Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
No hay quien no lo ataque.
Hasta nuestro presidente tuvo que utilizar el adjetivo “estupideces”, como si alguien estuviese libre de decir alguna de vez en cuando, por que al fin y al cabo somos tan sólo seres humanos, incluido nuestro presidente.
Los orientales, y lo dice un tano de sesenta años que hace cincuenta y cinco que vive en su país, este país, hemos tenido que soportar algo más que “estupideces” en los últimos cuarenta años, barbaridades de todo pelo y tamaño que comparadas con algunas del Sr. Mujica, de sólo recordarlas me dejan anonadado.
Cómo habría que calificar todo lo ocurrido en nuestro país, lo que se dijo y lo que se calló y siguen callando quienes hoy atacan, y no dicen una sola palabra del horror en que la dictadura sumió al país entero, ni qué decir de aquel que debieron sufrir los detenidos y los desaparecidos.
Cómo calificar lo que dijeron e hicieron aquellos que violaron la Constitución de la República y sometieron por la fuerza a un pueblo entero, imponiendo una política basada en la fuerza y el miedo y que nos condujo, por si todo esto fuera poco, al desastre económico y la crisis social de nuestros principales valores republicanos.
Duele que sea nuestro presidente quien, pudiéndolo evitar, utilice ese lenguaje, tan similar en ese aspecto al de quienes y desde siempre han representado los intereses de la aristocracia nacional.
En este país nadie está libre de culpas, y todos lo sabemos, más allá de que como siempre, algunos se hacen los distraídos.
Y si alguien pagó esas culpas, uno de ellos es el “Pepe” Mujica las de él y las de muchos de nosotros y es por esta razón que hoy lo saludo con el íntimo convencimiento, tal vez la indebida sospecha, de que en su fuero íntimo, con una sonrisa en el alma acaricia como tantos un antiguo pensamiento: perdónalos, no saben lo que hacen; y agregaría: lo que dicen.
Que nadie se haga el inocente o el distraído. El resultado de una segunda vuelta, a la que hoy nos enfrentamos, es la consecuencia del cúmulo de pequeños errores y pequeñas vanidades individuales de nuestra izquierda, que a la hora de los balances parece no darse cuenta de que ciertas actitudes solamente abonan el territorio de la reacción de la derecha conservadora. Las divisiones dentro de la izquierda son el mejor regalo para el crecimiento y deleite de la derecha, y esto parece no entenderse; nuestras diferencias son mínimas si las comparamos con las ventajas que alimentamos con posturas individualistas y divisionistas.
El bien de todos es el fin último y primero de las organizaciones políticas y sociales, y el dirigente, un mero oficiante de tales designios.
Y cuando los dirigentes olvidan este mandato, sólo cabe esperar que cada persona en el ejercicio pleno de su libertad no permita tales desvíos y no deje de recordarles que el supremo bien es social y colectivo. La soberbia no es buena compañera de viaje y prestarle atención a ciertas quejas que vienen de abajo podría ser una buena manera de empezar a entender algo de todo esto.
J. MASTROMATTEO
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Desde que se decidió la suerte de la celeste, su nombre se repite en la prensa; lo recuerdo a fines de los 70 e inicio de los 80, con su fuerte temperamento, disputando con el corazón cada pelota y dueño de una pegada excepcional, en aquel equipo de fútbol de salón que por entonces representaba a la querida y solidaria AEBU.
Casi ninguno conocía su apellido, o éramos incapaces de pronunciarlo; muy pocos lo llamaban Marcelo, era para todos el “Chupete”; hoy es el “profe Tulbovitz”, preparador físico de Costa Rica.
“No tengo doble discurso”, se cansa de repetir. “Amo a mi país, es donde nací y voy a morir, pero quiero ir al Mundial con Costa Rica”. No son palabras huecas para quienes lo conocimos, aunque muy poco como en mi caso, sabemos de lo sinceras y difíciles que le resultan. Son una foto hablada de su personalidad.
Fueron años duros; nosotros nos asociamos a AEBU en marzo del 73, no recuerdo si el “Chupete” ya era socio; éramos adolescentes y estaba por comenzar la época más oscura de nuestra historia contemporánea. Me canso de repetirle a los más jóvenes: “Esa historia no me la contaron, la viví”. Unos de mis primeros compañeros de gimnasia se llamaba Gerardo; poco tiempo después “desapareció”; por más de 10 años no volví a escuchar su nombre: Gerardo Bleier; su padre nunca apareció.
AEBU soportó clausuras, atropellos y allanamientos, y debió adaptarse a las necesidades de la hora. Fueron los Juegos Deportivos, las Olimpíadas Juveniles, los equipos federados de fútbol de salón y tenis de mesa…era una forma de “pintar en las paredes ‘resistir’”.
Ese grupo de adolescentes fue creciendo, con sus sueños, frustraciones, conflictivas propias de la edad y de la coyuntura. Padres presos, exiliados, desaparecidos; represión, crímenes y tortura. No era una guerra, no había bandos, eran los gorilas contra el pueblo. No los olvidaremos, empezando por el máximo traidor de la época: Juan María Bordaberry, presidente convertido en dictador. Siento objetividad al decirlo, no tuve ni padres ni hermanos perseguidos; este país me dio educación y formación profesional, soy un agradecido de la vida, pero los dinosaurios nos amargaron gran parte de la juventud.
AEBU fue el cobijo de muchos, y por sus pasillos soplaban aires de esperanza y libertad.
El dúo Larbanois-Carrero ensayaba en la biblioteca; Daisy Tourné trabajó como bibliotecóloga, los compañeros bancarios se reunían en la clandestinidad; siempre me pregunto si aquel flaco con una capacidad teatral excepcional no era el flaco Esmoris; en la casa de los hermanos Barabaruk, cuyo padre era el conserje, volvimos a escuchar a “Los Olima”, allá por el 79; “el profe Piñeyrúa” era profe de gimnasia. En AEBU siempre estuvieron la solidaridad, la formación, el desarrollo intelectual y físico. No generé esos amigos de toda la vida, es cierto, pero todos aquellos jóvenes aprendimos una de las palabras más lindas y con mayor contenido que conozco, cuyo significado se lleva en la piel: compañero. Yo, como tres millones y medio de uruguayos, quiero que la celeste esté en Sudáfrica; el resto futbolísticamente no nos importa. Es así y vos lo entendés, “Chupete”; pero la vida no termina en un partido de fútbol. Aquellos años nos enseñaron que es mucho más importante, por eso más allá de este paradógico trámite, te hago llegar un ¡Felicitaciones y mucha suerte, compañero! Nadie es profeta en su tierra, lo sé por experiencia propia, pero “volveremos a pisar las calles nuevamente”. Los traidores ya están pagando sus culpas.
Charles mbigatti@hotmail.com
OTRAS NOTICIAS EN LARED21



