TIENE LA PALABRA
A IMM y a la Oficina que corresponda
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Agradezco infinitamente la prontitud con que solucionaron la restitución de un cartel de «Ceda el Paso» en la esquina de las calles Blanes y Arenal Grande. Por tratarse de un cruce muy peligroso, urgía su colocación que fue realizada en apenas veinticuatro horas luego de la publicación de mi pedido. Agradezco también por el beneficio que redunda en la ciudadanía tener y contar con una organización como la de vuestra Dirección ya que en otros momentos jamás hubiese sido contestada tan prontamente.
Agradezco también al señor Director ya que gracias a vuestra publicación se restituyó inmediatamente el mencionado cartel de «Ceda el Paso» que había sido quitado de la esquina de Blanes y Arenal Grande, lugar sumamente peligroso dada la cantidad de accidentes ocurridos allí.
Muchas gracias por su amable atención, y abusando de vuestra cordialidad también solicito se publique este agradecimiento.
Sin otro particular le saluda cordialmente
HEBE DA SILVA C.I: 1.934.381-9
La cultura de la derrota
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Me he vuelto a sorprender con las reacciones de los orientales jóvenes y hago referencia a la incidencia futbolística cuando el jugador señor Coates regala la clasificación de Nacional ante Estudiantes. En mi viejo barrio de Jacinto Vera perdías un clásico de barrio y no podías salir a la calle por un mes. Te agarraba un Facio, un Porta, un Lorenzo Barreto, un Enrique Fernández o el mismísimo gallego padre del «Cotorra» Miguez y te hacían trapo. Resulta que ahora se ha elaborado una cultura de la derrota nacional y los perdedores son héroes, el técnico se siente orgulloso y el jugador recibe el aliento incondicional de la torcida.
Como decía el gran Cervantes por boca del Quijote: «cosas veredes Sancho».
En mi propio país me siento un extraño porque estos no son mis compatriotas, estoy más cerca de la torcida colombiana. En este estado de cosas aprovecho para saludarlos atte..
FELIX MOLITERNO
«A las 5 en punto…»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
… un 9 de julio, 36 años atrás, se comenzaba a correr el velo de dos caras bien definidas y desiguales de nuestro país.
Una, la feroz y sangrienta e incipiente dictadura cívico-militar, y la otra, un pueblo que estaba dispuesto a cobrar cara tal ignominia. Y vaya si demostró nuestro pueblo, en el ejemplo de miles y miles de uruguayas y uruguayos, que unido jamás será vencido, más allá de todo el sufrimiento padecido en esos años oscuros que vinieron.
Ese día una manifestación multitudinaria se autoconvocó en las calles de nuestra ciudad capital, y en todas las demás del país, para rechazar de plano las intenciones de un grupo de ciudadanos que tomaron el timón de la República por la fuerza, dejando de lado todos los instrumentos democráticos con que contábamos.
Fue disuelto el Parlamento, cerradas las organizaciones culturales, estudiantiles, musicales, y como no podía ser de otra manera a la organización que nucleaba a la clase obrera (CNT), que con dirigentes firmes y claros en su postura y entregando todo de sí, enfrentaron la dictadura, junto a todos los obreros y obreras en una huelga general con ocupación de instalaciones fabriles, que recordamos como heroica por su solidez y valentía, afrontando a diario la represión y encarcelamiento.
Todo aquel que se pronunciara contrario y alzara la voz defendiendo la democracia, era acallado inmediatamente. Los medios de comunicación (radios, canales de TV, diarios, agencias de noticias) eran digitados para no permitir divulgar lo que estaba acaeciendo. Y si así sucedía eran clausurados, no con meras palabras de un decreto, sino con intervención de las fuerzas represoras, llevando detenidos a quien correspondiera.Y como era de prever, por todos los sucesos acaecidos ese día, tras una represión jamás vista en contra de todo aquello (seres humanos, vehículos particulares y de transporte) que se movilizaban por la zona céntrica, fueron asaltadas las instalaciones de un vocero de la democracia, defensor de las reivindicaciones obreras, estudiantiles, rurales, culturales y demás de nuestro pueblo, el diario «El Popular».
Este hecho ha sido comentado y condenado innumerablemente por diferentes voces. Mas me corresponden las generales de la ley destacarlo, ya que en él trabajaba, juntamente con muchos compañeros y compañeras.
Todo fue premeditado y muy bien planeado. Esperaron que se dispersara la multitud de la manifestación, que la luz diurna se disipara, además de apagar la lumínica de nuestra principal avenida, tras los gases, los palos, las balas, con una tanqueta y una cadena sujeta a una puerta de metal, en la esquina de 18 y Río Branco la sede del diario fue arrasada, y tras ello lanzaron gases lacrimógenos. Con una saña desmedida (puntapiés, golpes de puño, insultos de todo tipo), sin mirar a quien, se la tomaron con todos aquellos que allí estábamos. Por supuesto que ellos defendidos de los gases con mascarillas. Para culminar su «hazaña» nos apostaron en la vereda, de cara a la pared, en toda la extensión que va de Río Branco a Convención, algunos de nosotros en malas condiciones. Una voz de mando ordenó presentar armas, apuntar, y en ese instante decidió enumerarnos uno a uno, llegando la cifra a más de 100, y se arrepintió, o no le dio el coraje para cometer un crimen, que todos esperábamos, ya que la situación era propensa para ello. Luego, como si fuéramos animales, nos fueron apilando en diferentes vehículos y nos trasladaron hasta San José y Yi, para luego, a los compañeros llevarnos al Cilindro, inaugurándolo como cárcel. Las compañeras permanecieron allí.
¿Por qué el relato de estos hechos? A pesar de que pienso que en la vida no podemos dirigir nuestras miradas hacia el pasado permanentemente, existen acontecimientos que deben ser detallados y destacados para que las nuevas generaciones sepan quién es quién en nuestro país. Además pienso que viene bien en estos días en que estamos ante hechos trascendentales en la vida política, y futura. Recordar que un pueblo sin memoria, no puede avanzar hacia un futuro mejor.
Me permito, en el final una evocación entrañable, un recuerdo para todos aquellos que ya no están entre nosotros, y a los que diseminados por el mundo, exilio obligado mediante, pero que estuvieron en los momentos más difíciles unidos, hombro con hombro, enfrentando en cualquier sector del diario las vicisitudes que siempre supimos superar, para mantener en la calle esas páginas imprescindibles para la democracia, para las transformaciones y llegar tras años de lucha a instaurar el primer gobierno progresista, por ello han logrado que los recordáramos por siempre. Salud camaradas.
CARLOS SCOROVICH [email protected]
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