El abogado cree que las reparaciones serán superiores a los U$S 12 millones
Los daños son significativos y sus efectos físicos e intelectuales de por vida, de manera que lo razonable es pensar que los organismos encargados de la política ambiental se hagan cargo de ese daño, por todo el tiempo de sobrevida que tienen los afectados.
Es ese el razonamiento del abogado Carlos Roselló, quien patrocina a niños y familias afectados por la contaminación con plomo, y quien considera que por esa vía las indemnizaciones tienen que trepar «por lo menos a unos 12 millones de dólares».
Así dijo ayer Roselló a LA REPUBLICA, quien tiene un caso ganado en dos instancias y está a la espera de que se expida el Tribunal de Casación, y quien explicó que el tema de la contaminación por plomo tiene como consecuencias el retardo infantil, el crecimiento de los huesos desfasado de la edad biológica, sordera y problemas visuales, entre otros.
«Los efectos de este tipo de contaminación son lamentables, y peor aún con todo lo que tiene que ver con chicos, que van a enfrentar discapacidades en mayor o menor medida a lo largo de su vida».
Como se sabe, ya en el año 2000, en una zona comprendida entre La Teja y Pueblo Victoria, se comprobaron casos de envenenamiento por plomo, y paulatinamente se supo que se trataba de una situación colectiva, que llegó a afectar a miles de personas.
«La situación llegó a tal grado que los padres de esos gurises vinieron a buscarme, y es a lo que yo estoy abocado. Por eso planteamos la demanda contra los organismos que tienen responsabilidad en materia ambiental: la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Vivienda», agregó.
«Esos niños son los que yo defiendo, me motiva la situación de esos gurises, enfrentados a una notoria discapacidad intelectual, con una baja del coeficiente intelectual».
«De todo esos efectos hay abundancia de comprobaciones», agregó el abogado, quien señaló que «alcanza con poner ‘plombemia’ en el buscador de Internet, para tener una idea de lo que significa».
En cuanto a la perspectiva de una indemnización, destacó que «no les queda otra alternativa» y dijo que «en la mayoría de los casos se trata de familias muy humildes», que ubicó en La Teja, zonas del departamento de Canelones, Aires Puros, y también el Cerro.
«La situación es muy compleja y tengo la información de algunos maestros que aseguran que este tipo de contaminación afecta el rendimiento y provoca una caída en la atención».
Consultado acerca de cuál va a ser el efecto de esta contaminación en cada uno de esos niños, el entrevistado dijo que «por ejemplo, cuando quieran acceder a un empleo, van a estar dando un handicap tremendo, porque se van a encontrar con competidores, de su misma edad, y ellos van a estar con un coeficiente intelectual disminuido».
«Tengo niños de 12 años de edad que ya están con osteoporosis; otros, son brillantes jugadores de fútbol, pero a los 10 minutos están fatigados; sé de una niña, de diez años, que llora por los intensos dolores que le provoca el plomo en las rodillas».
Añadió que la agresividad es otro de los problemas que se presenta con este tipo de contaminación y citó recientes estudios a nivel científico que llegan a involucrarla con la criminalidad.
«Estamos ante un problema muy serio por donde se lo mire, y que en términos sociales puede llegar a tener efectos explosivos», sostuvo.
Las demandas
Consultado acerca de la evolución de los casos que patrocina judicialmente, el abogado dijo que en este momento representa a «unas 250 personas adultas y niños», aunque espera que aumente ese número porque todos los días le llegan personas «que no pueden aguantar más».
«Por ahora no cobro honorarios», añadió, «de tal manera que tiene que compartir esa tarea con otras actividades, de modo que voy presentando las demandas a medida que puedo, trabajando los sábados y domingos».
«Es otro Uruguay», dijo el abogado, quien aseguró que «estoy lejos de insinuar nada político, simplemente quiero trasladar la realidad de un Uruguay que muchos no conocemos».
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