LA POLÍTICA Y LA INTELIGENCIA

Un axioma popular dice que para poder avanzar en cualquier rubro, lo primero es asumir, después de un diagnostico sincero, que somos, que podemos y sobretodo cuan es la potencialidad de quienes nos rodean y con los que tenemos que lidiar.

En política hay de todo, patriotas, humanistas, progresistas, delincuentes, falsos profetas, coimeros, inmorales y por sobre todo, mentirosos, los últimos con desplantes de grandes señores. En este rubro, hay una variedad muy colorida, por ejemplo: Los profesionales de la mentira, los mentirosos circunstanciales, los mentirosos capaces de sacrificar la verdad a favor de una imagen y los tolerantes de las mentiras que resignan a no combatir las falacias propias de la política.

Todo eso es tolerable, pero lo que no se puede tolerar es el insulto. El insulto a la inteligencia y a la cultura. Un popular senador de un partido tradicional ya fallecido que no doy su nombre por respeto a su memoria, que decía: “En política no es necesario ser culto, es necesario ser inteligente y tener cintura para acomodar el cuerpo a lo que el pueblo quiere creer, que siempre es una utopía, por lo tanto hay que hacerle creer que lo intentamos, pero que no se pudo concretar por las satrapías de los adversarios.

Se dice que somos un pueblo altamente politizado, por eso me cae pesado que un candidato presidencial base su prédica en el menosprecio de la inteligencia del pueblo, y crea que puede hacerle creer que todo lo hecho por el oficialismo carece de valores, que todo lo que hizo el gobierno es poco, errado y malo, pero lo que hicieron los gobiernos históricos, fue maravilloso y por lo tanto debemos darles el poder a sus herederos, aunque no muestren virtudes destacables. Pienso que está muy errado; lo dice la tapa del libro del sentido común.

Reconozco con mucho cariño, que con las limitaciones personales y las presiones del colonialismo siempre latente, hicieron lo que pudieron, pero podían habernos dejado un mejor país, sin tantas limitaciones, pequeño, casi sin nombre propio, producto de la arrogancia de un Lord inglés, que se creía Dios y que tenía derecho a determinar los destinos de un pequeño territorio para servir a su imperio.

Por eso yo les reprocho a los “padres” de la patria, que actuaron en función de los caprichos porteños, españoles, portugueses e ingleses, (solo se salva Artigas), Sé que no era “changa” enfrentar a semejantes monstruos. Pero más debo recriminarles a los políticos que borrachos de soberbia creían que merecían recibir estupendas recompensas por actuaciones no muy “santas” en el panorama social, manejado a favor de los intereses sectoriales.

Por eso me ofenden en el alma que me consideren un estúpido, que pueda votar a quienes dicen y prometen viejas mentiras en que ni ellos creen. Como puedo ayudar a poner en el gobierno a gente de tan infelices criterios, que me tratan como un ignorante y minusválido mental, con todo respeto

A veces con alguna inquietud me pregunto: ¿Cómo puede ser que “cráneos” de la publicidad, técnicos afamados y sociólogos de fuste, etc. hayan ideado tan burda publicidad política? Y no encuentro una repuesta coherente. Como tampoco puedo pensar que sean tontos como para poner en peligro tan importantes intereses económicos, se me ocurren dos opciones: Una con tristeza, que la mayoría de  los uruguayos son lo que ellos creen que somos, y la otra es que confían en las tradiciones de que los ricos siempre ganan, como los millones de ejemplos; los que defiendan a los pobres siempre han perdido y seguirán siendo perdedores. Y a la historia me remito.

Gabriel Segovia – C. I.  813674-6

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