Sordera. La estimulación localizada

Con electrodos es posible una intervención para que los niños recuperen la audición

Un implante de electrodos permite que los niños desarrollen sus capacidades auditivas, que en Ecuador se realiza sin costo para quienes no disponen de los recursos económicos, y viene dando excelente resultado.

Según la médica a cargo del área de otorrinolaringología Susana Rodríguez el costo del implante, sumando gastos por honorarios de los especialistas y la terapia posterior, podría llegar hasta unos U$S 40.000 en un sanatorio privado.

Ese gasto es asumido por el Estado en el caso de los niños que son aceptados dentro del programa. El implante consiste en un filamento que contiene electrodos, los cuales, al ingresar al interior del oído se ubican dentro de la cóclea ­de allí el nombre de implante coclear­ y estimulan el nervio auditivo.

En una primera convocatoria efectuada por el Ministerio de Salud de Ecuador a principios de 2008, cerca de 300 niños con sordera se presentaron al Hospital Baca Ortiz.

Pero no todo niño hipoacústico o sordo está calificado para recibir el implante. La doctora Rodríguez explicó que la edad es crucial para determinar un candidato. Un niño de dos años que recibe el implante es capaz, tras un año de terapia, de decir unas diez palabras completas. Eso es mucho más difícil en niños más grandes.

«Los niños hipoacústicos poslinguales, aquellos de más de tres años que por diversas razones fueron perdiendo la audición, son aptos para el implante, pues ellos tienen en el cerebro la información auditiva. Por otro lado, los pequeños que nacen con sordera deben recibir el implante antes de los tres años, pues sólo con él aparece el oído», apunta Rodríguez.

En ello coincide Jenny León, terapeuta del lenguaje del hospital, quien manifiesta que la recuperación de la capacidad de hablar en un niño sordo y el desarrollo del lenguaje hasta llegar a una edad adulta son más exitosos si el pequeño recibió el implante durante el período de plasticidad cerebral, de 0 a 3 años.

«Un niño de dos años que recibe el implante es capaz, tras un año de terapia, de decir unas diez palabras completas. Eso es mucho más difícil en niños más grandes», explica León.

Antes de la operación, los infantes considerados aptos para el implante deben pasar por diversas áreas médicas como psicología, pediatría, radiología, genética y otorrinolaringología. Los implantes, colocados por médicos ecuatorianos, son importados desde Estados Unidos, Europa y Australia por empresas comerciales en Ecuador que mantienen un acuerdo con el Hospital Baca Ortiz y, para ser utilizados, deben contar con la aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés).

Los médicos del Hospital Baca Ortiz esperan seguir recibiendo el aporte del Estado ecuatoriano para el programa de implantes cocleares. El plan es llegar a 90 niños operados a fines de este año y continuar con el servicio durante 2010.

 

RESULTADOS CONCRETOS

En el Hospital Baca Ortiz, las doctoras Rodríguez y León no ocultan su emoción al recibir para una evaluación a un grupo de los niños que fueron operados allí. «Para mí es un regalo que me puso Dios para servir a los niños pobres de mi país», dice Rodríguez, quien ha participado en las 73 operaciones efectuadas hasta la fecha. «Los niños corren de un lado a otro, ríen, pronuncian palabras, medias palabras y otros llegan a decir frases completas». Todo ello mientras sus padres relatan lo que ha significado para ellos y sus hijos este proceso. «Al año y medio mi hijo tuvo meningitis y a causa de ello le vino sordera. A los tres años no escuchaba nada. Empezó a usar audífonos y luego intentamos que lograse hablar con terapia de lenguaje, pero eso no funcionó», cuenta Marta Sinchiguano, madre de Eric Hurtado, de 12 años. «A los 11 fue operado con el implante y ahora él entiende y puede conversar un poco. Ya es capaz de medir el peligro cuando está en la calle, y ha podido ir a la escuela y compartir con niños que no tienen su problema». Por su parte, Paulina Verdezoto relata que a su hijo Alex Altamirano, de 7 años, «lo operaron cuando cumplió seis años. Fue una felicidad grande escucharlo decir sus primeras palabras».

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje