habló de cinco y después de siete, aunque a última hora de ayer tampoco había datos certeros en ese rubro.

Desde temprana hora de la víspera se manejó el nombre de una turista argentina entre los fallecidos. Se trata de Lucila Ramballo Sarlo (23 años), que falleció sepultada por un deslizamiento de tierra la madrugada, en un episodio que dejó a otros tres argentinos con heridas de cierta entidad.

El embajador uruguayo en Lima, Juan José de Arteaga, dijo ayer a «Telenoche» que hasta el momento tenía registrados a unos 33 jóvenes compatriotas que se encontraban en la zona, aunque no descartó que con el correr de las horas se sumara alguno más.

Esos uruguayos estaban a la espera de ser evacuados en helicóptero y la primera noche de las riadas fueron evacuados al estadio, desde donde aguardaban el rescate.

De Arteaga estimó que era cuestión de un par de días para que la totalidad de los ciudadanos uruguayos resultase evacuada y dijo además que desde la sede en Lima se realizaron contactos para reprogramar los vuelos de aquellos compatriotas que por causa de la inundación hubieran perdido el regreso. Noelia Carrancio, una de las turistas uruguayas, estimó la situación como caótica y dijo que no se había percatado de la presencia de helicópteros en la zona.

«Yo vine con dos amigas, estamos las tres en los vagones del tren», dijo, agregando que recibían alguna alimentación ­café y pan­ de la empresa del ferrocarril. Indicó que otra gente estaba alojada en carpas y señaló que ellas que se mantenían en el lugar porque tenían referencias de que en el pueblo la situación era realmente caótica.

«No tenemos información de nada, las vías férreas recién se van a arreglar dentro de un mes, así que no sabemos…», comentó, al tiempo que dijo que no estaba al tanto de personas lesionadas.

Mientras, en la zona se registraba un rápido desabastecimiento de alimentos y agua potable, lo que empezaba a afligir a algunos de los viajeros. Las denuncias también se planteaban en ese sentido. «No hay agua, la comida está escaseando y pretenden cobrar cualquier plata por cualquier cosa».

Otra uruguaya, María José Ardao, dijo a El Espectador que se había refugiado en el ferrocarril y que no se les permitía salir de los lugares asignados. Mostró preocupación por el momento en el que serían evacuados.

«Acá nos avisan muy poca cosa y ahora pusieron comunicados en las puertas de que, aparentemente, hay cuatro helicópteros de la Fuerza Aérea peruana, cuatro de Estados Unidos y dos que alquiló la compañía», agregó.

 

Posibilidad de evacuaciones

La posibilidad de realizar evacuaciones en helicóptero, por lo menos de los visitantes extranjeros, planteó también algunas dificultades en materia de coordinación.

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