TERAPIA SEXUAL

Estimada Soledad: soy una de los tantos lectores que aprecian sobremanera tu página, por lo que se aprende en ella y porque sin importar el tema, siempre encuentras la respuesta adecuada. Mi caso tal vez no sea muy común: soy una mujer mayor, muy mayor, casada, con hijos y nietos. La vida sexual en mi matrimonio se ha caracterizado por una palabra: rutina! Criada a la antigua usanza, siempre fue el hombre el que decidió qué, cuándo, cómo. Me acostumbré a eso, y podría decir que fui relativamente feliz.
Mi esposo es bastante mayor que yo, por lo que nuestra vida sexual casi ha desaparecido.
Y aquí viene lo que me preocupa: hace ya muchos años conocí a un hombre con el que tuve una aventura pasajera, de la que nadie tuvo conocimiento. En su momento fue buena, y no dejó secuelas de ningún tipo. Pero hace un par de años, la tecnología se introdujo para que nos conectáramos nuevamente. Y empezamos a chatear, a contarnos nuestras vidas, a interesarnos uno por el otro. No quiero detallar más, pero hemos llegado a un relacionamiento por lo menos insólito: nos hemos hecho amantes virtuales!!
Yo sé que es difícil de entender; a mí misma me hubiera parecido imposible si me lo hubieran contado. El caso es que esta persona ha movido resortes de mi sexualidad que estaban dormidos o atrofiados, y me cuesta decirlo, pero he llegado a tener orgasmos, sólo en base a sus palabras.
Me ha impulsado también a recurrir a «juguetes» que me ayuden liberar las tensiones provocadas.
Sobre este último punto, agrego que más de una vez, ante disfunciones notorias en la sexualidad de mi marido, sugerí la posibilidad de agregar alguno de esos elementos pero jamás fueron consideradas. Y antes que me lo digas, intenté muchísimas veces manifestar la necesidad de mejorar la vida sexual en mi matrimonio, pero nunca pude lograr atención a mis reclamos. Lo que me preocupa, y el motivo de ésta, es que me asusta un poco la intensidad de mis reacciones. Yo sé que no hay una medida de lo «normal», pero a veces siento que traspaso algunos límites.  Te aclaro que mi preocupación no es moral. Yo sé muy bien lo que pienso en ese campo.
No sé que espero de ti; creo que en cierto modo necesitaba confiar a alguien esta situación tan particular.
Tal vez puedas hacer un comentario. Te lo agradeceré sinceramente.
Una lectora consecuente

Para la Sexología lo normal es todo aquello que pueden hacer personas adultas libremente, sin presiones de la otra parte, en la intimidad, sin lastimar ni lastimarse. El tema de los valores al respecto, es algo muy personal y lo trata, como disciplina, la Axiología.

El hecho de que seas una «mujer mayor, muy mayor», te aporta la experiencia para decidir qué vale la pena y qué no en esta vida sin regirte tanto por las normas que te imponían de niña, adolescente y hasta adulta joven. Seguramente tienes una mirada hacia ti y hacia los demás que ha cambiado e incluso no sólo tus hijos sino tus nietos te aportan su forma de pensar y ver el mundo, con mucha más apertura que cuando tú tenías sus edades. Como tú bien dices, la tecnología ha abierto horizontes y permite relaciones que antes no existían y ante las cuales podemos desarrollar también intereses, sentimientos y emociones que no conocíamos ni suponíamos que podíamos tener.

La autoestimulación de la mujer estaba prohibida, era pecado, algo sucio, chancho, que dejaba mal olor en las manos, que podía lastimarla y, si alguna vez te pescaban haciéndolo, ¡¡¡pobre de ti!!! qué penitencias o hasta paliza podías llevarte… todo lo cual reprimía notablemente, cuando no ahogaba definitivamente, la búsqueda del placer en el propio cuerpo.

Lógicamente, eso también limitaba la sexualidad compartida, pues no se conocía en una misma hasta dónde se era capaz de disfrutar un orgasmo (que por cierto los puedes tener en distintos grados, dimensiones, cantidad, etc) en una relación sexual.

También el varón estaba mal informado, generalmente fruto de la cultura machista en que estamos inmersos, no buscaba tanto el placer de su compañera como el propio y la capacidad de procrear de ambos. Por lo mismo, la mujer «buena» no tomaba iniciativas, se dejaba llevar, y aceptaba que la relación sexual era para placer del varón y no tanto el propio y no era adecuado que ella sugiriera ninguna variante del coito ni posiciones propias de «las prostitutas». No sé si recuerdas aquello de «para pretendida Thais y en la posesión Lucrecia», con que Sor Juana Inés de la Cruz definía tan bien la ambivalencia masculina. (Si no la conoces, puedes bajarla de Internet poniendo el nombre de la autora y el comienzo de la poesía: «Hombres necios que acusais…»). Como tú no sabes qué esperas de mí, tampoco sé si te servirá este aporte… de todas formas, muchas gracias por la valoración que haces de mi trabajo.

La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 9084510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República (NO RESPONDE PREGUNTAS HECHAS A SU CELULAR POR SMS) (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).

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