Mateo recomendó "extremar controles" en el INAU
La inversión que hace la sociedad uruguaya en el INAU es muy alta, pero los resultados «son magros, muchas veces paupérrimos», lo que plantea la necesidad de extremar los controles en la institución, con particular exigencia en el cumplimiento de las tareas por parte de aquellos que tienen un rol asignado en esa estructura.
Así dijo ayer el padre Mateo Méndez, entrevistado por Sonia Breccia en el programa «A primera voz,» de 1410 AM LIBRE. En la oportunidad el sacerdote pidió «firmeza en los controles» y también una exigencia muy marcada respecto de todos aquellos que tienen que cumplir una tarea determinada en el organismo, y se refirió también a recientes casos de prostitución de menores, algunos de ellos bajo tutela del INAU, y recomendó «no acostumbrarnos» a ese tipo de desborde.
Desde ese punto de vista, dijo Méndez, quien tiempo atrás se desempeñó como director del Interj, «hay que rehacer, reponer, sustituir, cambiar».
El sacerdote sostuvo que el INAU «se tiene que transformar en una institución sumamente exigente» y puntualizó que «no está trabajando con cosas, sino con personas».
Por eso mismo, precisó, «no hay componenda sindical, política, ni amiguismos» que puedan incidir en el cumplimiento de la tarea porque «el adolescente es lo más importante que tenemos que atender».
Agregó que en esta materia de defensa de los adolescentes «hemos sido lo suficientemente firmes» a efectos de concretar la gestión en resultados que «toda la población necesita».
Consultado sobre el reciente caso de menores involucradas en una red de prostitución en Paysandú, el entrevistado admitió que se trata de una situación que demanda «una mirada bien compleja» y planteó la necesidad de que intervenga la Justicia «en forma exigente, dura y correctiva».
En su opinión el caso puesto al descubierto la semana pasada en Paysandú revela una desvalorización de situaciones a nivel familiar y comunitario, que permite constatar que «de a poco se van perdiendo cosas que antes nos afligían».
«El riesgo que corremos es el de acostumbrarnos a este tipo de noticias», advirtió, así como también dijo que es muy peligroso «aceptar pasivamente todo lo que va sucediendo en el mundo, sin reaccionar y sin buscar caminos más apropiados».
Hizo referencia a «los elementos que nos van a ayudar a achicar todo lo más que se pueda este tipo de situaciones y que nos producen una reacción».
Hay que preguntarse qué hay en la cabeza de la gente, de los adultos, de la sociedad, de la comunidad local, ya se trate de personas que estén trabajando o no con la minoridad y con los adolescentes.
Dijo que esa es una interpelación que necesariamente se tiene que plantear a nivel de todos los centros educativos, escuelas, centros públicos y privados, para sumar esfuerzos y hacer que «esto vaya desapareciendo, sin ninguna clase de contemplación».
En consecuencia pidió la intervención de la Justicia, con toda su capacidad de exigencia, en un tema que involucra a toda la comunidad en sentido amplio.
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