SANA MENTE
Talle de lombriz
Caso:
Alicia por fin tiene sus vacaciones «soñadas». Sólo fue cuestión de convencer a sus amigas de poner cada una para una «vaquita». Una linda cabaña cerca de la playa fue el resultado. Es la primera vez que están lejos de sus familias, así que la algarabía y el descontrol dominan por encima de cualquier «buen criterio». No han pasado más de 24 horas y los problemas parecen amenazar la convivencia.
Todas tienen hambre, pero ninguna sabe hacer nada en la cocina. Cada quien intenta dar ideas, pero el asunto es que nadie ha previsto los ingredientes para cocinar. Los más insignificantes como la sal o el aceite, no fueron tomados en cuenta a la hora de las compras. Por supuesto que decidir quien irá nuevamente hasta el supermercado que queda a 8 cuadras de la casa es origen de una discusión. Finalmente casi por cansancio se supera el asunto y se encamina la comida.
Pero éste es sólo el inicio de una serie de discusiones y gritos, ya que todo empieza a ser una amenaza a la tranquilidad. El desorden reina por doquier y la mugre empieza a acumularse. El baño está imposible: el piso mojado, las toallas usadas tiradas, son nada más que un ejemplo del caos. Alicia con su alma de organizadora y promotora de estas vacaciones ha intentado poner algo de orden en medio de las discusiones sugiriendo repartir las tares de la casa. Finalmente, fue aceptada la idea que pasó a ser sólo un fugaz intento. Las discusiones sobre quien debía hacer tal o cual cosa, quien tiene la culpa de ensuciar o dejar la ropa tirada, etc. dieron insensiblemente paso a los insultos, cada vez más subidos de tono y por supuesto las lágrimas.
Como «frutilla de la torta» la cantidad de dinero destinada a los 10 días, alcanzó sólo a cubrir los gastos de los 4 primeros. Por suerte quedaron algunos minutos en los celulares para pedir el auxilio familiar. Del otro lado la respuesta fue un sermón, pero finalmente los respectivos padres de estas jóvenes tuvieron que girar las sumas demandadas.
Y así las vacaciones «soñadas» pasaron a ser un rosario de problemas, insultos, descalificaciones, llantos y exigencias.
Comentario:
Es frecuente que los jóvenes se enfrenten a situaciones similares a las del caso de hoy. También es frecuente escuchar a algunos padres decir: «Yo no dejo que mis hijos vayan con sus amigos o amigas de vacaciones, porque no saben arreglárselas solos». Es evidente que en el proceso de maduración de un joven es necesario que entrene sus propias capacidades para resolver las distintas situaciones más o menos complicadas de la vida cotidiana. Cocinar, mantener el orden y la limpieza de una casa y sobre todo mantener el marco de respeto para un relacionamiento armónico entre quienes han decidido emprender una actividad juntos son parte de esa rutina básica para la que deben estar preparados.
La sobreprotección de los padres suele impedir la adquisición de estas habilidades para la vida. La fijeza de los roles en la familia, asignan a una persona casi siempre la madre de familia, las tareas de limpiar, ordenar, cocinar, lavar, etc. Los demás miembros de la familia pasan entonces a ser «servidos» por alguien que tiene la «obligación» de realizar tales tareas. De esta forma no se cae en cuenta de que todas esas actividades son, ni más ni menos, parte de la responsabilidad personal como lo es la higiene individual. No es posible pensar que un adulto pretenda que le laven los dientes, Sin embargo un niño pequeño es ayudado por sus padres a higienizarse. Parte de ser adulto también es responsabilizarse por el cuidado personal. Esto involucra procurar su propio alimento, mantener su higiene y la armonía de su entorno. Si bien es posible mejorar la eficiencia de un grupo organizando, algunas tareas que son comunes como cocinar o limpiar, asignándolas momentáneamente a algunas personas, no quiere decir que existan seres a quien se les deba tener que «servir» porque son «incapacitados» para hacerse cargo de limpiar los residuos que ellos mismos producen en sus actividades.
Ni que decir de la administración del dinero. Las anteriores y ésta deben ser destrezas para la vida que son parte de la educación que un niño debe recibir de sus padres. No se adquieren de la noche a la mañana porque se cumpla la mayoría de edad. Es un lento proceso que involucra la responsabilidad por el cuidado de lo propio, la previsión para el mañana y la confianza en la propia capacidad para decidir. La ausencia de este aprendizaje coloca a los jóvenes en continuas situaciones de desborde y estrés que los atrapan en una situación ambivalente. Por un lado se creen muy maduros como para ir solos por el mundo y por otro se encuentran con carencias instrumentales que los condenan a la dependencia y la frustración. El resultado es una falta de confianza para enfrentar la vida, encubierto por una actitud de «aparente despreocupación» y rebeldía. El resguardo es la aparente comodidad de la sobreprotección familiar que los encierra en una vida sin aspiraciones propias, con grandes indecisiones y con muchas dudas sobre su valía. En todos los casos la baja tolerancia a la frustración los coloca en una situación de vulnerabilidad para la vida.
Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983
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