Historia. Curiosidades, anécdotas, evolución tras sus 31 muy uruguayos años

Fiesta de la Nostalgia: una noche que convoca a cientos de miles

Carlos «Charly boy» Laborde empezó a los 15 años a «pasar discos» en bailes. En el primero se armó un lío bárbaro pero pudo preservar su salud y sus equipos.

Desde 1971 a 1999, en que Zum Zum pasó a ser Océano FM, fue disc­jockey en esa famosa boite ubicada al costado del edificio Panamericano. «Desde niño lo mío fue ser disc­jockey. Hasta hoy conservo ese entusiasmo, esa pasión porque la gente baile con la música que yo elijo. Es una sensación, para mí, sin igual». Cuando habla de su vocación, Charly se enciende, rodeado de miles de seriales y películas de las cuales es uno de los principales coleccionistas. Integra una de las páginas «retro» más exitosas del mundo: www.volveralfuturo.com con más de 5.000 entradas diarias y es uruguaya.

 

«Los temas de antes siempre gustaron»

«La Noche de la Nostalgia fue un invento de Pablo Lecueder, que ese año dejaba Panamericana y comenzaba con Radiomundo. Su programa Old Hits justamente se basaba en irradiar todos los días viejos éxitos. Se eligió el 24 de agosto simplemente porque al otro día era feriado y la primer fiesta fue en Lancelot, porque ya Zum Zum tenía todo reservado y Héctor De Armas, que era su propietario, lo mandó allí. Al año siguiente ya se hizo en las dos. Ya al tercer año todo Montevideo presentaba fiestas y bailes de la nostalgia. Aquello explotó. Fue un boom. Aunque hay que decir que los oldhits siempre gustaron mucho y en cada noche se pasaban 30 o 40 minutos como algo normal».

 

«Pasaron 30 años pero muchos temas siguen siendo los mismos»

«Es increíble, pero pasaron 30 años y muchos temas siguen siendo los mismos. En aquella época, los grupos y solistas eran Fundations, Bobby Goldsboro, Elvis Presley, Bill Haley y sus cometas, Chubby Checker, Creedence, Los Plateros, Frank Sinatra, Los Lobos, Scott McKenzie, The Venture, Bee Gees por citar sólo algunos».

­¿Y ya había temas en español?

­Sí y con el paso del tiempo se fue acrecentando. Desde Los Náufragos, Donald, Enanitos Verdes, el rock argentino.

 

Osvaldo Aguirre: «Treinta y  Pico fue un encuentro  permanente de lo nostalgioso»

Se integra a la charla Osvaldo Aguirre, también disc­jockey, junto a Charly desde 1999 en Treinta y Pico hasta hace dos años en que el edificio del local se vendió: «Hoy hacemos fiestas privadas y vamos de aquí para allá, como en este 24 que estamos contratados por un grupo de 80 amigos que alquilaron una chacra y nos contrataron a Gustavo Dupont y a nosotros para ofrecer una gran fiesta, pero sin la multitud de una megafiesta a la cual alguna gente le escapa».

Para Osvaldo «Treinta y Pico» formó parte de la gran historia de Pocitos. Era un encuentro permanente de lo nostalgioso, pero con un sentido de diversión presente. De martes a viernes era pub y los sábados la fiesta ya era más amplia y bailable. También pasaron por allí grandes espectáculos como China Zorrilla, Perciavalle, Donald, entre muchos otros».

 

De la boite a la disco

Aquí Charly y Osvaldo hablan fluida y naturalmente a dúo, conocedores y disfrutadores de una evolución que los mantiene hoy vivos y entusiastas haciendo bailar a todo el mundo.

«La primer boite fue Zum Zum, aunque en realidad fue A Baiuca, que estaba cerca de la Plaza Gomensoro. Ahí sí que no se veía nada. A las boites se iba en pareja, los hombres en los primeros tiempos iban de traje, había mesas, muy poca luz, música lenta en buena parte de la noche. Tenían un halo de mucha intimidad.

