TIENE LA PALABRA

No dudar del triunfo del FA

Señor Director de LA REPUBLICADr. Federico Fasano Mertens

En la sección «Tiene la Palabra», un lector pide que se tenga memoria y se vote al FA en las próximas elecciones. No quiero pasar por entrometido en la interna de la República Oriental del Uruguay, pero como asiduo lector de su diario y de la situación en el país, no puedo menos que emitir mi opinión.

El buen gobierno que hizo el FA no puede sino suscitar el apoyo del pueblo uruguayo y por eso coincido en que es inexplicable que se dude de su próximo triunfo.

La unidad en la diversidad que siempre planteó el FA, hace que la fórmula que presenta represente lo que el pueblo decidió en las elecciones internas de esta fuerza política.

Concuerdo también en la necesidad de ganar en la primera vuelta para evitar desagradables sorpresas por la unión de distintos sectores (blancos y colorados) en una hipotética segunda vuelta.

Como la opción es la de un programa de gobierno que propone el FA, considero que es aún más cierto aquello de la «unidad en la diversidad».

Les pido que, por favor, no tomen mis dichos como una injerencia en los temas internos uruguayos, sino como la opinión de un vecino que quiere ver bien al Uruguay.

Con todo mi respeto.Arq. NESTOR MONTESL.E. 4550329Buenos Aires, Argentina

 

Turismo en Jaureguiberry

Señor Director de LA REPUBLICADr. Federico Fasano Mertens

La Intendencia de Canelones no ha podido estudiar temas de una pequeña población de 400 habitantes, residentes estables en la localidad de Jaureguiberry. La Administración ubicada a 100 kilómetros de distancia del Río de la Plata, queda absorbida por temas interiores, una campaña poblada, rica, y centros comerciales e industriales populosos. La costa de Canelones, potencialmente fuerte, solo cuenta con la quinta parte de la población.

Funcionarios municipales, en este momento, pretenden aumentar la masa habitual de turistas de verano, elevando la cifra en mil o dos mil veraneantes.

Una definición turística básica, previene contra la invasión masiva de personas. La multitud frecuentemente depreda. Fueron aniquiladas las bellezas de Lagomar, El Pinar, Pinamar. Luego del deterioro, el turismo se desplaza en larga carrera hacia el este. Uruguay tiene reservas costeras casi infinitas, pero la reparación indispensable de costas perdidas, insume recursos. El Proyecto de Recuperación de la Ciudad de la Costa, según Colacce, está listo, insumirá enormes inversiones y ya ha requerido estudios académicos costosos durante tres años.

El turismo posible parte de la conservación. Una isla brasileña es protegida, admite una cantidad determinada de visitantes diariamente, pagan el derecho y no hay excepciones. En Francia, la playa de Saint Jean de Lux sigue invicta tras un siglo de uso. Está bordeada con tamarindos, tal como lo hizo don Miguel en su balneario. Francia atiende turismo en todo el territorio, y tal vez cuente con cien millones de turistas cada año. Cada lugar es preservado rigurosamente.

Los habitantes de Jaureguiberry parecen anti-sociales, pero en realidad defienden el futuro, defienden sus costas. Ni Canelones, ni el Ministerio han podido agendar el tema Jaureguiberry. Si se destruyen totalmente las costas, no habrá turismo para nadie. Los exigentes postulantes de hoy abandonarán rápidamente las ruinas en busca de nuevos horizonte.

Miguel, el fundador, fue sabio naturalista, conoció las debilidades.

Estableció el Parque Balneario Jaureguiberry a la edad de 64 años, con la idea de una obra maestra. Había que domar las arenas, como dijo en su momento el trabajador vecino Leopoldo Salsamendi. En un enorme desierto de arena de mil hectáreas construyó un Parque, creó una comunidad consustanciada con el ideario conservacionista. Si hubiera actuado en otro país, sería mirado como héroe por los lectores uruguayos.

Fundó el poblado sobre dos principios conservacionistas: elevó el nivel de los médanos costeros, mediante acumulación de masas de arena, e implantó vegetación firme sobre tales médanos. Combinó acacias trinervis, muy rústicas, tamarindos, pinos, y varias plantas rastreras, fijadoras de arenas. Completó las defensas formando faja defensiva de pinos marítimos, paralela a la costa.

El llamado Parque Balneario padece de debilidad geológica.

El subsuelo no tiene firmeza, a falta de fondo rocoso. Otros balnearios, Cuchilla Alta, Santa Lucía del Este y Piriápolis, todos cercanos, están apoyados en formidables masas de piedra. Soportan el embate del mar y de los vientos con el vigor de los gigantes.

El Parque Balneario Jaureguiberry, por el contrario, ha retrocedido siempre en el transcurso de los siglos.

Hace algunos años comenzó el período de deterioro acelerado de las costas sobre el Río de la Plata. La dotación mayor de visitantes, con motivo de instalarse cinco colonias gremiales, fue seguida de desastres ecológicos de 2005. Un temporal devastador, en agosto, un incendio, el mayor de la historia local, en noviembre.

Fue extinguida la vegetación costera (R. de la Plata) y también en el interior del balneario. El Parque Balneario está desolado en 2009 y desprotegido frente al mar. Es un balneario en riesgo, en riesgo creciente, en la medida de castigos mayores por el cambio climático.

Los visitantes de verano aceleran el deterioro por el pisoteo de arenas y destrucción de vegetación renovada. Hay exceso de visitantes, ya visible desde la temporada del año 2006. Solución inteligente, sería disminuir el número de visitantes mientras se encaran tareas de recuperación.

Vecinos de Jaureguiberry hacemos algo, poco, para restablecer defensas. Los funcionarios de la Intendencia, hacen mucho menos, casi nada. La idea de agregar visitantes, incorporando nuevas colonias, o ampliando las existentes, obliga a la reacción airada de los vecinos. Es evidente el estado de ignorancia de algunos funcionarios. En documentos oficiales, dice la Junta local de La Floresta que «es voluntad del intendente habilitar nuevas colonias». Nos causa estupor la propuesta. Cabe pensar en errores de asesoramiento.

También caben otras reflexiones. Los espacios públicos constituyen capital de cada comunidad organizada. Sobre ellos gira la vida comunitaria, paseos, localización de deportes, el embellecimiento del paisaje. ¿Quién tiene autoridad para frustrar el destino de una población?

En el caso Jaureguiberry, la localidad nació por inversión privada de don Miguel. El Estado no puso un peso. Don Miguel destacó en un folleto titulado «A los gobiernos del futuro», lo mejor de su proyecto. Dice haber dejado amplios espacios para obras futuras, sin necesidad de expropiaciones por parte del Estado, como simple cooperación de la empresa privada con el bien común. ¿Sirve a un país, aplastar derechos de pequeñas comunidades, y peor aún, burlando la voluntad de un sabio generoso?

SILOS PIEDRACUEVA AZPIROZ C.I. 2.027.875-2

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