La cuestión de la violencia en los centros de educación
¿Qué está pasando? ¿Por qué? ¿De quién es la responsabilidad? Fueron esas las interrogantes que se planteó LA REPUBLICA antes de salir a recorrer centros de Secundaria y dialogar con vecinos, alumnos, docentes y personal de apoyo para establecer cuáles son las percepciones en esta materia.
Un concepto predomina al cabo de esa ronda de consultas: la culpa no es de nadie. Y eso a pesar de que cada uno de los entrevistados ve el problema de la violencia desde su propia perspectiva.
Las autoridades, particularmente de Secundaria, sostienen que el tema echa raíces en una problemática social mucho más amplia. Para los docentes se trata de falta de condiciones de seguridad.
Los muchachos, los más afectados por todo esto, atribuyen la responsabilidad a factores externos, personas ajenas a los centros de estudio. Los vecinos de los centros de estudio también se muestran afligidos y sus opiniones apuntan a señalar que es en el interior de los propios liceos donde se cuece el caldo de la violencia.
Algunos teóricos de la pedagogía como el español Angel Pérez Gómez, explican que los jóvenes, y particularmente la educación, «están en crisis». Es en su opinión un efecto del posmodernismo que los sumerge en el mundo del mercado.
Haciendo foco a la luz de esta reflexión, se constata un dato que aparece casi siempre que se habla con la gente acerca del impacto de la violencia entre los adolescentes y refiere a la influencia de los medios de comunicación, en particular el efecto de los mensajes consumistas.
LA REPUBLICA dialogó con un grupo de estudiantes del Liceo Nº 14 y esa apreciación cobró forma de manera contundente. Consultados acerca de sus conductas y costumbres los muchachos dijeron: «Las sacamos de los programas argentinos».
Y esas costumbres pasan hoy por subir videos de violencia o sexo a sitios web, práctica cada vez más popular entre los adolescentes. El año pasado varios estudiantes porteños fueron suspendidos por subir imágenes de fuerte contenido sexual y violento a Internet. La mayoría era de colegios privados.
Los medios están siempre presentes en el habla de los jóvenes. «Estoy cansada de que pasen diciendo «¿estás nervioso?» dijo Marita, docente de lengua en un liceo de Canelones, haciendo referencia a la imitación del personaje de Néstor en «Show Match».
Aunque «es preferible eso a que se maten a palos como el año pasado, que se pegaban y se grababan con los celulares».
Celulares protagonistas
Claramente, los celulares forman parte del proceso consumista. Cuando los jóvenes de los liceos 38 y 14 son consultados por qué «se agreden unos a otros», la respuesta dada a LA REPUBLICA es siempre abierta: «no sé», «está de más», «se lo merece».
El hostigamiento entre alumnos, las peleas de barras son cuestiones que también se ponen de manifiesto en el contacto con los profesores. Este año los docentes del Liceo Nº 19 denunciaron que en ese centro algunos estudiantes entraban a molestar con armas. El pedido, en vez de ser interno, se limitó a un reclamo de seguridad externa, como la colocación de rejas perimetrales.
Meses atrás LA REPUBLICA había recorrido la zona. Hoy, luego de los hechos y tras un proceso de educación y concientización por parte de estudiantes y vecinos, se constata que estos se manifiestan conformes sobre el funcionamiento del Liceo Nº 19. Más bien la atribuyen a factores externos. Luis, comerciante de la zona que pidió no ser identificado, consideró: «Los botijas son buenos, pero el problema es de los guachos que joden afuera y que no van al liceo».
Todavía frecuenta la zona una chica cuyo testimonio fuera publicado tiempo atrás por LA REPUBLICA. En aquella ocasión dijo que iba a la puerta del liceo «para joder» y que no le interesaba estudiar. Hoy, cuando se le pregunta «¿estás en la misma?», subraya su afirmación con una sonrisa, entre pícara y avergonzada.
La violencia de todos
Los casos de violencia que generalmente se denuncian son los ocurridos entre estudiantes, y agresiones de estudiantes a docentes. Según pudo constatar LA REPUBLICA, también hay actos de violencia de docentes a estudiantes, que son investigados y menos difundidos que los primeros.
Si bien no son hechos de violencia física, en su gran mayoría hay denuncias por malos tratos verbales.
El año pasado la Federación Nacional de Profesores (Fenapes) denunció un sonado caso de violencia de una directora contra sus alumnos y los propios funcionarios. El sindicato hizo pública la denuncia contra la directora del Liceo Nº 62, Beatriz Simof.
La directora, tras un largo reclamo de los trabajadores, fue removida del cargo. Hoy, Simof se enfrenta en un juicio con los docentes por considerar que fue «ofendida» por dichos de estos a la prensa.
Para Secundaria, la cantidad de hechos de violencia en los centros liceales no es tan significativa como parece, pero sí es «preocupante».
Los resultados divulgados por Secundaria en cuanto a las situaciones de violencia atendidas por el Consejo revelan que en 2008 se encontraron armas en poder de los estudiantes en varias ocasiones. A pesar de eso, no hubo situaciones graves que lamentar. En 2009 se habían encontrado hasta mayo tres estudiantes armados. Hasta entonces, se registraron siete peleas «de entidad». Según Secundaria, en 2008 se encontraron 40 estudiantes que presentan problemas psicoemocionales.
Acciones
Las autoridades de Secundaria explicaron que en este proceso se realizaron varias acciones tendentes a modificar esta situación, tales como la reducción de grupos, la propuesta de efectivizar docentes en un mismo liceo por tiempo indeterminado o la promoción de los espacios de apoyo académico.
Para el consejero de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) Héctor Florit, se ha actuado al respecto de diversas formas.
Recordó que «se abrieron nuevos espacios educativos, el apoyo psicológico, pedagógico y sociológico, o la identificación con el instituto por medio del uso de los uniformes, que han contribuido a mejorar la situación». Florit recordó que la escuela como institución es «sociabilizante». Dijo también que «no se la puede considerar como ajena a la sociedad», aunque precisó que «no es toda la sociedad».
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