El cooperativismo festejó en San José
El viernes, en la planta industrial de «Polímeros» una sencilla ceremonia puso fin a una etapa y abrió otra. Los trabajadores, integrados en la Cooperativa Industrial Maragata (Coopima), después de varios años de trabajosos trámites llegaron a un acuerdo con los bancos acreedores y la Justicia autorizó un contrato de arrendamiento de la planta.
Con el apoyo financiero del Banco República, garantía, asesoramiento de la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), participación del Ministerio de Industria y el beneplácito generalizado del movimiento cooperativo, el proceso de puesta en marcha se inicia. En 90 días la fábrica podría comenzar a producir.
El ingeniero Héctor Troncoso, quien fuera gerente de Polímeros Uruguayos SA, es el presidente de la cooperativa; a su vez, el presidente del viejo y combativo sindicato, Francisco Rodríguez, también integra la directiva.
Convocados para la celebración, estaban los trabajadores y sus familias, autoridades locales y nacionales: «Un conjunto de amigos que en diversas etapas y de variadas formas nos apoyaron», definió Troncoso a la concurrencia.
Estaban presentes, entre otros Tomás Alonzo, vicepresidente de la CND; José Sarachu, un referente del movimiento cooperativista; representantes de las empresas recuperadas por los trabajadores y Jorge Alvariño, de la Federación de cooperativas.
Estaban también presentes los diputados del departamento, el intendente de San José, Juan Chiruchi, y también el legislador Gustavo Bernini, quien tuvo una actuación importante como articulador entre los cooperativistas y el gobierno, para ir destrabando sucesivos escollos que se presentaron.
Troncoso agradeció a todos en general, sin mencionar a nadie en especial. Comparó el proceso con un viaje en avión en el que los trabajadores dejan de ser meros pasajeros, que van donde los llevan y en manos de los pilotos está su destino, para pasar a la cabina y tomar la responsabilidad de la conducción.
Para San José es todo un símbolo de nuevos tiempos, para casi todos fue una sorpresa.
El proceso fue llevado con discreción, sin movilizaciones ni reclamos estridentes. El proyecto se fue ajustando con el asesoramiento de diversos niveles del gobierno, con empresas afines, la Universidad que impartió cursos de cooperativismo, actores locales que facilitaron contactos al más alto nivel para convencer y convocar un apoyo cada vez más amplio.
Los cooperativistas tienen por delante una oportunidad excelente, pero nada les fue regalado. Fueron muchos años de esfuerzo y les espera otros tantos, para poner la fábrica en producción y hacerse un lugar en los mercados.
Su éxito sería una demostración, un ejemplo de que existen otros caminos y otra lógica para producir, que no es la estrictamente capitalista.
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