TIENE LA PALABRA
La enseñanza, cuestión de Estado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hace algunas décadas, con los ajustes fiscales, devaluaciones, aumentos de tarifas públicas, etcétera, comenzó la pauperización de los salarios, y ya no fue tan atractivo ser maestro o profesor.
Es fundamental tener en cuenta esta situación.
Al mismo tiempo, el país necesitaba extender la enseñanza y se decidió que la enseñanza obligatoria pasara de primaria a secundaria (primer ciclo) y posteriormente se llevó al bachillerato. Esto trajo el lógico aumento de la matrícula y creció la necesidad de docentes.
Entonces, por un lado se incorporan menos estudiantes a Magisterio y al IPA, por otro se necesitan cada vez más docentes en primaria y secundaria, y para peor, maestras y docentes en edad de trabajar para el Estado se jubilan en cuanto pueden y complementan su paupérrima jubilación con clases particulares.
Resultado: carencia importante de maestras, maestros y profesores.
Dada la especialidad de su función, las maestras deben pasar necesariamente por Magisterio, entonces en la década de los 70 la necesidad de maestras provoca que se acorte la carrera de 4 a 3 años. Aún quedaban docentes especializados en Magisterio para preparar a las nuevas maestras (pero en menor plazo); con el paso del tiempo se resiente la capacitación.
Secundaria echó mano a los «precarios».
En el reglamento de Secundaria se establece que para dictar clase se debe ser profesor titulado. Pero la realidad manda, y desde esa fecha hasta hoy no ha podido bajarse la proporción de precarios, hoy sigue siendo ¡alrededor del 50%!
Precario es por ejemplo un estudiante que se encuentra en primero de alguna facultad de ciencias y se presenta en Secundaria como aspirante a dictar física o matemática. Como existe déficit en esas materias, seguro que obtiene horas para trabajar. Y comienza a «enseñar» esas materias, con un nuevo agravante, y es que Secundaria no le controla expresamente. Y puede darse el caso de que ese «precario» pase 15 años dando clase en nuestros liceos ¡sin que lo haya visitado un solo inspector!
¡Porque la gran paradoja es que tampoco hay suficientes inspectores! ¡Y los que califican el rubro «docencia» son los directores! Que podrán ser excelentes directores y probablemente muy buenos docentes en «su» materia, ¡pero un docente de literatura (por ejemplo) no puede evaluar a un profesor de física o matemática!
Y si alguien piensa que esto es la excepción, se equivoca de medio a medio.
Parece claro que el origen de esta situación fue el aspecto económico pero luego de varias décadas esas deficiencias contaminaron otras áreas.
Los docentes han recuperado bastante poder adquisitivo, pero aún siguen lejos de lo deseado. Pero una vez alcanzados ingresos medianamente decorosos, los próximos incrementos deberán realizarse a través de contrapartidas de capacitación.
A los docentes precarios se les deberá exigir la realización de algunos cursos y posteriores evaluaciones. Estos cursos no deben ser tan complicados de instrumentar. En el momento actual, basta que un docente experimentado lo dicte una vez a varios. Luego, si ese cursó se filmó, podrá trasmitirse a través de una pantalla, por alguno de los que lo recibieron en directo.
En cuanto a los titulados, muchos de ellos han subido en el escalafón, casi por el paso del tiempo, a pura antigüedad; allí también los aumentos deberían ser posteriores a algún tipo de evaluación.
Con respecto a los maestros y más adelante los profesores, se debe aprovechar el Plan Ceibal para la puesta al día de los docentes.
Eso ya se hace en otras partes del mundo.
El alumno (docente) con una clave ingresa a una página Web donde se dicta el curso por Internet. Lo puede grabar, ver y oír todas las veces que quiera. Desde Primaria (o Secundaria) se fija día y hora en varias ciudades importantes del país. Asisten los alumnos (docentes) y se les entrega una hoja impresa, que acaban de recibir en el lugar donde se encuentran, desde la sede central. Allí está la prueba que deben rendir. De acuerdo a los puntajes se podrá subir o no en el escalafón.
Hasta ahora me referí someramente a la parte interior de la enseñanza.
Nadie puede dejar de considerar el gran cambio negativo que ha ocurrido por décadas en la preparación y disposición con la que llegan muchos alumnos a la enseñanza formal.
Esto es un verdadero problema social.
Se habla de crear escuelas de tiempo completo y está muy bien, pero eso se debe abordar desde otros ángulos también. Porque los muchachos deberán seguir viviendo con sus familias, claro.
Los padres de los muchachos problemáticos pertenecen a una o dos generaciones de uruguayos que han sido excluidos en las décadas anteriores. Entonces no podemos quedarnos de brazos cruzados, diciendo que esto es un problema social. El tema es tan sencillo como que esos padres no pueden dar lo que no recibieron. Debemos introducirnos en sus casas, de la manera como ya lo hacen otros: a través de la TV. Es imperioso que también para esto debamos tener un canal estatal con mayor presupuesto.
Puede ser el 5, o abrir otra señal de aire, si la técnica lo permite. No me pidan que también diga el cómo. Para eso hay especialistas, psicólogos, comunicadores, los llamados «creativos», etcétera; deberían establecer temas y formas de presentarlos que sean atractivos para los universos a los que se quiere llegar. Tenemos excelentes actores que podrían poner su arte al servicio de la comunicación. La idea sería que esos padres, abuelos y familiares supieran qué significa tener un adolescente en secundaria, cómo se lo debe apoyar, qué valores deben resaltarse, cuáles son las consecuencias de un abandono escolar, los embarazos adolescentes, etcétera. En resumen: darles algo de lo que les reclamamos a ellos.
Esto debe complementarse con gran dedicación de asistentes sociales y, por qué no, de docentes y maestras jubilados que deseen aportar y mejorar en algo sus ingresos a través de viáticos, si la ley no permite otra figura.
Otro aspecto es el de potenciar a UTU a niveles bastante superiores a los actuales. En la actualidad ya se notan cambios internos, de programas, de disposición de docentes y directores. Pero se debe ir mucho más allá. Se deben promocionar todos los cursos, con sus programas. Tiene que haber un acuerdo con la Cámara de Industria, con la central de trabajadores.
Se deben programar cursos cortos para tener una cierta especialidad que permita trabajar y estudiar. Las empresas pueden tener una exoneración de tributos en relación a un cierto porcentaje de los empleados que tomen si son egresados de UTU.
Al poco tiempo esa sería la mejor promoción para UTU. ¡Por favor, dejemos de lado el vetusto planteo de que UTU prepara obreros para alimentar al capitalismo! Estamos en emergencia social de varias generaciones, salvemos a esta. Pongamos al país en franco desarrollo y luego discutiremos el devenir de las siguientes generaciones.
LUIS FERNANDEZ.
Compartí tu opinión con toda la comunidad