Educación contra la droga
«Un factor puede constituir un riesgo en un contexto dado en un determinado momento y no en otro, manifestándose en forma dinámica», dice la guía «Los usos de drogas y su abordaje en la Educación», dirigida a docentes de Educación Secundaria.
«A su vez, no significa que ante la ausencia de un factor de riesgo estemos ante la presencia de uno de protección», advierte ese mismo texto.
Un planteo de esa naturaleza permite, desde un principio, advertir la densidad del problema, y la complejidad del papel que los docentes pueden jugar en materia de prevención.
La guía, de todos modos, refiere a situaciones concretas, y tiene que funcionar como una ayuda valiosa para docentes de todo el país, a quienes llegará la edición. Su origen responde a una experiencia piloto, para promover la salud y la prevención en el uso de drogas; recoge consultas y experiencias de campo de más de dos años.
El lanzamiento se realizó en la sede del Impresiones y Publicaciones Oficiales, y el contenido editorial responde a una tarea conjunta del Codicen, la Junta Nacional de Drogas (JND) y el Consejo de Secundaria.
Dentro de sus contenidos se encuentra un marco teórico basado en la selección de artículos, con aportes técnicos en materia de salud y prevención, sugerencias sobre cómo trabajar desde las asignaturas, o de venta objetivos programáticos, lineamientos para trabajar con los emergentes, cómo analizar la entrevista con el alumno en problemas y cómo proceder en casos del ingreso de drogas al local estudiantil, o de venta, entre otros asuntos.
La guía destaca que «las motivaciones para el consumo de sustancias también son diversas según sus efectos, no es lo mismo buscar un efecto sedante que uno que anime u otro que desinhiba» y explica que «no será la misma motivación que busque un niño perteneciente a un medio socio-económico deprimido al inhalar pegamento, que la que busque un joven perteneciente a un medio socio-económico alto al consumir cocaína».
«Más allá de que los efectos buscados sean los mismos o similares, es muy importante considerar las motivaciones, ya que a la hora de planificar estrategias preventivas, serán bien distintas», destaca.
Del mismo modo subraya que «la influencia de la familia es determinante tanto en la construcción de la identidad personal como en el desarrollo de pautas de relación con los otros» y admite que «existen determinados modos de ser y estar en familia como también de relacionarse con los hijos, que pueden favorecer el desarrollo de consumos problemáticos».
Factores de riesgo
Hechas esas precisiones la guía señala que «se consideran factores de riesgo, una historia familiar de consumos problemáticos de drogas y/o de comportamientos antisociales; problemas de manejo familiar (escasas habilidades sociales); desorganización familiar; sobreprotección; no habilitación a la autonomía; falta de comunicación; dificultad para fijar límites y sobreexigencia».
En la consideración de cómo pueden operar los factores de riesgo a nivel individual, advierte que en la etapa infantil pueden aparecer elementos que «en caso de consolidarse en la estructura cognitiva, afectiva y comportamental del niño, pueden llegar a conformarse como verdaderos factores de riesgo, sobre todo si ellos viven en contextos familiares, escolares y sociales poco favorables para una vida saludable». Aconseja por eso «no perder nunca de vista la perspectiva social», y destaca que «en este marco social habrá que situar los múltiples indicadores de riesgo», entre los que enumera: pobre autoconcepto y baja valoración de sí mismo, bajo autocontrol, escasa capacidad para controlar sus impulsos, deficiente desarrollo de la capacidad para la autoexpresión emocional, problemas en la exteriorización de las emociones, escaso desarrollo de la empatía, fracaso en la detección de los estados emocionales de los demás.
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