Las discos surgen por la necesidad de recibir más gente, por lo que desaparecen las mesas, ya no se va en pareja, la música es mucho más bailable, con más despliegue. El relacionamiento también se vuelve más ocasional, más «touch and go» como se dice ahora.

Sí, es decisivo también todo el fuerte impulso que recibe la música disco con la película «Fiebre de sábado a la noche» que llega cuando la música disco agonizaba.

Revitalizó la vida nocturna y la música, porque grupos como los Stones o Queens hicieron temas muy influidos por la disco».

 

«La nostalgia es algo bien uruguayo»

­¿Por qué creen ustedes que si los éxitos de antes tienen su lugar en los encuentros bailables como en las fiestas privadas, tipo cumpleaños, casamientos, el 24 de agosto genera tanta locura, que todo el mundo parece que si no sale le sale sarpullido?

Los dos siguen contestando a dúo:

­Porque pasó a ser una «fecha patria» valga el atrevimiento. Hay gente que sale todo el año, otros algunas veces, otros una vez: el 24.

El 24 salen todos, es como la fiesta máxima. Incluso en los últimos años sale también la juventud y se mezclan con las otras generaciones. Y eso está muy bueno.

 

«Mujeres disc­jockey hay muy pocas»

­¿Cuál es el extraño poder de hacer bailar a una multitud?

Charly: «Eso justamente es la intuición, el conocimiento, la experiencia, la capacidad del disc­jockey, de captar lo que en ese momento la gente está queriendo».

Osvaldo: «Es lo más difícil, es el gran desafío que se renueva cada noche, porque cada noche el público es distinto, aunque vos sepas que hay ciertos temas con los cuales la gente arranca».

Charly: «a mí me pasó algunas veces que me costó que la gente arrancase. Recuerdo una vez en Buenos Aires, en el Hotel Savoy, había 800 personas y salgo con «Moviestar», un clásico. De 800 salen 50, yo no sabía qué pasaba.

Entonces un colega argentino pone «La balsa» de Los Gatos y sale todo el mundo. Ahí me volvió el alma al cuerpo y seguí con argentinos y luego sí fui pasando música en inglés. Otra vez, en Zum Zum vienen 200 marineros norteamericanos con sus acompañantes. Me costó un poco, pero una vez que descubrí lo que ellos escuchaban en su país, la pista se llenó y no pararon más».

 

­¿Cuáles son los disc­jockeys más importantes de estas décadas?

Osvaldo: «Es imposible acordarse de todos».

Charly: «Sí, aparte que no es lo mismo disc­jockey de pista que de radio. La radio es para escuchar, el de pista tiene que hacer bailar. Son dos cosas distintas».

La lista sale a dúo: Daniel Leal, Ulises Cambre, Lulo, Arthur Martin, Iscar Valdez, Fredy Fernández, Pepe González, Henry Mullins, Alvaro Quartino, Nacho Rius, Elías Turubich, Felipe Díaz, Guillermo Iriondo… y, seguramente, nos olvidamos de varios».

 

­¿No hay mujeres disc­jockeys?

Charly: «Son muy pocas. La primera fue Marianela. Creo que en el mundo es así. Habría que estudiar por qué».

 

«Lo importante sigue siendo el resorte mágico que te impulsa a bailar y no la tecnología»

­¿Cómo ha influido la tecnología, es más fácil ahora?

Osvaldo: «Indudablemente es más fácil ahora, es más práctico en todo sentido. Yo tengo una colección de 10.000 vinilos y los adoro, pero…».

Charly: » Sí, pero en muchas partes se sigue usando el vinilo porque algunos dicen que suena mejor. De todas maneras, lo más importante es el resorte mágico que mueve el disc­jockey y que te mueve a bailar. Esa magia es humana y es lo que vuelve tan fascinante a esta profesión.»

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