Miguel Soler: un maestro que no deja de enseñar
Un hombre de bigotes, lentes y boina, flaco y de sonrisa joven atravesó el arroyo de Oro cargando un equipo cinematográfico para que los pobladores vieran cine.
Luego casi 30 años después, ese mismo hombre cruzó el mundo escapando de quienes «no me querían acá», tal como dijo a LA REPUBLICA el pasado lunes el propio protagonista de aquella lejana fotografía.
Lo primero fue en 1945, cuando Miguel Soler Rocca formó parte de las Misiones Pedagógicas inspiradas en una experiencia mexicana realizada desde 1923. Miguel Soler Rocca, tan flaco como antes, de lentes, sin boina, con bastón y amable trato, manteniendo su sonrisa tal como cuando era joven, celebra la educación. La celebra desde su propia experiencia, tal como la educación lo celebra a él por ser uno de los hacedores de la propia realidad educativa nacional.
El lunes se presentó un libro, el primero de una colección editada por la ANEP que recopilará obras de Julio Castro, Juan Grompone y Enriqueta Compte y Riqué. En este caso, en la obra recopilada de Soler que recoge diversos escritos se muestra a un autor «crítico y contestatario», tal como lo definió la presidenta del Consejo de Educación Inicial y Primaria, Edith Moraes.
La situación de la educación en varios momentos contada y vista desde los ojos de un hombre que dedicó su vida a la educación y en particular a la escuela rural. Soler, tras un extenso comentario por parte de Moraes, y con la humildad que lo caracteriza, se mostró agradecido por la publicación. Asimismo, narró al detalle cómo fue capaz de escribir desde el exilio, con la ayuda de maestros que vivían en nuestro país, y así como otros maestros exiliados, una crítica a los planes educativos de primaria de mitad de siglo, y del plan de Primaria de 1979, cuando aún la dictadura obligaba a él y otros uruguayos a permanecer fuera del país.
No nos olvide
En una entrevista a Miguel Soler publicada en 2006 por LA REPUBLICA, un año después de haber sido reconocido por la Universidad con el título Doctor Honoris Causa, se le preguntó: «¿Maestros eran los de antes?». El entrevistado respondió: «Yo no creo en el maestro apóstol ni en el maestro sabelotodo. Creo en el educador profesional con sus componentes éticos y profesionales». Tal vez por eso, el lunes Soler se ubicó no en el rol de protagonista, sino en el rol de «agradecido». «Debo agradecerle a mucha gente», dijo.
Uno de los momentos más importantes de la noche fue cuando leyó una carta que le escribiera Carlos Quijano con motivo del pedido de Soler de que se publicara su material en los «Cuadernos de Marcha».
«No nos olvide», terminaba la misiva. «El pide que no los olviden», dijo Soler, quien desde el exilio nunca dejó de preocuparse por la escuela rural y por el país que tanto le debía. Por tal motivo lamentó que no saliera el sí a favor del voto epistolar el 25 de octubre, ya que «era una forma de mantener los lazos», haciendo una comparación con la frase de la carta que pedía no olvidar al país.
Soler recordó a su amigo y colega Julio Castro, desaparecido durante la dictadura, a quien le dedicó palabras de agradecimiento por su obra. No pasó por alto el trabajo realizado por las Misiones Pedagógicas. Junto con su esposa, la maestra Nelly Couñago de Soler, desde 1945 organiza el Núcleo Escolar Experimental de La Mina.
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