TIENE LA PALABRA

La diáspora traicionada

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

En las elecciones del 25 de octubre se votaban también dos plebiscitos: la anulación de la Ley de Caducidad y el voto epistolar para los uruguayos residentes en el exterior. Ambas consultas populares implicaban cuestiones de justicia, la primera para las víctimas de la dictadura y sus familias, la segunda para la diáspora uruguaya. Ninguno de los dos plebiscitos fue aprobado, porque ninguno alcanzó la mitad más uno del total de los votos emitidos. Dos cuestiones de justicia que no llegaron a captar la sensibilidad ­ni la solidaridad­ de tan siquiera la mitad de los uruguayos.

Ya se sabía que los dos partidos tradicionales se oponían a ambas cuestiones, que solamente eran apoyadas por el Frente Amplio. Para quienes conocen algo de la política uruguaya tales posiciones antagónicas no tienen nada de extraño. La derecha y la izquierda están en las antípodas, y al centro sólo se ubica el minúsculo Partido Independiente, que rozó apenas el 2,5 por ciento de los votos.

Lo realmente inquietante es que mientras el Frente obtuvo más del 48 por ciento, el plebiscito para anular la Ley de Caducidad sacó un porcentaje ligeramente inferior, de casi un punto menos. Es evidente que no todos los votantes del Frente lo votaron, lo cual resulta muy difícil de entender. Prefiero imaginar que se trata de un pequeño grupo que no vino a votar con su lista en el bolsillo, sino que tomó una de las listas del cuarto secreto y se olvidó de incluir las papeletas de los plebiscitos. Sin embargo, ese olvido involuntario no explica el resultado del voto epistolar, que obtuvo algo menos de un 37%. Esto muestra a las claras que no fue votado por casi la cuarta parte de los votantes del Frente, ya que esos 11 puntos de diferencia con respecto al 48% del total da como resultado que casi el 23% de los frenteamplistas decidió no darles la posibilidad de votar a sus compatriotas residentes en el exterior. De esta forma nos niegan nuestro derecho al voto, algo que los países civilizados garantizan a sus ciudadanos sin importar donde vivan. Lo más lamentable es que esto ocurriera a pesar de que en los comités del Frente las listas se daban ya dobladas junto con las dos papeletas de los plebiscitos. Los frenteamplistas que no apoyaron el voto epistolar sacaron deliberadamente la papeleta respectiva de adentro de la lista.

Ahora bien, ¿qué puede haber llevado a unos 250.000 votantes del Frente a no apoyar una propuesta que beneficia principalmente a su propio partido? Seguramente que no fue por haberse creído la propaganda en contra que hicieron los medios de la derecha, que se oponían fuertemente al Voto Epistolar porque sabían que los iba a perjudicar. Esos 250.000 votantes deben haber tomado esa decisión por otras razones: ¿Ignorancia? ¿Envidia? ¿Desprecio? ¿Discriminación? ¿Estrechez mental?

He escuchado que algunos creen que los que vivimos en el exterior no deberíamos votar por quienes van a gobernar un país en el cual ya no estamos. Sin embargo, residir en otro país no nos hace menos uruguayos; por el contrario, probablemente nos hace más uruguayos. Uno tiende a encontrar plenamente lo que Benedetti llamaba su «noción de patria» precisamente cuando vive como extranjero en otra tierra. Los uruguayos de la diáspora no nos pasamos criticando al gobierno y al país, ni añorando otros horizontes, presuntamente más prósperos o con mayores oportunidades. Vivimos en esos otros horizontes y sabemos bien que tales espejismos distan mucho de la realidad. Nosotros nos pasamos añorando nuestro paisito y esperando el día en que podamos volver para envejecer y morir en él.

¿Cómo es posible que esos 250.000 frenteamplistas no se den cuenta de que, si los que integramos la diáspora uruguaya deseamos ejercer nuestro derecho al voto, es justamente por fidelidad a nuestros ideales y por amor a quienes aún viven en el país? Para todos nosotros sería mucho más cómodo no votar, ya que nuestra condición de residentes en el extranjero nos exime del voto obligatorio. Además, ¿cómo no ven que muchos de los que vivimos en países cercanos hacemos el esfuerzo ­físico y financiero­ de venir a votar en todas las elecciones nacionales? ¿Cómo no se dan cuenta de que lo hacemos por amor?

Debido a consideraciones mezquinas, una cuarta parte del electorado del Frente ha traicionado a la diáspora. Pero no sólo nos han traicionado a nosotros, ha traicionado también a su propio partido. Esos 250.000 votantes del Frente no han tenido en cuenta que la inmensa mayoría de la diáspora uruguaya también es votante del Frente.

CRISTINA CONTI [email protected]

 

Se presume culpable; demuestre su inocencia

Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens

La campaña electoral se ha visto interferida por el episodio protagonizado por el contador Saúl Feldman.

Nadie podría negar que el episodio llama poderosamente la atención y que, como dijo el doctor Pedro Bordaberry, es algo a lo que no estamos acostumbrados.

Pero dejando esto de lado, hay otro episodio consecuente del primero, que me llama aún más la atención. El doctor Jorge Batlle ha declarado en los medios que existe una vinculación del contador Feldman con el MLN y, más específicamente, con Marenales y Mujica. Concretamente, dijo que el único ciudadano capaz de organizar dicho arsenal es Marenales. Asimismo, afirmó que la Justicia y el Poder Ejecutivo no están llevando el caso con la transparencia que merece la ciudadanía. Finalmente, relativizó sus declaraciones indicando que él no tenía información concreta ni pruebas, sino que era una deducción personal en base a sus conocimientos y experiencia.

Semejante afirmación le valió una citación del juez Jorge Díaz, especialista en crimen organizado, quien tiene el caso bajo su órbita.

A su salida del juzgado, en declaraciones a los periodistas presentes, el doctor Batlle emplazó a los dirigentes frenteamplistas Mujica y Marenales a que declaren que no tienen nada que ver con el tema. Dijo que para que el país tuviera la paz y tranquilidad necesarias, ambos dirigentes debían aclarar si ahora están con los «fierros» (sic) o los votos.

Lo que resulta verdaderamente alarmante es que un ex presidente, abogado de oficio y dirigente de un partido político con historia, pueda evaluar la situación en esos términos. Parece que el doctor Batlle ha olvidado el abc del derecho penal, según el cual toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. No se puede acusar a un hombre arbitrariamente, porque a él le parece y, encima, emplazarlo para que demuestre su inocencia. Es de locos.

Yo podría tener ese lapsus porque mi especialidad no es el Derecho, pero creo que el doctor Batlle tiene que ser consciente de tal circunstancia. Y si no lo es, sencillamente ya no está habilitado para continuar con su carrera política.

Para él, el fin justifica los medios. Nos ha demostrado que su lucha política por evitar que Mujica llegue al gobierno puede tener ribetes aún más bajos que lo peor que pudiéramos imaginar.

Además, yo me pregunto: ¿Emplazará a los militares golpistas que aún están libres a que aclaren si ya no utilizarán los «fierros» para derrocar a un eventual gobierno de Mujica?

Su falta de respeto es descomunal; su desfachatez, alarmante. Y quiero creer que sus afirmaciones fueron a título personal y que no forman parte de una tenebrosa elucubración política del más alto nivel.

Tal parece que al final de su carrera algunos políticos entran en una evidente decadencia moral e intelectual.

[email protected]

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