LOS BAILES OBREROS EN LA MEMORIA POPULAR
Para afianzar sus lazos fraternos se organizaban coincidiendo con los días de cobro unas reuniones que todos llamaban «los bailes obreros». Por la calle Uruguayana, donde desaparecía la vía del ferrocarril, estaban las fábricas de los Campomar y de Martínez Reina. Muchísimo personal femenino y los escasos varones agradecidos por trabajar ahí. Había una conciencia de clase y esas mujeres se llamaban con orgullo «las fabriqueras». Esas enormes fábricas tenían sus clubes sociales de empleados que además de lo gremial se encargaban de los mentados bailongos populares. Luego de asistir a reuniones donde encendidos oradores reivindicaban los derechos de las mujeres, al final se daba la convocatoria al baile y el ágape fraterno. Esas mujeres llegaban al coqueto saloncito vistosas y maquilladas. Hasta alguna capataza de muy pocas pulgas cambiaba su humor y apariencia para como todos mover el esqueleto al ritmo de milongas y fox-trot. La gente de la Fábrica del Carbón y Sal tenía una hermosa sede social y hasta una canchita futbolera ubicada frente a la Estación Bella Vista. Deporte y luego un bailecito escuchando los discos del Quinteto de Don Roberto Firpo y la Orquesta de Canaro. Por el barrio Nuevo París abundaron curtiembres y fábricas con sus respectivos clubes de obreros y empleados que cada 15 días realizaban sus reuniones de confraternidad con mucha música y las infaltables jarras de clericó. Las gremiales de los Esmaltados SUE y de las curtiembres como la del señor Lanza, también tenían sus bailes obreros. Muy cerca por el barrio Belvedere en la Fábrica de Jabón Primus no se quedaban atrás y de sus laburantes y lindas compañeras nacieron hermosas familias que dieron vida y lindas historias a toda la barriada. Esas reuniones tenían un sistema de funcionamiento que, por ser práctico y sencillo, se repetía en todas las agremiaciones de empleados. Existía una comisión organizadora que administraba los vintenes y especialmente los gastos de la cantina para que nadie se pasara de listo con las copas. Muchas de esas comisiones tenían tanto celo por su tarea que imponían que si alguien traía algún amigo ajeno a la fábrica a los bailes debía responsabilizarse por su conducta. Había un fondo común y cuando se podía se contrataba una orquesta o al menos un trío de piano, viola y bandoneón. Uno de los más requeridos era el músico de la Unión llamado Carusito con su orquesta típica. La Fábrica de Neumáticos de la calle Corrales también se inscribe en esa tradición. Con la diferencia que, cuando los bailes eran a fin de mes, la entrada era libre para todos y llegaban muchos vecinos de la Villa Española y la Unión. Cuando la coqueta playita Capurro se esfumó con la llegada de la Ancap todo el barrio de alborotó. Es que al fundarse el Club Ancap también llegó de nuevo el baile a la barriada, allá en los años 30, en el apogeo del Parque Capurro. Esa tradición de los bailes obreros siguió por toda la ciudad. Con más recuerdos y música los esperamos en la CX 40 Radio Fénix, todos los sábados a las 18 horas.
COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE
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