Comparativos. Una especialización que será de suma utilidad en el futuro

La tenue diferencia entre escapar de una fiera o evitar un accidente

Entender las bases neuronales del comportamiento humano es el objetivo central de la neuroetología. Nuestro cerebro, como el del resto de los animales, realiza tareas que nos parecen obvias pero son de una complejidad extrema.

Cómo calcular la manera de escapar de un predador o de evitar un choque con el auto que va delante. Ese es el dominó de la neuroetología.

 

De extrema complejidad

Entrevistado por Página 12, el biólogo argentino e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Fcen), Daniel Tomsic, se refiere a la neuroetología como una rama de la neurología que está destinada a estudiar las propiedades del cerebro y a entender las bases neuronales del comportamiento.

Calcular la manera de escapar de un predador o de evitar un choque con el auto que va delante parecen tareas obvias y sencillas pero surgen de reacciones y órdenes neuronales.

Tomsic señala que la salvedad de la neurología con respecto a otras ramas es que se estudia el comportamiento de animales que realmente se observan en la naturaleza.

Es así que se realizan estudios comparativos de comportamiento en seres humanos y animales para conocer el funcionamiento de los cerebros.

El entendido en la materia explica que, por ejemplo, los humanos son capaces de reaccionar y de anticipar el momento de una colisión. «Cuando uno tiene un camión adelante: siempre va regulando cuánto pisa el acelerador y el freno para no chocar. O el tipo que juega al tenis y recibe un saque. Ese saque viene, por ahí, a 200 kilómetros por hora. Pero el tipo es capaz de pegarle a la pelotita y devolverla para el otro lado. Para lograrlo, tiene que haber hecho previamente un cálculo, que debe realizarse en el orden de los milisegundos, o menos aún. Y está basado, fundamentalmente, en la imagen de la pelotita que se viene expandiendo sobre la retina del observador, y a partir de esa expansión, el cerebro hace cálculos de cuánto tiempo falta y se produce la maniobra anticipatoria».

Estimar el tiempo para la colisión también es parte de la conducta de los animales. Los que vuelan, por ejemplo, lo hacen cada vez que tienen que aterrizar. «Desde una paloma hasta una mosca», explica el investigador.

«Momentos antes de aterrizar, la paloma despliega el tren de aterrizaje (sus patas delanteras) luego de haber hecho un cálculo de cuánto le falta para llegar al suelo. Los animales, cuando detectan un predador que se les viene encima, no siempre salen corriendo. Ellos hacen una serie de cálculos y muchas veces prefieren quedarse quietos y pasar desapercibidos. Si el predador se sigue acercando, deciden correr. Muchas de esas decisiones son tomadas en función del análisis de la imagen del predador que se acerca. El interés no es sólo teórico (entender cómo funciona el cerebro), sino también práctico», asegura Tomsic.

 

Poco se sabe

Según la neuróloga Elizabeth Vázquez, coordinadora general de la Cámara de Medicina y Psicología de Tránsito de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev), la neuroetología es una subespecialidad de la neurología, desconocida en nuestro país, que recién se encuentra dando sus primeros pasos en el resto del mundo.

«Los estudios que realiza son hipótesis, muy interesantes por cierto, pero aún no está determinado cuál es el orden que recibe el cerebro que lleva a inducir a la persona a responder y reaccionar a tiempo ante diferentes situaciones», explicó la profesional, quien agregó que esta rama sería de suma utilidad para prevenir los accidentes en el tránsito.

Tomsic establece en Página 12 que las moscas, que vuelan por el medio de todo y no colisionan nunca y, por si fuera poco, evitan de manera muy efectiva nuestros manotazos, no tienen una única manera de calcular los tiempos de reacción. Es poco lo que se sabe sobre su implementación, afirma.

«Se pueden hacer análisis de comportamiento, pero el problema es estudiarlo, después, en un animal que está entero y viviendo (no en una rebanada de cerebro), cómo esas neuronas están computando».

¿Cómo puede ser que en un microchip tan chiquito como el de una mosca se puedan llevar adelante estas tareas de manera tan eficiente? «Si podemos entender cuáles son los principios computacionales que operan en ese cerebro, tal vez el día de mañana podamos utilizar esos principios de cómputos en sistemas artificiales. Si uno pudiera tener un sistema efectivo de cálculo de colisiones sería posible, por ejemplo, hacer que los cinturones de seguridad o los airbags (que ahora se activan en el momento en que chocan) pudieran activarse antes», reveló el especialista.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje