Una vida de novela
Interpretaba en radio a «Marieta Caramba», con libretos de Julio Suárez, «Peloduro». Comenzó a hacerlo en radio Ariel y el sarcasmo y la ironía no perdonaban a nadie, ni a Luis Batlle Berres, quien por ese entonces era el propietario de la emisora y además el Presidente de la República.
Lejos de mostrarse ofendido, Don Luis la saludaba del otro lado del vidrio haciéndole también en tono de broma alguna señal de que la iba a castigar.
La anécdota es claramente ilustrativa de una época, de un país, de una cultura, de un momento de características singulares y que se corresponde con el tiempo en el que Jébele Sand o Josefina Basovich, dejó su huella en las orillas del Plata.
En todos los aspectos fue una mujer excepcional. El hecho de provenir de una familia judía llegada a la región a comienzos del siglo XX le permitió manejarse despojada de las inhibiciones culturales y sociales que prevalecían en su época.
Se convirtió entonces en una adelantada a su época, al tiempo que su inteligencia que resplandece en cada una de las respuestas que surgen en el libro y también su belleza, que ella llegó a valorar muy críticamente, le facilitaron el contacto social, la desenvoltura y la posibilidad de hacer carrera teatral, una de sus más acentuadas pasiones.
Octogenaria avanzada, el libro recoge sus definiciones, propias de una persona de lucidez impecable, y la profunda decepción que le produce una enfermedad en la mácula que le impide leer.
Y esas impresiones son las de alguien que estuvo siempre cercana a los niveles de decisión, a la gente con poder, a los protagonistas de su tiempo. Unido a su memoria y su capacidad de análisis, el relato que se construye a partir del libro es interesante, ameno, ilustrativo, estimulante y en muchos casos removedor.
De esta forma, sus opiniones y anécdotas son las propias de una protagonista, de quien vivió los acontecimientos en primera línea, y en más de una ocasión se balancean entre sus vivencias de jovencita y sus reflexiones de anciana.
Rodney Arismendi, Pablo Neruda, Raúl González Tuñón quien le dedicó el poema «Blues de las adolescentes», Julio Suárez, Alfredo Zitarrosa, Julio César Grauert, Julio Adín, Juan Carlos Onetti y Ruben Castillo, entre muchos otros, pasan así en las páginas del libro, definidos con perfiles precisos, muy agudos, en combinación con las experiencias de una mujer que recorrió buena parte del siglo XX y que supo verse a sí misma y a su entorno.
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