XXV Congreso Mundial. Con la autoeliminación y la diversidad cultural como eje, llegaron a Montevideo desde 58 países

Seiscientos expertos en prevención del suicidio se reúnen en Uruguay

Basta una rápida mirada de la programación para comprobar la variedad de enfoques y propuestas sobre la prevención del suicidio que ofrecía el XXV Congreso Mundial en la materia. El evento reúne a 600 especialistas provenientes de 58 países y se viene desarrollando en el Radisson Victoria Plaza desde el martes por la noche, y finalizará mañana.

Esta vez, el tema central del evento que organiza la Asociación Internacional de Prevención del Suicidio (IASP, por su sigla en inglés) está centrado en cómo se trabaja el tema en las diferentes culturas, por lo que en el vasto cronograma es posible encontrar charlas que van desde el abordaje de la autoeliminación en los pueblos indígenas, hasta las estrategias desarrolladas en los países en desarrollo o las pequeñas comunidades. En la mañana del miércoles, la primera en que se desarrollaron los plenarios, el intercambio versó sobre la perspectiva religiosa sobre la prevención del suicidio. Participaron un religioso franciscano, una pastora, una mae de umbanda y un rabino ­todos ellos uruguayos- junto a un jeque musulmán de origen egipcio. La conferencia fue una de las más celebradas por los asistentes. «Todos, especialmente los europeos, quedaron impresionados», dijo la doctora Silvia Peláez, presidenta de la organización no gubernamental Ultimo Recurso, pionera en la prevención del suicidio en Uruguay (ver recuadro).

 

Uruguay, un referente

El evento pudo llegar a Montevideo gracias a una propuesta de esta ONG, que planteó la posibilidad de que nuestro país oficiara como anfitrión en el congreso mundial desarrollado en Suecia, en 2003. Según explicaron varios concurrentes, este «honor» ­en palabras de Peláez­ no es casual. «Uruguay es un país referente», afirmó Leonardo Dorony, un uruguayo formado por Ultimo Recurso que reside en México desde hace años. Allí ejerce la docencia en las universidades Iberoamericana y de Guanajuato, desde donde llegó acompañado por 13 colegas. «Acá hay ventajas, como poder ver el número de teléfono de las personas que llaman para pedir ayuda, o la coordinación que existe con otros actores, como la Policía o los Bomberos.

Hay una gran interacción, y eso es inédito. En México, en cambio, en muchos sentidos estamos atados de pies y manos. Por ejemplo, no podemos obligar a un potencial suicida a atenderse, porque se considera algo contrario a los derechos humanos».

Dorony también destacó la labor que se lleva a cabo en toda América Latina, «a pulmón, sin tanta estadística y sin un solo peso, pero apostando a lo cualitativo».

Precisamente, algunos participantes latinoamericanos no dejaron de mostrar ciertos resquemores por las ponencias de europeos o anglosajones que apostaban «sólo a lo numérico y no a lo conceptual».

De cualquier modo, entre los conferencistas hay nombres de gran relieve y prestigio en esta área, como el canadiense Brian Mishara, uno de los más buscados entre los concurrentes.

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