SANA MENTE

La mejor versión de la vida

Caso

Juana acaba de regresar a su casa luego de una operación de urgencia. A pesar del dolor que la cicatriz operatoria le produce, de los gastos extras, de las cuentas atrasadas, de los compromisos laborales suspendidos y un sin fin de otras dificultades que toda persona que alguna vez se enfermó o tuvo que estar internada conoce muy bien, Juana está sonriente. Sus amigas y familiares se sorprenden al verla tan animada y con tantos deseos de reponerse para ir solucionando los problemas que se han acumulado. Su especial mirada optimista la lleva a manejar esta situación pensando en los aspectos positivos que esta situación ha producido. El brillo de su mirada y la fuerza de su yo se traducen en sus gestos y voz, brindándole un halo de frescura a pesar de sus años. Ha recibido la llamada de muchas personas que le brindan su cariño y se siente muy reconfortada por este apoyo.

Este episodio podría ser contado desde otra mirada y el resultado sería el siguiente: Juana acaba de ser operada de urgencia, podría haber sido una operación sencilla, pero como se demoraron estuvo al borde de la muerte. Pobrecita, con todos los problemas que tiene… arriba le viene a pasar esto. Le han quedado muchas cuentas para pagar y por supuesto ahora además tiene los intereses. No sé si va ha poder con todo. En el trabajo, seguro que va a tener problemas. Otra vez un parte médico, con lo exigentes que son sus jefes. Este no es su año, sólo ha tenido problemas. Además la gente no se ubica y la llaman por teléfono para saludarla, pero así no la dejan ni descansar. No se dan cuenta que está dolorida y con tantos problemas, qué ganas le van a quedar para hablar por teléfono. Está solita con todos sus problemas, es una desgraciada, nada le sale bien.

 

Comentario

La vida es una sucesión de hechos que pueden ser vividos desde una visión optimista o pesimista. Este razonamiento que popularmente se conoce como «ver el medio vaso vacío o el medio vaso lleno» es con gran frecuencia confinado sólo a un enunciado. Sin embargo, tiene el enorme valor de dar el marco de referencia con el que se pueden vivir los distintos momentos de la vida. Es como decorar una habitación. Tal vez unos muebles no tan nuevos lucen mejor si las paredes del entorno están limpias o pintadas con un color que consigue un ambiente acogedor y armonioso. Por el contrario, si las paredes están descascaradas, sucias o pintadas en tonos tristes, muebles aún nuevos, no lograrán un efecto armónico y agradable.

Los hechos de la vida toman el color del estado anímico con el que son vividos. Una persona pesimista no puede descubrir en los acontecimientos cotidianos ningún logro. Todo está teñido de pesadumbre que desvaloriza su propia capacidad para enfrentar sus circunstancias. Su mirada resalta siempre lo negativo, las ausencias. Como en el relato pesimista del caso de Juana, no se consigue ver el apoyo que los amigos dan con sus llamadas. El resultado es la vivencia de soledad. La mínima situación favorable es de inmediato devaluada con un «pero» que le agrega dolor, tristeza o gravedad. El relato apunta siempre a hacer los méritos necesarios para conseguir el lugar de la persona más triste, sacrificada o desgraciada. En esta carrera hay una ceguera selectiva que impide ver la posible salida a los problemas, el alivio al dolor, la compañía y el apoyo de los amigos. En este camino en el que nada se valora salvo el dolor y el sufrimiento, las posibilidades para revalorar aún los pequeños logros cotidianos son desperdiciadas. Finalmente pobre, desgracia, impotencia son el vocabulario más frecuente de las personas con una visión pesimista de la vida.

Amigo lector si le preguntaran -¿Cómo te va? ¿Cuál sería su respuesta?

-Mal, cómo querés que me vaya, con todas las cosas que me pasan… fijate que bla, bla, bla… y para colmo de males…..

O por el contrario:

– Bien, me pasó de todo, a pesar de lo cual estoy mejor, he conseguido… y además me di cuenta que tengo muchos amigos. Después de todo acá estoy luchando, así que estoy bien.

Uno y otro relatan sus peripecias; para el pesimista son un rosario de penurias, pérdidas o sufrimientos. Para el optimista son una sucesión de hechos que se pudieron enfrentar, por ello el relato se centra en lo que se gana, se supera o se logra. El pesimista es el sujeto pasivo de las acciones de los «otros» en los que se incluyen los «problemas» que lo confinan a un mundo pasivo de sufrimientos. El optimista es el sujeto activo que lucha, que enfrenta, que supera.

La posesión del optimista es un mundo saludable en el que es posible mejorar un entorno desfavorable, superar las adversidades y lograr el mayor bienestar posible en las condiciones presentes. En cambio, un mundo no saludable en el que se propicia la enfermedad es el patrimonio del pesimista que cae sin saberlo en su propia trampa. Su único logro es conseguir un mundo en el que el malestar domina. Esta es una sencilla prueba que muestra hasta qué punto es posible aún siendo pesimista conseguir lo que se quiere. Es hora entonces de elegir poner a la vida una mirada de optimismo y transitar un camino de verdaderos logros que apunten al bienestar o por el contrario sólo ser el «pobrecito» al que todo le sale mal.

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