Sueño realizado. El amor todo lo puede

Casamiento en el centro de reclusión de Durazno

Para internos, familiares, amigos y guardias del Centro de Reclusión de Durazno el viernes no fue un día más. El acondicionamiento del patio para las ceremonias civil y religiosa, y la elaboración del lunch generaron desde las primeras horas un movimiento nada habitual en el recinto sito en la décima quinta sección del departamento.

Pasadas las 16 horas, tras las rejas y con el nerviosismo propio del momento que les tocaba vivir. Sergio Figueira Quinteros, de 33 años, y Claudia Vanesa Carbajal, de 24, oriundos de la vecina ciudad de Trinidad contrajeron matrimonio; trámite que en libertad, pero requeridos, no pudieran cumplir años atrás.

La historia de vida de estos dos jóvenes a los que, aseguran, la proximidad con Dios les cambió la vida, ha tenido etapas duras y momentos de suma felicidad como el nacimiento de una hija que, con la picardía de sus cinco inocentes años, se encargó de poner la cuota de alegría durante la ceremonia.

El amor todo lo puede afirmó Sergio. En diálogo con LA REPUBLICA manifestó que el «sueño del casamiento» estaba de un buen tiempo a esta parte.

Aún cuando en su momento se fugaron ­él del centro de reclusión, ella del INAU­ con dicha finalidad, el sueño debió esperar.

«Nos fuimos de agregados, yo trabajé en el puerto, pusimos un puesto en la feria y nos compramos una casa». Recuerda que dormían en un colchón sobre el piso y tenían decidido contraer matrimonio pero ­como en todas las historias de amor suele haber un pero­ los capturaron.

«El sueño debió esperar hasta hoy, esperamos salir adelante legalmente; con el apoyo que otros no han tenido», señaló con alguna lágrima en sus ojos.

 

Vida nueva

Sergio se encuentra detenido en el Centro de Reclusión de Durazno sin procesamiento y con un prontuario en el que aparecen delitos por proxenetismo, tenencia y suministro de drogas y la mencionada evasión.

Tras la estadía en un centro de rehabilitación donde ha encontrado apoyo de internos, guardias, miembros del Patronato de Encarcelados y Liberados y de la Iglesia, espera salir para comenzar una nueva vida. «Aquí no hay presos, somos una gran familia a diferencia de otros lugares como Libertad», penal en el que estuviera recluido años atrás, «donde a los internos los tratan como animales».

No nacemos delincuentes, podemos cambiar y ser como el resto, precisó.

 

El apoyo de la Iglesia

Claudia Carbajal, que permaneció buena parte de su vida en el INAU, dice estar dispuesta a seguir luchando, de la mano de Dios. Actualmente reside con su abuela y los padres de Sergio ya que cuando éste volviera a caer en prisión debieron vender la vivienda que tenían.

Destacó el apoyo brindado por la Iglesia Evangélica que semanalmente lleva su palabra de fe y esperanza a los reclusos.

«Tres internos que se fueron en libertad están viviendo en la Iglesia y trabajan legalmente en un horno de panadería que se les proporcionó». Paralelamente, el Patronato brinda herramientas para que los reclusos trabajen, se sientan útiles: crían cerdos, gallinas y hacen quinta, agregó Claudia.

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