TIENE LA PALABRA
10 razones para votar la papeleta rosada del SI para anular la Ley de Caducidad
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
1. La ley fue impuesta bajo presión y engaño. Todos los partidos reconocen que la Ley de Caducidad no fue votada libremente por el Parlamento de la época y que también en el referéndum de 1989 parte de la ciudadanía votó con temor. Además toda la ciudadanía votó engañada porque se negaba la existencia de crímenes que ahora todos sabemos que ocurrieron. Tenemos el derecho de anular las leyes impuestas bajo presión y mentiras.
2. Viola la independencia del Poder Judicial y el principio de separación de Poderes. Porque los jueces tienen que consultar al Poder Ejecutivo ante cada denuncia, y si el Poder Ejecutivo lo decide el juez está obligado a dejar de investigar y archivar la denuncia.
3. Viola el principio de igualdad ante la ley. Todos somos responsables ante la ley por nuestros actos. No puede ser que reclamemos una sociedad segura pretendiendo juzgar a quienes cometen un hurto o una rapiña y al mismo tiempo estemos impedidos de llevar ante la ley a quienes cometieron crímenes terribles contra la vida de cientos de seres humanos.
4. Viola los convenios y normas internacionales de respeto de los Derechos Humanos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU vienen reclamando que el Uruguay elimine esta ley, allane el camino a la acción de la justicia contra los crímenes de lesa humanidad cumpliendo con sus obligaciones internacionales.
5. Es reconocidamente inconstitucional. Por todo lo anterior, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial ya han declarado la inconstitucionalidad de la Ley para el caso de Nibya Sabalsagaray. Ahora podemos terminar con esta ley para todos los demás casos votando SI en el plebiscito.
6. Es un precedente inaceptable. Porque los gobiernos no pueden cometer crímenes creyendo que después van a lograr leyes de impunidad.
7. Anular la ley nos hace mejores y más decentes. Porque defender la vida y el respeto a los derechos humanos es coherente con los valores éticos y principios morales que todos defendemos como seres humanos, por encima de banderas partidarias o religiosas.
8. La Ley de Caducidad es contraria a las responsabilidades que exigimos a nuestros gobernantes. No pueden existir circunstancias que justifiquen o protejan a quienes torturen o hagan desaparecer personas. Y es gravísimo que desde el Estado se cometan crímenes que no puedan ser juzgados.
9. Mantiene dividida a la sociedad. En tanto continúen en la Policía y las Fuerzas Armadas quienes cometieron aquellos crímenes, todos los efectivos policiales y militares seguirán estando bajo sospecha a los ojos de la sociedad, aunque la mayoría no haya tenido nada que ver. Y quienes defienden la Ley de Caducidad seguirán alimentando la división por los valores negativos que esa ley encarna.
10. Educamos para el futuro. Y con esta ley no se construyen valores para la democracia y para la convivencia de todos.
No podés ser neutral:
Si no ponés la papeleta rosada del SI, tu voto se cuenta como NO. Si tu voto se anula, aunque tenga la papeleta rosada se cuenta como NO. Votá consciente – Votá responsable- Votá lo que es correcto – Votá por tus valores.
GABRIEL SERE
Con la Ley de Caducidad la Justicia está atada de pies y manos
Señor Director de LA REPUBLICA Dr. Federico Fasano Mertens
Hay muchos ciudadanos que aún no están convencidos de apoyar el plebiscito para anular la Ley de Caducidad, porque consideran que ello implica una mirada hacia atrás. Creen de buena fe, que no es bueno remover un pasado terrible si se quiere cicatrizar las heridas y reconciliar definitivamente a nuestra sociedad. Yo quiero dirigirme a esos ciudadanos, porque si bien en lo que respecta a mi experiencia personal, en la que perdí seres muy queridos durante la dictadura, esa dolorosa lista de 176 casos de personas desaparecidas, que no se ha podido esclarecer, sería razón suficiente para poner la papeleta rosada en el sobre. Aquí y ahora quiero argumentar que todo ciudadano que se considere demócrata y republicano debe apoyar la anulación de la ley mucho más por el futuro que por el pasado. ¿Por qué? Porque no se necesita tomar partido con respecto a los enfrentamientos políticos del pasado para apoyar la anulación de la ley. Se puede fundamentar la necesidad de su anulación con total prescindencia de dirimir quiénes tenían razón, o quienes estaban más equivocados.
La Ley de Caducidad sólo puede ser comprendida como producto de un momento especialísimo de nuestra historia, cuando hubo que resignar aspectos y valores importantes, en aras de alcanzar una salida para la dictadura que no implicara más derramamiento de sangre para nuestro pueblo.
Del mismo modo, tampoco puede comprenderse que un plebiscito posterior la haya mantenido, si no hubiéramos podido palpar en la gente, el temor que aún sentía en aquel momento, de que los militares volvieran a tomar el poder si la ley se modificaba.
Pero analizada desde un presente pacífico, que afortunadamente reboza de tolerancia y respeto democrático, esa ley resulta totalmente contradictoria con el resto de nuestras leyes y reñida con nuestro espíritu republicano.
