Brindis de queimada por el futuro

Un «brujo», en penumbras y en medio de un profundo silencio, elaboró en Piriápolis la «queimada», una bebida cuyo origen aún se desconoce, aunque se lo atribuyen a los celtas.

La bebida, preparada a base de aguardiente, azúcar y algunas frutas, como el limón y la naranja, es una poción que en llamas toma los «conjuros» del queimador o brujo. Desde tiempos remotos, se ha bebido este preparado después de las comidas; en la paella gigante de Piriápolis ya es una tradición.

Todo el ritual de preparación está dirigido a alejar a los malos espíritus y a las «meigas» que, según la tradición, acechan a los hombres y mujeres para intentar maldecirles, ya sea por diversión, por venganza, por algo que han realizado anteriormente o por cualquier otro motivo.

Cualquier ocasión es buena para realizar una queimada: una fiesta, reuniones familiares o de amigos. Tras la cena, en la oscuridad de la noche (uno de los mejores momentos para realizarla), los comensales se reúnen alrededor de la queimada, para animar los corazones y estrechar los lazos de amistad. El queimador se encargará de darle el toque final levantando con un cucharón el líquido en llamas y dejándolo caer poco a poco en el recipiente, mientras pronuncia el conjuro, lo que crea un ambiente muy especial. Esta vez, en Piriápolis, se pidió por todos los presentes, por la temporada en el balneario y por el éxito turístico de todo el país.

Una de las características salientes del momento de la preparación es el fuego de color azulado que toma todo el recipiente que se utiliza y se disipa en el aire cada vez que el queimador eleva el cucharón con la poción encendida.

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