TIENE LA PALABRA

Plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Escribo a usted estas líneas en relación al artículo del analista Nicolás Grab titulado «Se acabó la ley de impunidad», publicado el 4 de noviembre. Respecto al mismo, no es mi idea en esta ocasión entablar un debate, ni expresar argumentos contra la posición sustentada por el articulista, a lo que también me siento tentado.

Tan sólo pretendo dejar en claro un error trascendente respecto a un hecho objetivo, que me parece impropio de alguien que estudie los temas sobre los que opina y que es idéntico al cometido recientemente por un columnista de un semanario montevideano, al cual también me he dirigido. En concreto considero que el Sr. Grab se equivoca u omite parte de la información, espero que involuntariamente, cuando afirma que:

«No cabe duda de que todo esto pesó en la votación, una vez que la Corte Electoral impuso la triquiñuela deleznable de su ingenioso invento: el de que no hubiera votos por No, y los votos por Sí tuvieran que competir no sólo con quienes se opusieran a la iniciativa, sino también con todos los que no se pronunciaran.»

Quien se tome la molestia de leer la Constitución con detenimiento, verá que el Art. 331 refiere a las reformas constitucionales y prevé distintas posibilidades. Los promotores de la anulación de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado procuraron alcanzarla por la vía prevista en el inciso A (iniciativa del 10% de los ciudadanos inscritos en el Registro Cívico) y en relación a ello, la Carta Magna dice textualmente: «Para que el plebiscito sea afirmativo, se requerirá que vote por Sí la mayoría absoluta de los ciudadanos que concurran a los comicios, …»

O sea que es bien claro: de acuerdo a la Constitución, para esta vía que se planteó, todos los votos que no sean Sí (por el No si existiera, en blanco y anulados), cuentan contra la aprobación de la reforma propuesta, y siempre, no sólo en este caso. Es decir que todo aquel que bajo cualquier forma (incluso quien no va a votar y paga la multa) no vota por Sí, se expresa contra la reforma propuesta. Es para otros casos, como se verá si se sigue leyendo el mismo artículo, que se determina que se debe votar «por Sí o por No». Nada entonces de «triquiñuela deleznable» de la Corte Electoral, porque la forma en que se votó, guste o no al Sr. Grab, es la que dispone la Constitución. Si actuara yo con la ligereza del Sr. Grab, tal vez podría calificar de «deleznable triquiñuela» la actitud de su columnista y de su colega WP, al tratar de desinformar a los lectores, de dejar un manto de duda sobre la honestidad de los miembros de la Corte Electoral y de buscar una nueva justificación para la derrota en las urnas de quienes vienen, desde hace años, combatiendo sin éxito con todas las armas a su alcance, contra una de las leyes que han sido sometida a más controles y ratificación populares de la historia de Uruguay.

Como procuro, sin embargo, no actuar con ligereza, digo que tal vez la pasión o la urgencia por escribir el artículo lo ha llevado a error y pido que en su carácter de analista honesto, del cual no tengo por qué dudar a priori, analice los hechos que expongo y aclare la situación. Me parece que es lo que corresponde y que toda la ciudadanía quedaría agradecida

AFG  – C.I. 1.239.845-3

 

Democracia y educación

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Todos sabemos el impacto que ha tenido el conocimiento científico y sus aplicaciones (tecnología) en todas las áreas de la sociedad, a tal extremo que muchos hablan del siglo del conocimiento, porque sin éste, resulta difícil ubicarse en la misma.

Esto constituye hoy día un nuevo factor de cambio de nuestra sociedad, y como tal debemos prepararnos para el mismo, si queremos de alguna manera ser protagonistas en el quehacer nacional.

Bienvenido el esfuerzo de los nombres de ciencia cuando los resultados se aplican al bienestar de la humanidad.

Cuando pensamos en un Uruguay productivo, aumento del valor agregado, la inclusión social, la lucha contra la droga, tenemos que pensar en la educación que trasmite: valores y conocimientos.

Necesitamos de una educación democrática y una educación puede ser calificada de tal cuando es la misma para todos los ciudadanos en todos los niveles, sea primaria, secundaria o universitaria.

Para mayor abultamiento, que el hijo del presidente, de los ministros, de los doctores, de los agricultores, de los obreros, etcétera, tengan los mismos docentes, los mismos programas, las mismas plantas físicas donde se enseña, los mismos laboratorios, las mismas exigencias etc., etc. Todos larguen de la misma gatera y el andar los separe de acuerdo a sus talentos y virtudes. Pero además debe haber un gobierno que se comprometa a mantener el mejor nivel de calidad en esa educación. En Uruguay eso fue así por mucho tiempo (habemos testigos) pero después degeneró porque había que achicar el Estado, disminuir los gastos, entonces el lema fue ‘el que quiera buenos servicios, que se los pague’. Me gustaría ver que el FA actualice nuestra educación de acuerdo a las pautas señaladas.

Doctor ANIBAL ANGONA – C.I. 2.825.884-5

 

Puentes rotos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El tifón Feldman se aplacó. En principio entendieron algunos predictores que iba a arrasar con los territorios de la izquierda, pero como siempre se equivocan, dio un giro de 90º y comenzó a dañar los territorios de la derecha.

Ante este giro todo volvió a la calma y el temporal se amainó, aunque indicaron que se habían roto los puentes; este tipo de tifones normalmente sólo los agrietan y en las primeras manifestaciones de ambos lados, predictores y detractores, enseguida se forman comisiones de ambas partes que determinan la reparación urgente de los deterioros.

Es de importancia suma que esto suceda así porque el pueblo ya está bastante cansado de estos altibajos, que crean descrédito para ambos lados. Pretende escuchar, ver y constatar que las resoluciones posteriores sean realmente un alivio, una mejora, a todos los problemas que lo acucian, con o sin tifones.

A veces parece que la experiencia de los largos años vividos en medio de calmas y tormentas no le ha servido de nada a determinados profesionales, que a pesar de parlamentar y parlamentar, no llegan a entender que hay que tener una visión muy clara del presente para crear soluciones hacia un largo y amplio futuro.

De nada vale predecir y contradecir, el tema es parlamentar y solucionar.

Esperemos que luego del 29 ya hayan pasado los vientos y sus efectos y olvidemos ese sentimiento egoísta de pensar siempre en «lo mío», para desarrollar mucho más «lo nuestro». Esto no significa perder la razón de pertenencia a una comunidad determinada, sino que el conjunto de comunidades que conforman el país está por encima de todo.

El hambre, la indigencia, la miseria, la desocupación y la ignorancia no tienen banderas, ni cintillos. Que el famoso » todos para uno y uno para todos», sea el emblema que nos guíe en el futuro.

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