TIENE LA PALABRA
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¿Los de afuera somos de palo?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El título también podía haber sido:
El principio del final.
¿Qué le impide a Lacalle un golpe de Estado si es electo presidente?
Nada.
Esa es la tétrica verdad.
Con el Senado frenteamplista con poder mayoritario se buscarían razones para disolverlo.
¿No?
Ya las clases dominantes sustituyeron un pretendido golpe de Estado con una reforma constitucional que aún hace mella en el desarrollo sociopolítico de la ROU.
Un tal Titito me viene a la memoria.
La dictadura rindió su fruto, aun cuando muchos no lo entiendan.
Los resultados de las últimas elecciones así lo avalan.
Hagamos números fáciles: El 51% de la población no quiere al FA. Hace más de 50 años Uruguay fue la »Suiza de América».
Entonces los latifundistas decidieron poner manos a la destrucción de la economía y de una sociedad donde el »no pasa nada» era común denominador de ideas.
Entonces el gobierno colorado fue cómplice del Escuadrón de la Muerte.
Y el pueblo (feo es generalizar pero…) se hizo el chancho rengo.
Hoy seguimos igual.
La dictadura rompió todos los esquemas y quizás hasta con éxito.
El uruguayo (re feo generalizar… ), con una mentalité bourgeoise sumada a l’indifferenza della solidarietá sigue en la misma…o peor.
El porcentaje de votos en blanco canta.
En esta mentalidad está la esperanza de los »rosados» para derrotar al FA en la segunda vuelta.
Los rosaditos siguen persiguiendo cucos y engañando al pueblo, que se deja engañar por comodidad.
Ellos han sido los cucos de toda la historia.
Sumamos también las cálidas denominaciones de: torturadores, asesinos, violadores de los derechos humanos…
De todos los derechos.
Los últimos 40 años de historia están ahí, en la palma de las manos de cualquier joven, en la charla de los mayores, en la cruda realidad vivida por ancianos.
¡No se pueden olvidar!
Y sin embargo la falta de vergüenza y principios han prevalecido en el resultado de la Ley de Caducidad.
La dejadez moral, el egoísmo, la envidia han dado paso para que el voto epistolar fuera ignorado.
Los de afuera, más que nunca, somos de palo. (Generalizo)
¿Nos seguirán sacando astillas?
Ya no tengo dudas de que la dictadura cumplió en parte su objetivo.
Los uruguayos de »adentro» pueden revertir los daños. (Acá sí que cabe generalizar).
Veremos, dijo el ciego.
Eso sí…
Yo no espero parado y sin respirar.
El 29, una vez fritas las tortas veremos la grasa que queda.
CARLOS QUEENSLAND AUSTRALIA – [email protected]
Petinati en el MEC
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Mi hipótesis, muy difícil de probar y muy fácil de comprobar, es que los ricos snobs (los burgueses snobs) votan a Lacalle. Al neoliberalismo.
Lacalle propone medidas políticas que no resisten análisis desde el punto de vista humanista. La aceptación de esas propuestas sólo puede ser compartida por intereses personales desde el individualismo, es decir el egoísmo, y por el snobismo de burgueses actuales o de personas que tengan el proyecto de serlo (dentro de este grupo algunos, los apresurados, hasta se animarían al delito para llegar).
¿Por qué he calificado a Hugo Achugar como neoliberal-posmoderno?
Porque propone que la población lo acompañe en un acto snob e hipócrita: fingir que le gustan las estúpidas cumbias villeras y también fingir que disfrutan de las «obras de arte» posmodernas.
El posmodernismo es la simulación snob de arte, coherente con la barbarie política denominada neoliberalismo, impuesta (Plan Cóndor – Henry Kissinger) por Bordaberry, Collor, Menem, Pinochet… que en los hechos fue (y es, de acuerdo a la propuesta de la derecha uruguaya, ahora), reducción al mínimo del Estado (para que los privados tengan cancha libre); un no a los derechos de los trabajadores; un no a los Consejos de Salarios…
El actual gobierno, aplicando políticas anti-neoliberales redujo a casi la mitad el número de pobres. Achugar realiza una operación de convalidación demagógica («una canallada de la peor especie», calificó Dolina) de las expresiones que surgen de ese drama humano que es la miseria, diciendo: «Lo que importa es que la gente tiene el derecho a elegir y los acercamos (llevándolos al MEC y prometiéndoles salir en la TV) con la cumbia villera». Sobre este punto, Oscar Larroca dice: «Ni el baile del caño supone una puerta de ingreso a formas populares, ni la danza villera, en el MEC, terminará con la falla estructural que fabricó 1.200.000 pobres en Uruguay.»
«La bailan en fiestas de Punta Gorda y de Carrasco, argumentan. Pero ese paternalismo perpetúa el statu quo que posibilita aquella marginación, y sólo maquilla el conflicto, mientras el intelectual snob enjuaga sus culpas».
Sandino Núñez dice: «Actualmente, en tiempos de paternalismos y demagogias desaparece lo genuinamente emancipatorio. Por ejemplo, la concepción política-cultural denominada «multiculturalismo», que proviene de las universidades norteamericanas, nos impone aceptar a través de sus lacayos que ahora formamos parte de una humanidad plena de características propias, pequeñas, fragmentadas, donde cada uno de esos fragmentos tiene la misma dignidad». Carlos Rehermann dice: «Esta disgregación enloquecida suele defenderse a través de discursos borrosos que postulan la diversidad como un bien absoluto. Pero la diversidad existe cuando lo diverso es unitario, entero. La fragmentación que impone esa cultura se parece a una máquina de picar carne. Eso nos impone linealmente una idea de respeto por los ‘otros diferentes’, como una exaltación caleidoscópica».
Dice Sandino Núñez: «Una rara variante del respeto ha dispuesto que la intervención educativa o civilizadora comience a ser suplantada por el principio de no-intervención social». Agrega el pintor Oscar Larroca: «La gestión del MEC glorifica y celebra el acto mismo de incorporar, o en artes, la estupidez bajo la forma de un pop de segunda mano. Es la tontería, y la trivialidad intocables».
Las radios y los canales privados ejercen el vale todo. Es el «caballito estrella» de una oligarquía uruguaya que en el vale todo incluye la mentira y el insulto, o el baile del caño, o niñas cuyos padres corrompen para aparecer en la TV, o el fast-food mediático, o los chistes idiotas de los conductores de programas, o casi todo lo que las radios y canales privados nos intentan inculcar, inclusive el terrorismo paralizante de sus informativos.
FREDDY SORRIBAS – [email protected]
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