Bella Unión vive gracias a ALUR
Son más de 2.500 las personas que trabajan durante la zafra, a las que se deben agregar los más de 400 productores, una cantidad similar de trabajadores de planta y el personal abocado a la tarea de carga y traslado. En total, unas 15.000 personas vieron cómo su vida cambió desde la instalación de ALUR en la zona.
Los productores apuestan
En la recorrida que realizó LA REPUBLICA con uno de los integrantes del Departamento Agrícola de ALUR, el Ing. Fernando Hackembruck, se pudo advertir, entre otras cosas, la preocupación permanente. «En esta área de casi 4,5 hectáreas se mejoran las variedades de semillas que luego se entregan al productor para que plante. Aquí tenemos un programa de variedades que provienen especialmente de Tucumán, Argentina, desde donde traemos clones promisorios que salen de los cruzamientos de un área genética de ese país y aquí los sometemos a ensayos, vemos cómo se comporta y cuál se destaca», explicó.
En otro orden de cosas, Hackembruck destacó que «se ha podido apreciar un notorio interés de parte de los productores por mejorar sus sistemas de riego, realizando importantes inversiones al sustituir la cañería metálica por la de PVC, que es más duradera y puede conectar bajo tierra», finalizó.
Al ser consultado por LA REPUBLICA el productor Henry Zapata, casado, con siete hijos y «uno en camino», y casi 10 hectáreas plantadas, declaró: «A mí ALUR me cambió la vida. Desde siempre trabajé en la horticultura. Eso me daba para vivir de 5 a 6 meses, pero luego, con algunos productores chicos de la zona, decidimos comenzar a plantar caña de azúcar. Desde el inicio recibimos apoyo y asesoramiento de los técnicos y ahora estamos organizados para fertilizar, plantar y cosechar, dándole trabajo a mucha gente».
El «peludo», el «mono» y el peón
Las lluvias recientes hicieron difícil el acceso a las plantaciones, lo que en época de cosecha no impide la presencia de los «peludos», quienes consiguen superar innumerables contrariedades. Al decir de Luis Miguel, casado, 23 años, «lo más difícil es esquivar los surcos y evitar el barro, pero uno se acostumbra».
A lo largo de una jornada que puede durar hasta 13 horas, cada uno de los «peludos» consigue recoger entre 2.500 y 3.000 kilos. «Es cansador, pero se logra. Lo primero que hacemos es armar el ‘mono’ (la pila de caña cortada), y con la ayuda del ‘peón’ (una vara de madera arqueada que consigue asegurar la caña sobre el hombro), lo llevamos hasta el borde del camino para después armar el ‘bocado’, que es cargado por el ‘grapo’ (una suerte de grúa pequeña conducida por el ‘grapero’). El jornal puede llegar a $ 700, si la carga diaria llega a las 3 toneladas, lo que en la actualidad ha generado una discusión por parte del sindicato», señaló.
Al respecto, el dirigente Jorge Rodas expresaba: «Estamos confiados en el proyecto pero hay cosas que debemos mejorar. El jornal de los ‘peludos’ no es seguro, ya que depende del estado del tiempo. Cuando llueve no se llega nunca a 3.000 kilos, por lo que difícilmente se superen los $ 500 por día».
De puertas abiertas
Es interés de las autoridades de ALUR abrir las puertas del ingenio para que desde diferentes lugares del país se pueda recorrer toda la cadena de producción, a lo que pudo acceder LA REPUBLICA en compañía del gerente de producción, Ing. Fernando Acuña.
«Nos gusta recibir a todos aquellos que quieran conocer la realidad de este proyecto en el cual tenemos cifradas esperanzas», dijo al respecto Leonardo de León, director general de ALUR. En diferentes lugares de reunión se ha podido escuchar que «los que critican el proyecto ALUR nunca han venido a recorrerlo», a lo que alguien agregó: «Y los que tienen que defenderlo tampoco vinieron».
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