SANA MENTE

El mantel manchado

Caso:

Juanita está contenta, este año armaron un árbol de navidad gigante al lado de la chimenea repleto de chirimbolos y luces de colores. A su alrededor se ven un montón de regalos de distintas formas y tamaños envueltos en papeles brillantes y con unas grandes moñas rojas y verdes. Parece una navidad de película.

 

Teresa desde bien temprano tiene la comida pronta. Es un acontecimiento, hoy por fin luego de tantos años se reunirá toda la familia. Juanita ha estado todo el día preguntando: «Ma, ¿por qué los abuelos no vienen siempre a casa?, ¿por qué… y por qué…?».Teresa no sabe que contarle a Juanita, solo espera que esta noche la fiesta se desarrolle en paz y no quiere recordar aquella Navidad trágica. Vendrán también sus tíos y primos. Es todo un acontecimiento.

 

La casa está que brilla, la mesa del comedor tiene un espléndido centro de mesa y se estrena un mantel alusivo a las Fiestas. Solo falta que caiga la familia.

Juanita tiene la convicción que Papá Noel le traerá todos los juguetes que pidió en su cartita. Se ha portado muy bien especialmente en la escuela. Es solo cuestión de esperar la gran fiesta y los regalos. Una vez más repasa en voz baja la canción que ha preparado para sorprender a los abuelos.

 

Ya están todos reunidos alrededor de la mesa mientras el tío Pedro inicia su repertorio de chistes. Brindis va y brindis viene, poco a poco las voces van subiendo de tono. Las carcajadas van dando paso a los gritos. De pronto la cara de todos se ha transformado. Teresa intenta apaciguar los ánimos y con lágrimas en los ojos está intentado agarrar al abuelo.

 

En un instante el centro de mesa está en el piso, el mantel nuevo manchado y las copas se han estrellado una y otra vez en el piso. Es un caos. Todos gritan, se cruzan insultos y las corridas dan paso a un portazo. Se terminó la fiesta, la cartita, los regalos, la canción preparada para la ocasión y sobre todo las ilusiones.

 

Será por eso que hoy Juanita ha decidido pasar estas Fiestas sola. Sus padres y abuelos ya no están, no tiene hijos y no le atrae reunirse con la familia de sus primos. Un sabor amargo le viene a la boca cada vez que se acercan estas fechas y no quiere ni siquiera armar un arbolito en su casa. Desearía acostarse a dormir y no enterarse de los preparativos de las Fiestas, la gente comprando, los niños con sus pedidos, los adornos, las corridas. Todo esto le parece hueco y le produce desasosiego.

 

«Es solo un día más y que pase pronto» piensa Juanita arrollada en su cama mientras hace fuerza para dormir. Afuera los fuegos artificiales y los cohetes hacen su aparición.

 

Comentario:

Las Fiestas de fin de año son tradicionalmente momentos de reunión de la familia en los que especialmente los niños dejan volar su fantasía. Los padres se suman a ella y disfrutan de esos ojitos ávidos de descubrir las sorpresas que Papá Noel traerá si la economía familiar lo permite.

 

Más allá de la connotación religiosa que no está presente para todos, en general se promueve la reunión familiar. Es así que haciendo eco de la tradición se reúnen quienes por distintas razones no se han visto hace tiempo. Facilitados por el alcohol, surgen rápidamente las discrepancias desde los temas más serios y filosóficos hasta los más triviales. Todo se convierte en una gran ensalada de críticas y comparaciones más o menos encubiertas hasta que el clima se va enardeciendo. No tardan entonces en surgir las agresiones más o menos violentas en función de la dosis de alcohol ingerida y de la natural «forma de ser» que es esgrimida como justificación.

 

Es evidente que la pretendida Noche de Paz pasa a ser todo lo contrario, dejando entonces un sello de vacío y amargura como el de Juanita.

 

A la hora de las reuniones de familia en esta noche especial o en cualquier otra, es bueno detenerse a pensar si de verdad se está dispuesto a resignar la confrontación de ideas en pro de una verdadera fiesta en paz. Si no es así y se sabe que la famosa «manera de ser» o la convicción de determinadas posiciones harán imposible la reunión afable, tal vez es hora de evitar cumplir una tradición de disputas y malos momentos.

Será hora de tomar la decisión saludable de reunirse con quien es posible un intercambio amable sea familia o no. Rescatar la posibilidad de dedicar un instante a la reflexión y al disfrute de los logros obtenidos o al recuerdo de los buenos momentos pasados con seres queridos que ya no están. Y no olvidar de brindar con alegría por aquellos que si bien lejos también tienen las ilusiones y los deseos de una verdadera noche en paz. Es momento de modificar en el presente recuerdos de noches no tan buenas del pasado y poder así mantener la esperanza de otras mejores en el futuro.

 

Es clave entonces resignificar este presente con la posibilidad de elegir pasar en la mayor paz y tranquilidad posibles con las posibilidades al alcance. Esto implica hacer centro del pensamiento en los aspectos positivos -que siempre los hay- valorando la posibilidad de elegir vivir las mismas circunstancias con malestar o en un saludable bien-estar. Y ya sea solos o acompañados desearnos una ¡Felices Fiestas!

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