Resultado. Internet aumentó los ingresos de una docente

De profesora de literatura a empresaria en Internet

María Esther Risso es una profesora de literatura de 50 años que vive en Montevideo e hizo realidad lo que dicen: hacer dinero vendiendo productos por Internet. Según dijo a LA REPUBLICA, «en pocos meses los ingresos me han permitido solventar cuentas familiares e incluso darme algún gusto».

De alguna manera la profesora hizo realidad la utilización de Internet para completar los ingresos obtenidos ­en su caso­ de la docencia en un prestigioso instituto privado y en el liceo del Cerro.

Era como muchas personas de su edad, casi autodidacta, en lo relacionado a la computación y el uso de Internet. Poco a poco empezó a ver la informática como herramienta docente y finalmente le encontró la veta comercial.

Con la computadora portátil que adquirió financiada por Secundaria y una conexión de franja baja de Internet empezó a experimentar.

Luego de unos meses ya tenía una idea clara de las 2 posibilidades: las docentes y las comerciales.

Comenzó desarrollando la idea de un programa de literatura a través de Internet y paralelamente vio las posibilidades comerciales y empezó a aprovecharlas. Algunos conocimientos de arqueología ayudaron al observar lo bien que se vendían algunos objetos para ella cotidianos o conocidos, y sumamente apreciados por otras personas.

«Siempre me interesó Internet y sus posibilidades como herramienta de comunicación y educación», afirma Risso, «pero no había llegado a calibrar las posibilidades que ofrece en materia de ingresos económicos hasta que lo experimenté concretamente».

«Mi primer acercamiento fue investigando en la red qué posibilidades había. ¿Qué se puede ofrecer, servicios o productos? ¿Cómo se ofrecen? ¿Quiénes compran? Miré muchos sitios y le pregunté a personas entendidas», explica la profesora, quien ahora tiene uno de los mejores puntajes en Mercado Libre a pesar de que hace poco tiempo que comenzó a comercializar artículos antiguos.

Aclara que en determinado momento «tuve que asistir a cursillos de teletrabajo porque me di cuenta de que necesitaba orientación» y «al principio ofrecí algunos servicios relacionados con mi profesión en sitios que actúan como bolsa de trabajo».

«Ante la falta de respuestas interesantes decidí cambiar el rumbo y ver qué productos podía ofrecer. Así llegué a Mercado Libre».

Según Risso, «había vendido algunas cosas pero esporádicamente al principio, pero luego empezó a resultarme productivo, por lo que asesorada por un sobrino ­que ya tenía algo de experiencia­, me fotografió algunas cosas de mi casa: una cámara de fotos y un celular, ambos en desuso».

«Publiqué los avisos, en forma clara y honesta, incluyendo las fotos y la descripción» y siguió con las subastas, «respondiendo las preguntas de los compradores con amabilidad y rapidez…y ¡sucedió algo increíble, se vendieron los dos artículos a mucho más de lo que pensé que se podían pagar! Me entusiasmé».

Tal vez lo más sorprendente para los que no creen en el comercio por Internet es lo que dice esta profesional de las letras: «En pocos meses los ingresos provenientes de mis ventas por Internet me han permitido solventar cuentas familiares e incluso darme algún gusto».

 

Un poco de todo

A partir de eso descubrió que lo que para ella eran adornos antiguos para otras personas podían ser verdaderos tesoros y en otros casos artículos cotidianos podían interesar en otros lugares de Uruguay y el mundo.

«A mí ya no me servían o me ocupaban lugar» y los «puse a la venta», recuerda. Dice que se trataba de «artículos diversos, aunque siempre me aparece algo nuevo en el fondo de un cajón».

Hoy «me mantengo dentro de una franja de artículos antiguos a los que por conocimiento y gusto personal les agrego un plus de información. Eso me ha facilitado el trabajo y ha permitido que me vaya haciendo de clientes habituales», explica Risso.

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