TIENE LA PALABRA

PET para todos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Cuándo le daremos una rápida satisfacción al doctor Henry Engler para el inmediato uso del Sistema PET (tomografía por emisión de positrones).

El PET permite la detección precoz del cáncer y otras patologías.

Nos preguntamos por qué la ministra de Salud Pública se abroga el derecho del uso de la tecnología PET sólo a través del Estado restringiendo su uso (inmediato) a la Salud Pública.

Creemos que la Salud Pública (pública) no puede tener restricciones y menos de su ministra, quien debería ser la primera en la fila de apoyo al PET, de grandes beneficios a toda la población.

Lamento que mi amiga la doctora María Julia Muñoz esté en dicha posición. Espero que en el futuro tenga la posibilidad de rehabilitarse.

Con el afecto y estima de siempre

JULIO CESAR GOMEZ – TEL. 0991666…

 

La debacle del Partido Nacional y los colorados

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Los blancos nacieron en la batalla de Carpintería, frente a los colorados. Unos usaban la divisa colorada y otros la divisa celeste, que desteñida por el sol se fue transformando en blanca. Los colorados siguieron siendo colorados hasta que «el Pepe» José Batlle y Ordóñez intentó en la revolución del Quebracho terminar con esos nombres que en los hechos no representaban nada de nada. En esa revolución Batlle y Aparicio Saravia pelearon juntos. Aparicio era integrante del Partido Nacional, no, rematadamente no, se puede considerar que era blanco; todo venía de la revolución de las lanzas, donde Timoteo Aparicio era blanco y eso llamó la atención a los hermanos Saravia, de donde surge que unos eran blancos y al menos otros colorados, y según lo manifestara Sanguinetti, serían parientes suyos. Aparicio Saravia anduvo por el estado de Río Grande en Brasil después de la derrotada revolución de los «farrapos» y en una epopéyica travesía cruzando montes y selvas, se internó en Argentina y en Monte Caseros cruzó al Uruguay. Después de una estadía en Salto volvió a sus estancias de Cerro Largo. Intentó organizar otra revolución dentro del Partido Nacional, pero clara cuenta se dio de que el tal partido político no existía y comenzó a despotricar contra «los doctores de la capital», y con su dinero y el de otros organizó en Cerro Largo la revolución del 97, que en los hechos tendría su fin en 1904. En esa revolución actuó esporádicamente el doctor Herrera, abuelo del actual Lacalle; también actuó Florencio Sánchez. De estos dos personajes se destaca el de Florencio, que llegó a escribir un libro, «Cartas de un flojo», que el llamado Partido Nacional se encargó de hacerlo desaparecer. Florencio era de corte «anarquista» y desnudó abiertamente las falencias de una revolución. En cuanto a Herrera, su tarea consistía en cruzar enfermos para Brasil, no servía para ninguna cosa. En 1904 el que actuó solo contra todos fue Aparicio Saravia y sólo lo pudo derrotar Batlle ante una traición de un caudillo de Rivera, Cabrera, blanco también, y sus propios errores personales. Documentos encontrados demuestran que Aparicio estaba en contacto con Batlle. El intento era formar otra capital nacional, que sería Salto o Rivera. En Salto fracasó, también por traiciones, y en Rivera por los descuidos de Saravia en el propio Masoller.

Herrera continuó su trayectoria de corte algo fascista, siempre perdido con Batlle, pero al final se unió a un colorado que diera un golpe de Estado en 1933, el Dr. Terra. Ya se venía la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, comandada por Hitler y Musolini, y continuó Herrera dando vueltas sin ton ni son, tratando de acomodar el cuerpo, cosa que logró con un ex agente de la CIA norteamericana, «Chicotazo», que en la radio rural diera entrada a los transistores, donde en el campo la escucharan todos. De esa manera conformó una alianza con los colorados y llegaron al gobierno en 1959. Poco duró ese pacto, Herrera se murió y todo venía siendo un tremendo fracaso. De todas maneras sectores blancos se volvieron a juntar formando la llamada UBD; ganaron de vuelta las elecciones, pero nada tenía solución y el Partido Colorado presentó al general Oscar Gestido a la presidencia. Antes había hablado con el general Líber Seregni, pero éste ya estaba en la formación del Frente Amplio, y también hablaron con Zelmar Michelini, pero éste no aceptó pues también estaba embarcado en el Frente Amplio, y Gestido se decidió por el más infeliz de todos los diputados, un tal Pacheco Areco, y lo lleva de vicepresidente. Fue el comienzo del fin. Gestido, un hombre de probada solvencia cultural y política, no aguantó. Dicen que al destapar la olla se murió de golpe. Manini Ríos, un hombre de derecha y con el diario «La Mañana» al hombro, a las 4 de la mañana lo fue a buscar a Pacheco, que estaba de garufa con mujeres y travestis, y lo convenció de que tenía que ir al Palacio Estévez y asumir la Presidencia de la República. Temblando de miedo concurrió y asumió la presidencia, andaban rumores de otro golpe de Estado.

Después de todos esos contratiempos, Pacheco se presenta con la reelección. Como resultaba muy difícil que saliera, pusieron a Juan María Bordaberry como candidato alterno. Al final salió Bordaberry y con las «cortas cámaras del 72″, el 27 de junio comienza el período más triste de nuestro Uruguay, se instala el golpe de Estado que duró 11 años, torturas, desapariciones, asesinatos y muchas incontables cosas. De ahí procesan a Juan María Bordaberry a 45 años de cárcel y al «Goyo» Alvarez a 25 años de cárcel. Pero también aparece el hijo de Bordaberry, el Pedro, con el mismo estilo fascista del padre, y se presenta como candidato a la intendencia de Montevideo. La pierde, pero nada indica que volvería a tirarse en 2010, con el agregado de que ahora dice que votaría a Lacalle en la segunda vuelta para las elecciones nacionales. El Partido Nacional perdió votos en todo el país, los colorados en algo repuntaron, de todas maneras, por más cuentas que saquen no tienen chances de ganar la segunda vuelta. Están muy venidos a menos y el despertar se parece a una desaparición forzada, pues no tienen ningún candidato que se pueda semejar en algo parecido a una lejana solución, y menos todavía a Lacalle y mucho menos a Larrañaga, que en Paysandú perdió 8.000 votos. A ninguno de los dos lo quiere nadie, tal vez alcancen algún voto de algunos colorados, pero los pocos colorados que quedan no deben de tener muchas ganas de votar a un facho a quien aconseja un asesino serial como su padre. A la dupla Mujica-Astori sólo le faltan unos 10.000 votos y todavía con una fuerte mayoría parlamentaria ya instalada.

AURELIO PICCONE – C.I. 3.546.119-0

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