¿O acaso no nos enorgullecemos los uruguayos de la fortaleza de nuestro sistema democrático, de la convivencia pacífica de nuestros distintos partidos y movimientos políticos, de la libertad de expresar las más diversas opiniones, de la cristalinidad de nuestras elecciones, que nos han hecho ganar el respeto de la comunidad internacional?
¿Acaso no nos enorgullecemos de nuestro sistema republicano de gobierno, de la separación de poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial?
Pero tenemos una mancha vergonzosa entre nuestras leyes, que contradice uno de los principios esenciales de nuestra democracia, que es la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
La Ley de Caducidad establece que algunos ciudadanos, aún cometiendo horrendos crímenes, no podrán ser juzgados por la Justicia salvo que lo autorice el Presidente de la República.
¿Dónde se ha visto semejante injerencia del poder político sobre el judicial?
¿Qué piensan ustedes que diría Artigas de esta ley si resucitara? Los que estudiamos un poco el pensamiento artiguista no tenemos dudas al respecto: diría que es una ley aberrante e inadmisible para los orientales.
La Justicia no debe jamás estar atada de pies y manos para investigar a ningún ciudadano que cometa delitos, y no puede depender de la voluntad del presidente de turno. Tuvimos ya cinco presidencias después de la dictadura, dos del Dr. Sanguinetti, una del Dr. Batlle, una del Dr. Lacalle y la del Dr. Vázquez, y sólo este último autorizó la investigación de algunos casos.
¿Qué pasa si mañana otro presidente se negara a que la Justicia pueda actuar?
Y más que una cuestión política, es una cuestión de ética. Los hombres hacen las leyes de acuerdo a sus necesidades y a sus valores morales. Las leyes y la ética deberían siempre coincidir. Pero cuando no lo hacen, no debemos forzar la moral para adecuarla a la ley, sino que lo que debemos modificar es la ley, para que esta refleje los valores morales de una sociedad. Y nosotros… ¿hasta cuándo vamos a mantener una ley indecente, que surgió por la necesidad de circunstancias trágicas que ya no existen, y que por lo tanto ya no pueden justificarla?
¿Esa es la herencia democrática que queremos dejarle a nuestros hijos y nietos?
Por eso es que sostengo, que todo ciudadano uruguayo que se precie de demócrata y de republicano, si mira hacia adelante, si mira hacia el futuro, debe acompañar su voto, cualquiera sea el color de éste, por la papeleta rosada para anular la Ley de Caducidad, que no es digna del pueblo uruguayo.
MIRYA
M TOJA – C.I. 1.208.343-2
Razones, siendo blanco, para no votar al Partido Nacional
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Porque es un orgullo ser blanco, pero blanco de aquellos de los Hnos. Oribe en 1836 en Carpintería; de Leandro Gómez, Lucas Píriz y Emilio Raña en 1865 en Paysandú; de Aparicio Saravia, Chiquito y Diego Lamas en 1896, 1897, 1903 y 1904 y de Washington Beltrán.
No los ex blancos y sí nacionalistas de principios del siglo 20, como Acevedo Díaz, Juan José de Herrera y fundadores del Club Nacional (político) y del Diario El Nacional como Duvimioso Terra y Luis A. de Herrera.
Sí, blancos como Lorenzo Carnelli y Carlos Quijano, blancos independientes como Enrique Erro, Ariel Collazo o José Mujica.
No nacionalistas como Luis A. de Herrera, ya algo rosado en su contubernio en el golpe de Estado de 1933 junto a Gabriel Terra, el llamado Pacto del Chinchulín.
Sí a Blancos como Basilio Muñoz, Nepomuceno y Villanueva Saravia en Paso de Pereyra, contra el mismo golpe de Estado de Terra y Herrera. Sí a los blancos de Paso Morlan en el mismo año, incluyendo a Paco Espínola y un recuerdo a los que cayeron para siempre en ambos casos de guerra.
No a los nacionalistas como Luis A. de Herrera en 1958, a pesar del triunfo, no a Eduardo V. Haedo, no a Martín R. Echegoyen, no a Pedro Zabalza, no a Aparicio Méndez.
Si a los blancos W. Beltrán (hijo), Gutiérrez Ruiz y Wilson Ferreira Aldunate.
Y aquí con Wilson terminan los verdaderos blancos salvo honrosas excepciones como Cacho López Balestra, Marcelo Hourcade y Alberto Zumarán. No a los nacionalistas porque nunca fueron blancos como: Alberto Volonté, Alvaro Ramos, Luis A. Lacalle, Jorge Larrañaga, Francisco Gallinal (de los que se dicen wilsonistas creo el más falluto) y lamentablemente Silvia Ferreira. Y por último si a los blancos verdaderos, a los blancos como los del Paso del Parque del Río Daymán en 1904, los blancos de Cerno Entero, no nacionalistas cascarudos que disparan al primer tiro, blancos como José Mujica, Jorge Saravia, Martínez Huelmo o Rodolfo Nin. Por lo expuesto, convoco a los verdaderos blancos, a votar a José Mujica el próximo 25 de octubre, dejando de lado al Partido Nacional, que no representa el verdadero sentir de «los blancos».
EDUARDO ZAFFARONI UNZAGA – CI: Nº 1.136.695-0
Compartí tu opinión con toda la comunidad