CALENDIARIO
17 DE JULIO
1978.- En «Tiempos de dictadura» la historiadora Virginia Martínez cuenta que este día «se edita en Cuba el libro «Pasaporte 11333. Ocho Años con la CIA» de Manuel Hevia Cosculluela, agente infiltrado en la CIA como intolerante antifidelista pero en realidad agente para Cuba.
Mauricio Rosencof, en LA REPUBLICA, dijo en una de sus columnas, sobre Hevia:
«Cuando Uruguay rompe relaciones diplomáticas con Cuba, allá en el 60, se asilan algunos cubanos en la embajada uruguaya en La Habana. Entre ellos, un muchachito que así, en vez de ir para Miami, va para Uruguay. El joven llega acá, no tenía trabajo, era cubano anticastrista, le facilitaron las cosas y entró a la Policía; hizo carrera hasta casi comisario.(…) Era Hevia.
En el sitio web «Memoria Viva» cuenta de la llegada de Daniel Mitrione, con antecedentes en República Dominicana y Brasil, donde creó la llamada por los brasileños «silla del dragón».
Ya en la casa de Malvín, Hevia cuenta que Mitrione, según decía, era un perfeccionista(…). Debía poner un tocadiscos a todo volumen en el sótano, le encantaba la música hawaiana mientras permanecía sentado en la sala, pero satisfecho, pues no logró escuchar nada.
«Las clases comenzaron insinuantes: anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso humano, psicología del prófugo y psicología del detenido, profilaxis social(…) Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros, «bichicomes», así como de una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo, no sé por qué ni para qué, y otra sustancia química. Los cuatro murieron».
Hevia precisa que Mitrione consideraba al interrogatorio un arte complejo. «Primero debía ejecutarse el período de ablandamiento, con los golpes y vejámenes usuales. El objetivo perseguido consistía en humillar al cautivo, hacerle comprender su estado de indefensión, desconectarlo de la realidad. Nada de preguntas, sólo golpes e insultos. Después, golpes en silencio exclusivamente.
Sólo después de todo esto, el interrogatorio. Aquí no debía producirse otro dolor que el causado por el instrumento que se utilizara. Dolor preciso, en el lugar preciso, en la proporción precisa elegida al efecto. Durante la sesión debía evitarse que el sujeto perdiera toda esperanza de vida, pues ello podría llevarlo al empecinamiento. Siempre hay que dejarles una esperanza, una remota luz.
Cuando se logra el objetivo, y yo siempre lo logro, me decía, puede ser oportuno mantener un rato más la sesión o aplicarle otro ablandamiento, pero ya no para extraer información, sino como arma política de advertencia para crear el sano temor a inmiscuirse en actividades disociadoras.
Luego me expresaba cómo, al recibirse un sujeto, lo primero que se hacía era determinar su estado físico, su grado de resistencia mediante un exhaustivo examen médico. Una muerte prematura, subrayaba, significaría el fracaso del técnico.
Otra cuestión importante consistía en saber a ciencia cierta hasta dónde se podía llegar en función de la situación política y de la personalidad del detenido. (…) Es importantísimo saber con antelación si podemos permitirnos el lujo de que el sujeto muera».
¿Para qué seguir?
FELIZ DIARIO
***Nace Margarita Heguy, licenciada en Estudios Internacionales en la ORT, periodista, con presencia en «Subrayado» y ahora en «El Observador».
***Nace Luis Alberto Andriolo Sasso, político del Partido Nacional y el Herrerismo. Diputado por el departamento de Soriano en los períodos 1995-2000 y 2000-2005.
***Nace Mirtha González de Lespiaux, poetisa canaria. También es cuentista.
LO PIENSO, LO DIGO
«El imperativo de no torturar debe ser categórico, no hipotético; la
tortura es un mal absoluto, no relativo; no existen torturas malas o beneficiosas.» SABATO, ERNESTO
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